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jueves, 29 de diciembre de 2016

La memoria impresa

Truman Capote dijo alguna vez que “…cuando dios te da un don, también te da un látigo y ese es para auto flagelarse” por supuesto eso no va en el sentido de infringirse daño físico alguno ni mucho menos, más bien va en función de hacer que el acto artístico sea un ejercicio de autorreflexión profundo y sin piedad en  eso de la creación en cualquier área, arte sin profundidad es un objeto ornamental sin valor por lo común, tal como un jarrón chino barato y plástico.

Esto viene a colación por un par de cosas que casi nadie parece atender en estos tiempos de bites, nubes, discos duros, cd´s y hasta pendrive baratos, en estos tiempos donde todo parece sufrir de esa noción de lo efímero que espanta. Cada vez que estoy mirando alguna de las excelentes fotografías en las redes me pregunto si el autor guarda eso, ¿cómo lo archiva?,¿sobrevivirá a él su trabajo?, alguna vez pregunto pero la mayoría me habla de discos duros, pc´s, cd´s , mac, pendrive, discos duros , alquiler de nubes o una cuenta de email pero muy pocos me hablan de copias, cajas de conservación, montaje de conservación, impresiones de respaldo ni nada por el estilo, me espanto un poco más pues la razón de todos es que es tanta su producción fotográfica que copiarla sería un derroche de dinero imposible de hacer. Por supuesto, luego de alguna de las respuestas acotadas líneas arriba dejo de preguntar nada y le digo que son muy bonitas sus fotos, pensando en que es una lástima que se muera de mengua junto a su autor.

Es cierto que ahora hacer miles de fotos está al alcance de una tarjeta de memoria con capacidad de cientos de gigabytes que cuesta muy barata de paso y que ciertamente cualquier profesional promedio puede pagar el alquiler de algunos terabytes de nube digital donde tener sus fotos sin que sorpresas por tiempo indeterminado pero hay un contra, sigue siendo sensible a cualquier accidente y desparecer en cuestión de segundos el trabajo de toda una vida, créanme que lo he pasado.

Quizás debamos comenzar con un criterio de selección tan despiadado que podamos hacer como Ansel Adams, solo seleccionar las doce mejores fotos del año y archivarlas, las otras cientos reposaran como “fotos menores” en cuanto soporte podamos tenerlas en digital, así cuando menos solo tendríamos el riesgo de creerle a las fábricas de papel fotográfico que dicen que sus copias duraran cien años, de ser cierto sabemos que nuestro trabajo sobrevivirá a nosotros sin que pueda suceder ningún accidente con ese trabajo, pueden pasar accidentes como un incendio por ejemplo, pero son menos las posibilidades que las de que un hacker te robe la imagen, un virus te queme el disco duro, se caiga el mismo aparato, una subida de tensión, en la nube otro ataque cibernético mató tu cuenta, te quedaste sin trabajo y nunca más pudiste pagar el servicio o peor, te moriste en algún accidente o te dio un infarto pero a nadie le dejaste las claves de nada, también es mucho más factible así que un incendio acabe con tu trabajo en papel.

 Creo que el año nuevo deberían muchos fotógrafos comenzar a hacer sus archivos físicos , a investigar sobre conservación, comenzar a ser extremadamente objetivos, se vale no ser tan drástico como Ansel Adams ni tan dramático como Truman Capote pero invariablemente debemos comenzar a pensar en el legado que se deja atrás, hacer algo que vale la pena igual debe obligar a pensar en dejar tras de sí un compendio de obras que puedan ser referencias para generaciones futuras, puedes verlo hasta de un modo engreído diciendo que le dejas un legado a la humanidad. Más allá de todas las consideraciones creo que todas las imágenes forman parte de la historia y ella merece tener memorias que no respondan a obsolescencias tecnológicas no a cataclismos cotidianos.

Luego verán que hacer con ellas y en el caso de morir sin tenerlo planificado ni esperado pueden contar con que los herederos guarden eso que de algo ha de servir en el futuro cuando como es costumbre todo deje de ser igual que ayer.
José Ramón Briceño, 2016
@plurifotos
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jueves, 10 de noviembre de 2016

La fotografía onanista

Hace poco leía en algún sitio que el maestro Sebastián Salgado dice que eso que vemos en Instagram no es fotografía, imagino que también se pueden incluir en esa categoría las otras redes sociales cuyo atractivo básico es el de compartir imágenes, no me considero ninguna autoridad en el tema, mucho menos delante de una eminencia como ese maestro y otros tantos que se expresan de la misma manera, sin embargo tengo algunas diferencias. Si bien es cierto que la mayoría de esas imágenes son repeticiones casi infinitas de un mismo tema donde lo que cambian son los protagonistas, de tanto lugar común difícilmente se puede sacar alguna cosa interesante.

Como las redes sociales son una herramienta de lo más democrática en ella hay de todo, en ese todo por supuesto no escapan los fotógrafos de oficio, los que se autodenominan “artistas” , esos otros que firman sus imágenes con el pos fijo de “photographer” como si el subtítulo hiciera más interesante su imagen, hay también unos que se hacen pasar por gente seria y otros (esos muy pocos) quienes de vez en cuando sacuden las miradas con portentosas imágenes dignas más de una galería que de un espacio tan común como las redes .

He visto varias veces en Facebook y en twitter quejas amargas de algunos quienes luego de un pormenorizado resumen de un impresionante currículo de formación con grandes maestros , protestan porque alguien le comenta una imagen son un adjetivo tan vulgar como “Brutal”, voy a detallar algunas consideraciones al respecto. En primer lugar si quieres una crítica larga y detallada sobre tu trabajo no publiques en Facebook donde cualquier hijo de vecino te va a comentar cualquier cosa pues su nivel de expresión escrito está circunscrito a su escasa capacidad verbal. Otra cosa es tener claro que tampoco las imágenes son nada del otro jueves, entre esos que se quejan  veo cientos de imágenes en blanco y negro, pero del montón, sin que tuviese más valor que el de haber sido hecha con película ,procesada a mano y por ultimo digitalizada o hacen también apología de un equipo de miles de dólares para justificar tales bodrios.  Roland Barthes decía que lo que importaba era la imagen, no como se había hecho, si la imagen no aporta nada, en verdad hace más en el disco duro y si la cuelgas en algún muro digital pues toca apretar los dientes con lo que se comente sobre ella.

Alguna vez comenté bajo una de esas quejas y el fotógrafo me respondió que él no pretendía ser artista que hacia fotos por una necesidad imperiosa, como respirar. Dejé la conversa hasta ese punto, cuando la respuesta es una evasiva retorica para intentar esconder la vaciedad de su pensamiento , no tiene sentido alguno seguir discutiendo, mejor es pasar a comentar sobre el calor que hace en Groenlandia cada vez que un reno ataca un autobús o cualquier otro tema imposible antes que seguir arando en el mar.

Se vale hacer click por que sientes necesidad de hacer fotos, está bien andar ejercitando el ojo y las habilidades, lo que no tiene sentido es andar mostrando fotos de nada, muy bonitas, en su color perfecto pues son tratadas con los ordenadores de punta, con el software que recomiendan las grandes escuelas, quizás tiene dinero y medios para obviar lo digital para solo trabajar con analógico , todo es posible, lo que no se deberia es hacer de la fotografía un acto onanista, sin sentido y de paso sentirse orgulloso de eso , como si andar por la vida haciendo nada es algo que se deba aplaudir.

Si se consideran profesionales, dictan clases de fotografía, forman fotógrafos para que entren en el mercado, lo mínimo que pueden hacer es ganarse el respeto de sus alumnos mostrando cosas cuyo sentido esté circunscrito a una intencionalidad que va más allá de la vanidad tecnosófica , hacer investigación no mata a nadie, la autocrítica es vital y aunque a veces mata siempre es beneficiosa para su trabajo, la educación visual no acaba luego de las sesiones de clase y las redes sociales obligan a estar continuamente buscando, hurgando donde se pueda para que la psique de quien hace la imagen quede retratada , a menos claro que ese pensamiento sea tan ligero como sus imágenes en cuyo caso retiro parte de lo dicho y les recomendaría dejar de centrarse en la fotografía , retirarse un rato de hacer fotos para voltear la mirada hacia otras formas de expresión e intentar entrarle al tema fotográfico desde otro ángulo a ver si así funciona, la literatura es un buen inicio, además expande la razón hasta otros espacios, eso de ser monotemático mata la imaginación ya que la agota.

Quisiera poder pedir disculpas por ser tan duro en mi razonamiento pero en verdad toca decir algunas cosas de forma directa a ver si con eso reaccionan, repito, no soy ninguna autoridad pero así como muchos docentes atestan las redes con fotos malas sin que uno tenga más remedio que ver la vaciedad de su discurso, creo también tener el derecho de palabra para juzgar desde mi óptica, quizás la molestia de algunos se transforme en el ímpetu que necesitan para revisar-se y lograr un avance cualitativo en lo que se muestra, lo otro pues que siga ocupando espacio en su disco duro, que ahí no molesta .
Profesor José Ramón Briceño, 2016

@jbdiwancomeback
Foto; Josè Briceño  @plurifotos

       


martes, 25 de octubre de 2016

Sobre la originalidad y el arte


Los fotógrafos se clasifican según el segmento comercial al que se dediquen, hay que ganarse la vida de alguna manera, por fortuna somos pocos los que nos dedicamos a la docencia, sin embargo veo con cierta preocupación que hay muchos menos que se preparan para ser docentes pues veo cada vez más (y eso lo repito bastante) fotógrafos con altísimo grado técnico pero pobre trabajo autoral, atados por las cadenas de la tecnosofía. En el caso de los fotógrafos que se dedican a nichos comerciales donde el hecho técnico es algo casi mecánico donde la creatividad está de parte de otros  como los publicistas que le dan un history board al que ceñirse y listo, no hay gran problema, así hay un número más o menos grande de variantes del oficio donde es más importante complacer al cliente que a sí mismo.

El asunto que me incomoda es que muchos se dicen artistas o se esconden tras la cámara para decirse artistas como si utilizar un aparato de esos fuese patente de corso para hacer circo de los lugares comunes, vale, una foto bonita siempre será una foto bonita pero en casi ningún caso será arte, más bien formará parte del inmenso cúmulo de lugares comunes que flotan como basura en las redes sociales o en el caso de los afortunados, en las páginas de hermosos y muy costosos libros exhibidos pero jamás comprados por la misma razón, son imágenes tantas veces vistas que no mueven a ningún comprador.

Parte de la culpa recae sobre nosotros los docentes del área, he escuchado cosas como que si no usas tal o cual software de retoque no eres fotógrafo, que debes tener un ordenador o tampoco aplicas , la cámara ha de ser una de miles de dólares, la perfección , el RAW, el  HDR pero casi nunca oigo hablar del concepto, del trabajo intelectual del fotógrafo (en este caso hay honrosas excepciones debo acotar) , de lo importante de no desconectarse de las otras expresiones del arte , ni siquiera he oído ninguna discusión sobre la originalidad o su ausencia en el trabajo de los noveles o de alguno de los consagrados.

En el caso de lo “original” estoy convencido que eso en estado puro no existe, filosofías aparte somos el producto de tres mil años de historia y cultura que arrastran cosas desde la oscuridad de los primeros tiempos del hombre, en el caso de los venezolanos es hasta más complicado el asunto con aquello del mestizaje que trae en nuestro ADN restos de culturas olvidadas pero cuyos trazos aún perviven en algunas manifestaciones o expresiones del quehacer diario, si a eso le sumamos el cine, la televisión, el internet, la publicidad, la literatura, la pintura, la escultura, los museos y las diferentes percepciones y formas en las que cada grupo familiar ha traducido toda esa información , es impensable que podamos escapar a tales influencias , que dicho sea de paso no son para nada malas, muy al contrario, son una maravilla.

Esa interconexión entre lo que  leemos, vemos, oímos, aprendemos y hasta hablamos que deviene de todo lo hecho, pintado, fotografiado, filmado, escrito o construido , le llamamos “Intertextualidad”. Quizás algún lector se preguntará ¿hacia dónde va este artículo que niega de plano la originalidad para sustituirla con un término tan exótico como la intertextualidad?, la respuesta es sencilla, para buscar ser originales en nuestra propuesta toca investigar bastante, leer mucho, preguntar más, buscar en donde se pueda las referencias posibles sobre trabajos anteriores a ese que queremos hacer, pero en ningún caso para copiarlos, más bien para ubicar puntos coincidentes con nuestra mirada, es decir, en vez de tener una sola influencia marcada deberíamos tener múltiples influencias , tomando cosas de cada uno de los maestros de la imagen.

La parte complicada está en pasar todo ese conocimiento por el tamiz de nuestra mirada personal e impregnarlo todo de nuestra vivencia, lo que acercaría la obra a ser realmente un trabajo cuya aproximación a lo original sea suficiente como para ser considerado arte. He repetido varias veces en otros artículos que ser artista es tener el valor suficiente para andar desnudo en las paredes donde se muestre nuestra obra ,pero como si fuese poco, tenemos que tener la suficiente humildad para reconocer que no somos más que la suma de lo que aprendemos , que mientras más buscamos información así será nuestro trabajo, que ser artista no es una pose, ser fotógrafo tampoco es tener millones en equipo, ser artista tener un trabajo que “obligue” al espectador a ver dos veces nuestra obra, aprender a incluir múltiples códigos en una imagen  para que la decodificación del mensaje también responda a varias interpretaciones sin que la ausencia de los referentes sea impedimento para que cualquier mortal pueda disfrutar el goce estético de admirar tu trabajo.
Articulo patrocinado por Manual de fotografía para principiantes


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Profesor José Ramón Briceño
@plurifotos
Foto: Chema Madoz



martes, 30 de agosto de 2016

Las etapas de un fotógrafo (III y ultima parte)



He tenido la gran suerte de conocer a varios maestros de la fotografía nacional y gracias a las bondades del internet a varios que viven en distintas partes del globo, además de intentar estar al día con las entrevistas o artículos que publican otros tantos, que de vez en cuando me tropiezo en las redes sociales.La parte más interesante del caso es que todos coinciden en nunca hablar de técnica, ni siquiera asoman en la conversación nada parecido a pixeles ni equipos, mucho menos a procesados ni “revelados”, todo se resume siempre a la imagen como centro de su conversación.
 
El contacto con esta gente importante me ha enseñado que una vez superadas todas las trabas que genera el descubrimiento del oficio así como el reconocimiento, ya deja de importar el tema técnico, ese proceso cada quien lo adapta a sus necesidades hasta sentirse cómodo sin importar mucho lo que digan las “autoridades” tecnosóficas sobre el asunto, para comenzar a pensar en cómo lograr llevar el pensamiento hasta plasmarlo en una imagen, los premios y hasta los encargos dejan de importar (por lo menos dejas de decirlo a todo el mundo) pues has caído en cuenta que la imagen es lo único que cuenta , mejor aún, el discurso es al fin de todo tu trabajo , si te dedicas a ser artista y si no pues terminas empeñándote en que tu trabajo conjugue arte, discurso e información en una imagen , como los maestros del siglo XX.

Entre muchas otras cosas a estas alturas deberás sabercuál será la manera en que te ganaras la vida dentro del mundo fotográfico y el hecho de que no llegues a esta etapa con gran conocimiento filosófico tampoco es problema , cada quien se gana la vida como le provoque más allá de las opiniones foráneas, aun pretendiendo ser artista y ganar reconocimiento por las participaciones en salones o premios, ahí nadie te pregunta como hiciste tal o cual foto, la imagen habla por sí misma y los jurados son quienes deciden sin consultar con el fotógrafo . Una cosa curiosa es que en los fotógrafos viejos de los pueblos del interior, esos que algunos llaman despectivamente “foteros” por su nula preparación teórica o estética  sobre el oficio, que además en muchos casos repiten el mismo esquema de su fotografía hasta que la edad los obliga al retiro también pasan por esa suerte de desapego pues entienden que al final lo suyo es ganarse la vida, no andar compitiendo con nadie por ver quién tiene la cámara más grande ni más costosa, la cosa es ganar clientes. Un paralelismo interesante por su parecido a lo que sucede en otros círculos más cultos del universo fotográfico.

Como sé que me leen en otros países debo acotar que en Venezuela (desde donde escribo) la mayor parte de los fotógrafos somos fruto de múltiples talleres, en muchos casos con títulos universitarios en áreas bastante lejanas a la fotografía pues desde hace muy poco tiempo un par de universidades imparten la fotografía como carrera , razón por la cual sigo diciendo que es un oficio más no una profesión , a pesar de que suene a silogismo los profesionales en su mayoría son egresados de cursos y los universitarios son muy pocos para hacer cambios reales en la denominación legal del estatus académico de un fotógrafo, disculpen la digresión del tema pero me parece que aplica hacer la acotación para aclararle a los amigos de otras tierras cómo va el asunto por acá. 

Volviendo al tema fotográfico , la “adultez” fotográfica parece ser una suerte de abandono a la monomanía temática de muchos en los inicios para buscar inspiración en otras áreas, comenzar a pensar en la imagen como parte de un todo y no como la “única” cosa posible en su pensamiento, entender al fin que el producto de nuestra imaginación es todo aquello que pase por nuestro lente , no importa cuánto te ajustes o te quieras ajustar a la “realidad” eso es materia de otra discusión pues al pasar la luz por el filtro de nuestra mirada ya la adaptamos a nuestra visión particular, como mides la luz, el encuadre, la composición y hasta nuestra ideología intervienen directamente en el producto que está almacenado en la tarjeta de memoria de la cámara, eso sin contar lo que sucederá cuando se edite con el software de su preferencia, en lo que la imagen salga de nuestra cámara será una cosa muy parecida a lo que sucedió pero en ningún caso puedes asegurar que es la “realidad” absoluta , entonces (según yo, usted querido lector está invitado a opinar con argumentos por favor) al igual que la literatura, el cine, el teatro, la poesía, la pintura y cualquier otra expresión de la mente humana medianamente preocupada por el asunto estético , la “verdad” es lo último que interesa, al final es el producto lo que importa.

Otra cosa interesante de los fotógrafos que considero han pasado hace rato el umbral de la tecnosofía , es que les interesa muy poco el equipo (se de muchos que trabajan con un teléfono móvil y no le dicen a nadie) solo les interesa la imagen, la internalización de que la fotografía debe tener sentido absoluto dentro de un patrón estético, filosófico y hasta psíquico que atraviesa de manera transversal todo lo aprendido, leído, visto y vivido para terminar mostrándose desnudo en alguna pared , cosa para lo que se necesita bastante valor.

En mi caso pienso que me falta mucho por recorrer y aprender pero debo admitir que hace mucho tiempo dejé de leer sobre técnicas, de buscar cosas en la internet que de paso no podré comprar desde Venezuela cuando menos, hace rato comencé a entender al maestro Wilson Prada y otros amigos cuando hacen hincapié en evitar discutir con nadie sobre técnica, el artista es lo que muestra, no lo que dice hacer.
Prof. José Ramón Briceño
@plurifotos

 



domingo, 14 de agosto de 2016

Las etapas del fotógrafo (II)



En el post anterior hablaba de la primera etapa de un fotógrafo , quizás en mi caso (como en el de muchos) el paso del analógico al digital constituyó todo un nuevo aprendizaje, sobre todo mientras llegaban las réflex a precios accesibles para los venezolanos , sin embargo muchos nos habituamos pronto pues comenzamos a trabajar las réflex digitales tal como utilizábamos las analógicas autofoco , antecesoras de las digitales pues ya traían varios automatismos así como el milagroso autofoco que tanto reverencio pues siempre soñaba con tener un equipo con el que solo me preocupase del encuadre y los cálculos de exposición restando cuando menos ese incomodo momento del enfoque manual, sobre todo porque al disparo número cien ya tocaba trabajar por hiperfocal pues ya mi vista no aguantaba más, por supuesto con las limitaciones propias de la película de 36 exposiciones así como tener al hombro cuando menos dos cámaras para trabajar en color a blanco y negro, cuando no una tercera con película para diapositivas cuando pasé por la ventolera de hacer procesos cruzados de color por mera experimentación.
 
En la segunda fase, ya nos consideramos fotógrafos, para mis inicios muchas discusiones siempre estaban plagadas de químicos, papeles , películas y hasta técnicas de laboratorio, llegando incluso a menospreciar a los fotógrafos que no utilizaban los procesos de laboratorio manual como una suerte de apartheid fotográfico, tal como hoy en día hacen los tecnósofos de los procesos varios que hablan de revelados, RAW, HDR y demás artilugios , mirando por encima del hombro a quienes solo hacen sus imágenes en JPG como si de un blasfemo se tratase. Toca también asomarse un poco a esta manía de algunos en llamarse canonistas, nikonistas, iphoneografos y vaya usted a pensar en cuantos tipos de marcas con sus fanáticos existen.

He descubierto con cierto estupor los otros que también hacen gala de mala educación diciendo a alumnos u otros fotógrafos que si no usan tal o cual tipo de ordenador, tal o cual programa de retoque fotográfico no deberían considerarse profesionales, alegan talleres, cursos, postgrados y maestrías donde otros magna cum laudes en fotografía les aconsejaron trabajar de tal o cual manera y se aferran al ritual como si de dogmas de fe se tratasen.

En mi opinión los procesos son secundarios, al final lo que importa es el resultado (en fotografía claro) , cada quien se amolda a la técnica que mejor le resulte y a partir de ahí comenzar su investigación, la fotografía digital no existe hasta que está impresa o publicada, mientras está en el ordenador o en algún soporte, solamente son bites interpretados por una máquina que además son susceptibles a cualquier cosa que las elimine, Roland Barthes   decía que al espectador solo le importaba la imagen no como estuvo hecha.

Esta segunda etapa podría catalogarla como la del ego, los fotógrafos que están transitando por ahí se reconocen por la cantidad de datos técnicos que dan de su imagen, la descripción de sus equipos, a todos atarugan con historias de como hizo tal o cual foto, de cómo piensa alguna vez hacer tal portafolio. Tengo la impresión de que, sobre todo, están hambrientos de reconocimiento, hacen fotos a diestra y siniestra por el mero placer del disparo e intentan por todos los medios una originalidad que su misma necedad les niega, además de comenzar a abusar de las posibilidades no solo del retoque digital, se vuelven compradores compulsivos (los que pueden) de cuanto aparato les sirva para sus fines fotográficos.

Tal como dije esto no es un crimen, considero nociva esa época , solo para quienes tienen en mente ser artistas en cualquiera de las disciplinas que alcanza la fotografía, hay casos de muchos a quienes ser así les funciona en su vida profesional, pues no siempre intentar darle coherencia o pertinencia a las fotos es necesario, por ejemplo, los publicitarios (menores) que atienden lo que les pide un cliente, algunos de los que hacen bodas y quienes solo les interesa obedecer los designios de la novia sin permitirse dejar algún aporte de su opinión sobre el evento y algunos otros que no voy a nombrar por falta de espacio, incluyendo por supuesto a aquellos que hacen esas espantosas fotos de mujeres embarazadas que se ven en algunos estudios donde igual hacen ese tipo de fotos como las de carnet, pasaporte o cualquier cosa por el estilo donde no importa mucho la profundidad estética si no la cantidad de clientes atendidos por hora.

Quienes me leen de seguro conocen a alguien en ese trance, quizás también se sientan identificados, algunos se sonreirán, otros en cambio quizás no tanto. Esta etapa la vivimos todos en el tránsito de nuestro aprendizaje, es el periplo exactamente posterior a la última etapa. Lamentablemente he conocido muchísimos que jamás superan eso, quizás para intentar palear sus pobres imágenes perfectamente tomadas pero vacías en contenido, pues aún no han entendido que al final lo que interesa es que cada imagen cuente una historia, complete un discurso, diga cosas. Esa ausencia de contenidos le cierra las puertas de galerías, museos, salones y hasta prensa especializada, cosa que los vuelve con el tiempo en gentes realmente incomodas pues para ellos no importa más que la técnica y lo peor es que hasta se rodean de discípulos del evangelio de la nada fotográfica que piensan que eso es solo lo que existe.

La técnica impecable no siempre es sinónimo de calidad, los equipos de última generación, el ordenador más caro, el software de más nueva data o los discursos grandilocuentes sobre la complicada técnica con la que logran tal o cual imagen tampoco los hacen mejores, cuando comprenden que ese no es el camino ya trascienden al otro nivel que considero el óptimo para cualquier fotógrafo, sobre todo los que se consideran artistas o pretenden serlo alguna vez.
Prof. José Briceño
@plurifotos