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martes, 19 de enero de 2016

Tecnosofía cero


Hacer fotos debe ser un asunto simple, por lo menos desde mi óptica, a pesar de que estoy claro en que existen ciertas aplicaciones del oficio que son verdaderamente complicadas, al final, cada fotógrafo va organizando su técnica en función de lo que requiere, sistematizándola hasta hacerla sencilla para él, ahora, que los demás lo entiendan es otro asunto.

Hace unos días hablaba con un amigo fotógrafo quien había visto algunas fotos que publiqué en una red social, lo primero que hizo luego de comentar lo mucho que le agradaba mi trabajo y lo que ha cambiado últimamente pasó a preguntarme sobre cual técnica utilizaba yo para lograr mis grises, para serles sincero no entendí la pregunta, tuve que pedirle que me explicase a que se refería, el hombre muy amablemente me hizo una disertación sobre los distintos modos de tratamiento de los archivos RAW o JPG según fulano, sutano o perencejo que al parecer son eminencias en eso del tratamiento digital.

Ciertamente alguna vez escuché al respecto pero hice caso omiso de los consejos que recomendaban hacer tal o cual taller con algunos maestros sobre el retoque fotográfico a fin de mejorar la calidad de mi trabajo, cosa que nunca hice creo que por falta de tiempo o de ganas, a estas alturas ya no importa. Volviendo a la conversación con mi amigo, no tuve más que confesarle mi absoluta ignorancia  respecto al tema de los fulanos métodos para hacer blanco y negro digital, le conté la verdad, que yo procuro que mis archivos estén en perfecto tono de color (cuando menos el que me satisfaga) y luego los paso a blanco y negro en PS (photoshop) , quizás la única cosa “extraordinaria” es que utilizo la lógica del laboratorio químico.

En otras palabras, uso las herramientas de subexponer y sobreexponer para resaltar u ocultar los tonos que me interesan a fin de que la imagen final sea cercana  a lo que mi cerebro dice que debe ser. La verdad al final no es el proceso al que sometan sus archivos, la forma en que utilicen los recursos de la cámara, tampoco los filtros o la calidad de la óptica ni la marca del equipo utilizado tanto para la toma como para la edición del trabajo pues ahora hasta con móviles hacen maravillas.
Lo realmente importante es la forma en que cada fotógrafo utilice los recursos de su equipo para maximizar los resultados, las discusiones tecnosóficas sobran pues si el resultado es óptimo quiere decir que el procedimiento también lo es.

Ahora, como llegamos a nuestra meta, es otro asunto, para eso se necesita mucha práctica, bastante dedicación y un poco de sentido común, lo otro viene con el tiempo y hasta con la madurez, no es raro encontrar con fotógrafos que odien todo su trabajo anterior pues sienten que crecen cada día más, sobre todo porque se van deshaciendo de todos los preceptos de la teosofía del equipo fotográfico, la manía de tener tal o cual marca y la muy mala costumbre de querer deslumbrar a los demás, al final la imagen debe deslumbrar solo a su creador, lo otro es  ganancia.
Profesor José Ramón Briceño, 2016
@plurifotos