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miércoles, 29 de octubre de 2025

Vasco Szinetar: El espejo que retrata medio siglo de la fotografía venezolana

 

Hablar de Vasco Szinetar es hablar de medio siglo de la fotografía venezolana, de una mirada que ha sabido convertir el retrato en conversación y la cámara en espejo. Desde su icónica serie Frente al Espejo hasta sus trabajos urbanos, Szinetar ha construido una narrativa visual que documenta la historia íntima del país y el rostro humano de la cultura latinoamericana.

Durante su conversación con Notas Fotográficas, el maestro recordó que “la fotografía es una forma de diario, una reflexión sobre el tiempo y el poder”. En su proyecto Frente al Espejo, el artista no solo se retrata junto a figuras icónicas como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Manuel Cabré, sino que coloca a personajes públicos en un espacio lúdico, despojado de jerarquías, donde el fotógrafo y el retratado se igualan frente al lente.

La memoria como territorio de trabajo

Para Szinetar, la cámara es un instrumento de memoria. “Yo tengo mucha conciencia de lo histórico. A lo largo de 50 años he registrado la vida cultural de América Latina. En mi archivo está la historia íntima de la cultura venezolana”, afirma con convicción.

Ese archivo, que incluye escenas de bares, librerías y encuentros bohemios caraqueños, es una verdadera cartografía emocional del país. En él se mezclan fotógrafos, escritores, artistas y personajes anónimos que dan forma a lo que el maestro llama “la memoria viva de una época”.

Su mirada combina el rigor del documentalista con la sensibilidad del poeta. No en vano, Szinetar comenzó escribiendo poesía a los 15 años y reconoce que ese ejercicio lo ayudó a depurar su lenguaje visual: “La poesía me enseñó a limpiar el discurso, a entender el silencio, que también es palabra”.

Del cine a la fotografía: una narrativa en imágenes

Antes de convertirse en fotógrafo, Szinetar estudió cine en Polonia durante los años 70, en plena Guerra Fría. Esa experiencia marcó su manera de pensar la imagen. “Del cine aprendí la narrativa y la edición fotográfica. En la fotografía el tema no es la imagen en sí, sino el discurso que construyes con ella”, explica.

Esa visión lo distingue como uno de los pocos fotógrafos venezolanos que ha logrado transformar la experiencia del retrato en un diálogo narrativo, donde cada fotografía forma parte de un relato mayor sobre el tiempo, la identidad y la historia.

Un fotógrafo de su tiempo

Aunque muchos lo asocian con la era analógica, Szinetar adoptó lo digital sin nostalgia. “Yo vivo en la contemporaneidad, no en la nostalgia de la tecnología”, afirma. Desde 2008 trabaja completamente en digital y organiza su archivo en la nube, consciente de la importancia de preservar la memoria visual del país.

Su obra, presente en colecciones como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, forma parte del patrimonio visual venezolano. Pero más allá de los reconocimientos, lo que lo define es su mirada curiosa y humana. “Soy una persona que conversa con todos. Cada encuentro es una historia que merece ser contada”, dice con humildad.

Un legado vivo para nuevas generaciones

En tiempos donde las redes sociales se han convertido en vitrinas de imágenes fugaces, la obra de Szinetar recuerda la importancia de mirar más allá del instante. Su legado invita a reflexionar sobre la memoria, la identidad y el arte de retratar al otro para entendernos a nosotros mismos.

“Quiero ser recordado como un historiador de mí mismo y de los otros”, concluye el maestro, reafirmando su lugar como uno de los grandes cronistas visuales de nuestra cultura.

 

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sábado, 5 de abril de 2025

Roberto Mata: Fotografía, enseñanza y memoria desde Venezuela

 En clasesdefoto tenemos el privilegio de compartir una entrevista exclusiva con Roberto Mata, fotógrafo, docente y figura esencial para entender la evolución de la fotografía contemporánea en Venezuela. Fundador del Roberto Mata Taller de Fotografía, una escuela que desde 1993 ha formado a más de 8.000 estudiantes, Mata representa un puente entre  la fotografía editorial , el trabajo publicitario, lo corporativo y la exploración artística .

Nacido en Valencia en 1967, Mata se inició en la fotografía de manera autodidacta en la década de los ochenta. Su carrera profesional comenzó en el periódico El Nacional, donde colaboró en secciones como Pandora, Feriado y Papel Literario. Desde entonces, su mirada ha documentado realidades sociales, retratos íntimos y escenas cotidianas con una sensibilidad que equilibra lo estético y lo narrativo.

De fotógrafo a formador

Uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria es su apuesta decidida por la formación fotográfica. En 1993 fundó en Caracas el Roberto Mata Taller de Fotografía, un espacio que ha marcado a generaciones de fotógrafos venezolanos y que, en 2016, abrió también sede en Miami. Su enfoque pedagógico ha evolucionado con el tiempo, adaptándose a las nuevas tecnologías, a los cambios culturales y, sobre todo, a los retos que enfrentan los fotógrafos en tiempos de crisis y migración.

En nuestra conversación, Mata reflexiona sobre lo que significa enseñar fotografía hoy, y cómo ha cambiado su visión entre 1993 y 2025. También aborda un tema que resuena con fuerza en nuestros días: el papel de la imagen como herramienta de memoria, identidad y conexión humana.

#PídemeUnRetrato: migración y fotografía con propósito

Uno de los proyectos más conmovedores de su obra reciente es #PídemeUnRetrato, una serie fotográfica que reconecta a migrantes venezolanos con sus seres queridos a través del retrato. En tiempos donde la diáspora ha fragmentado familias y comunidades, este trabajo propone un puente visual y emocional, un gesto íntimo que trasciende la distancia geográfica.

Este proyecto no solo confirma su interés por temas sociales, sino que reafirma su convicción de que la fotografía puede ser un vehículo de sanación, denuncia y encuentro.

¿Se puede vivir de la fotografía artística?

En la entrevista abordamos una de las preguntas más frecuentes entre nuestros lectores: ¿Es posible vivir del arte fotográfico? Mata responde con claridad, sin idealismos pero también sin cinismo. Explica los procesos involucrados en la venta de fotografías, la relación con galerías, el mercado del arte, los derechos de autor y, sobre todo, la necesidad de tener una estrategia clara, perseverancia y una voz visual coherente.

Profesionalización, retos y consejos

Roberto también comparte su visión sobre lo que hace falta para profesionalizar aún más la fotografía en Venezuela: políticas culturales, espacios de exhibición, mayor acceso a la formación técnica y legal, y redes de colaboración entre fotógrafos. Además, ofrece valiosos consejos para quienes desean emigrar y ejercer la fotografía en otras latitudes, destacando la importancia de adaptarse a nuevos contextos sin perder la autenticidad.

Algunas preguntas destacadas de la entrevista:

  • ¿Cómo fue tu inicio como fotógrafo?
  • ¿Qué te motivó a fundar tu propia escuela de fotografía?
  • ¿Qué ha cambiado en la forma de enseñar fotografía desde los años 90 hasta hoy?
  • ¿Qué es y cómo nació el proyecto #PídemeUnRetrato?
  • ¿Qué necesitan los fotógrafos venezolanos para vivir de su arte?
  • ¿Cuál es el mayor desafío de los fotógrafos en el siglo XXI?

Mira la entrevista completa

Esta entrevista es una joya para estudiantes, fotógrafos emergentes, docentes, investigadores visuales y todo aquel que cree en el poder transformador de la imagen. Si quieres conocer más sobre la trayectoria de Roberto Mata, su forma de ver el mundo y su aporte a la cultura visual latinoamericana, no te la pierdas.



domingo, 23 de marzo de 2025

Notas fotográficas; una conversación ente amigos con George Castellanos

 

Es normal que luego de 30 años de carrera como fotógrafo uno se deje ganar por el ego y piensa que lo sabe todo alrededor del oficio , o peor, piensa que la mecánica del oficio es la misma en todos los rincones del planeta, en esta conversación que tuve en vivo por mi canal de Instagram y que ahora acabo de montar en YouTube para que esté al alcance de todo, no solo he descubierto que se muy poco, también que hay un universo de cosas que ignoro y que además son básicas para los fotógrafos y aspirantes a fotógrafos de Latinoamérica , solo porque compartimos el mismo idioma.

En esta grata conversación que tuve con mi compatriota George Castellanos quien nos cuenta desde sus inicios allá en su San Cristóbal natal (estado Táchira) hasta su actual trabajo con diversas agencias de noticias con quienes comenzó a colaborar en Venezuela y con quienes sigue teniendo relación laboral en su exilio, también nos hace algunas aclaratorias sobre lo necesario para poder vivir de la fotografía en Europa, que por cierto es absolutamente distinto a como lo hacemos acá en Venezuela, les dejo abajo una sinopsis de la Carrera de George Castellanos y los invito a ver la entrevista de una hora sin desperdicio en mi canal de YouTube que les dejar al final del texto.

George Castellanos o las aventuras de un Fotoperiodista venezolano en Europa

Con más de 20 años de experiencia, este fotoperiodista venezolano radicado en Portugal ha documentado noticias, deportes y eventos globales con un enfoque visual impactante. Su trabajo ha sido publicado en prestigiosas agencias internacionales como Agence France-Presse (AFP), EFE y Associated Press (AP), así como en plataformas de renombre como Getty Images y NurPhoto.

Especializado en fotografía documental y periodismo gráfico, ha sido clave en la cobertura de eventos de alto impacto para medios globales. Actualmente, colabora con Nikon España y la plataforma Nikonistas, donde prueba equipos en condiciones extremas y comparte análisis técnicos sobre fotografía de naturaleza y documental.

Además de su labor profesional, es miembro del Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela y la Comisión Profesional de Periodistas Portugueses. Su experiencia incluye el manejo avanzado de cámaras, drones y herramientas audiovisuales para la producción de contenido informativo de calidad.

Desde agencias como SO-PA Images hasta su rol como videoperiodista en Al Jazeera, ha demostrado una capacidad excepcional para narrar historias visuales con profundidad y autenticidad. Su formación en el Instituto Portugués de Fotografía (IPF) complementa su experticia técnica, consolidándolo como un referente en el fotoperiodismo contemporáneo.

Si te apasiona la fotografía documental, el fotoperiodismo y las pruebas de equipo en condiciones extremas, ¡suscríbete para conocer más sobre su trayectoria y consejos fotográficos!

Toca la imagen para ir directo al Video








 

sábado, 4 de enero de 2025

La intención comunicativa, la fotografía y otras ausencias virales

 

Debo admitir que el fenómeno “Hate” me encanta pues (al menos en mi caso) a alguien le incomodó mi texto lo suficiente como para moverlo a protestar, eso por lo general desata muchos otros comentarios, lo que sabemos alebresta al algoritmo haciendo que mi texto comience a ver luz entre detractores y defensores, el tema que vengo a tocar hoy tiene bastante potencial como para desatar una batalla campal. Antes de proseguir con el tema voy a aclarar que no tengo en absoluto ningún problema con las expresiones folclóricas ni mucho menos con mis compatriotas ni por su música, estilo de vida ni atuendos festivos o no, con esto en claro comienzo mi disertación.

Poesía e intención

Hace unos cuatro meses envié una fotografía para que participase en un Salón Nacional de Arte en mi país (Venezuela), una de esas imágenes donde mensaje y estética se opacan entre sí, como todos sabemos en este país hay una censura bastante fuerte con respecto a cualquier cosa que contraríe a la propaganda oficial. La fotografía titulada “Retrato de un Náufrago es una escena muy normal en ciertas zonas de Caracas donde los mendigos hacen nido en cualquier calle medianamente segura y se echan a dormir, incluso tienen cobija y colchonetas que esconden en las cornisas de algunos edificios viejos o en los techos de los kioscos, obviamente un mendigo no tiene cabida en un salón nacional, tanto menos fotografiado en Caracas, la verdad es que como me gusta mucho la imagen y transformé un mendigo en un náufrago, una forma muy poética de comenzar a retratar no solo a los seres invisibles que pululan mendigando o comiendo de la basura en la capital, significa también una reflexión en torno a como terminó allí, ¿Qué tan horrible era su vida que ser mendigo lo hace mucho más feliz?, ¿Qué tan mal lo trató la economía?, ¿Cuánto vicio mal orientado lo lanzó a malvivir por las calles?, ¿seria un paciente psiquiátrico cuya depresión se salió de madres y terminó allí gracias a su miseria?, todas las preguntas son posibles y existen infinidad de respuestas casi automáticas, como eso del rechazo al indigente, pero a mi me interesa mucho verlos como un recordatorio de poder terminar así en cualquier momento y por cualquier cosa, vaya que desde el 2020 cualquier cosa puede pasar incluyendo la necesidad de terminar de mendigo sin tener más culpa que ser víctima de las circunstancias.

Aun con todo el posible (y factible) contenido político que carga en esa imagen, adjetivar al retratado como un náufrago le permite (como la buena poesía) expresarse del modo que le provoque al espectador, recordemos que una vez la foto (pintura, escultura, poesía, literatura y todas las artes en general) la decodificación y posterior traducción de esa imagen en el cerebro de los espectadores ya no es problema del autor, todas las interpretaciones son válidas y por tanto la única forma de hacerlas acercarse es precisamente valerse de todos los recursos a tu alcance para poder tener chances para lograr que ese espectador valide la intención comunicativa del autor, un fenómeno que puede ser incluso inconsciente, el cerebro tiene la nece4sidad de dar marco lógico a todo lo que ve, no todo pasa por el consciente , la mayoría de las veces el subconsciente absorbe el discurso real y lo permea hasta el consciente, todos hemos visto alguna cosa que nos perturba y solo nos tranquilizamos cuando le encontramos una explicación.

La comunicación que no se ve

Veo con profunda preocupación como los fotógrafos jóvenes (en su mayoría) de Venezuela están empeñados en hacer un catalogo de vistas venezolanas , paisajes hermosos, Diablos Danzantes, gente de los Andes, niños, viejitas, playas azules con paisajes de ensueño, todas maravillosas pero totalmente carentes de intención comunicativa. Me niego a creer que nadie se ha dado cuenta lo vuelto loco que se ha vuelto el mundo, no entiendo como no hay al menos cien portafolios de como los venezolanos ven el mundo que les ha tocado migrar, por cual razón no me he tropezado con alguien que retrate la “realidad” de cuanto ha cambiado el país en 10 años, ¿Cómo es eso de que no hay nada que los moleste?, ¿Qué es eso de tener que ser literal para decir algo importante?

Temas fotográficos hay a montón, si lo que venden son fotos de los Diablos danzantes esfuércense también para hacer un portafolio que cuente quienes son los diablos danzantes cuando no es Corpus Christi, ¿de que viven?,¿qué comen?, ¿por qué son Diablos? Y así un montón de preguntas que quedan sin respuesta, que además le darían sustento a la memoria visual del país, no importa de que vivas, creo que podrías ser más relevante que un día en vez de fotografiar lo que hay, prefieras mostrar lo que ves, de eso se trata el arte, de hacerse peguntas y buscar respuestas con la maravillosa ventaja de no estar atados a la realidad, eso nos permite hace pasar a la realidad como una visión bastante particular, tanto para hacer resistencia  como para proclamar tu opinión sobre cualquier tema, quizás sea un sesgo profesional pero lo que no entiendo no lo retrato, aunque se puede dar el caso de comenzar a buscar una respuesta sin tener idea de cual realmente es la pregunta.

Repito, si lo que vendes son paisajes y te van maravillosamente no tengo ningún problema, ahora, que todos hagan paisajes y escenas folclóricas maravillosamente encuadradas, reveladas magistralmente, un trabajo que raya en lo perfecto si lo ponemos en términos técnicos pero vacías de contenido pues no responden a ninguna pregunta, tampoco expresan alguna idea, mucho menos se cuestiona el entorno, volviendo a la fotografía un símil del reguetón, muy pegajoso pero de nulo contenido intelectual.  

Fotografía e intelectualidad

Ser fotógrafo es también formar parte de la intelectualidad de un país, un intelectual no es aquel que sabe mucho (o presume de ello) un intelectual se hace muchas preguntas, para ellos todo debe tener una explicación y en esa búsqueda la necesidad de compartir su visión se hace obligatoria, quizás el trabajo no sea para hacerse influencer (otra vez la cultura al estilo reguetón) pero si para dejar constancia de las dudas que te abruman y eso va del amor al odio, todas esas dudas aplican y el mundo está lleno de señales para comenzar a buscar la respuesta, pero solo funcionan cuando el artista comienza a usar la estética como disfraz para evitar las miradas indiscretas, una suerte de lenguaje de masas donde la poesía se ha transformado en lenguaje para iniciados. Hablemos de un ejemplo práctico , cuando era un muchacho no había fiesta en mi país que no pusiera en la pista de baile “Burbujas de amor” del maestro Juan Luis Guerra quien de modo tan elegante (y tropicalmente alegre) ponía a bailar a la gente con un poema erótico de alto voltaje , y cito “Quisiera ser un pez/Para tocar mi nariz en tu pecera/Y hacer burbujas de amor por dondequiera, oh-oh-oh/Pasar la noche en vela/Mojado en ti” una evidente alegoría al sexo oral que podría decirse con menos palabras pero jamás con más elegancia , sobre todo para una canción que estuvo de moda en un país donde habían cerrado una televisora por cinco minutos de porno a media noche.

Como encontrar el camino

Volviendo al tema y conociendo de primera mano la dificultad de llegar hasta la imagen estéticamente correcta pero con intención comunicativa lo único que puedo recomendar aparte de lo evidente; lean, vean buenas películas, investiguen sobre  la obra de los maestros, busquen sus historias, lean critica estética, mucha ficción además, tómense un momento de cualquier día o noche y hagan una lista de los temas que los perturben, atemoricen, que les encante o que odien , escojan uno y en papel hagan una descripción de como harían para contar esa historia en imágenes, que necesitan, donde deberían ir, como la procesarían, piensen que le están mostrando la foto al peor de sus críticos , sean los más despiadados críticos de su obra, busquen el tono discursivo, si lo harían en forma de chiste, fotonovela, urbano, en color, blanco y negro, alto contraste recodando que solo tienen la imagen y su título para dar al espectador un acercamiento a su intención comunicativa, un ejercicio perfecto para comenzar a buscar una formula que les permita dejar fluir su idea, claro, eso necesita una cuota de valentía, pararse y decir lo que sea, sin importar lo que otros opinen es un acto de valor que aplica para todo, sobre todo en esta época de algoritmos y viralidades.

Empecemos por dejar de hacer fotos venezolanistas para hacer fotos venezolanas, con una intención comunicativa tan particular como nuestro gentilicio e historia, mientras no lleguemos allí seguiremos siendo unos excelentes técnico de historias vacías que tienden a repetirse con escasas variaciones en la mirada de muchos.

Profesor José Ramón Briceño Diwan

04/01/2025

 


martes, 23 de mayo de 2023

Descolonización y el camino hacia la fotografía Venezolana

 

Uno de los asuntos más interesantes de la literatura es que puede asumir las voces de cualquier parte del mundo sin que entre en conflicto nadie por ello, siendo un ejercicio complicado el de hilvanar palabras de modo tal que pueda ser entendido por la mayor cantidad de hablantes del idioma sin fracturar las normas de la ortografía ni hacer panfletos, quizás por eso la literatura venezolana puede ser identificada sin mayor problema y lo mejor, sin desmedro a su contenido, algo que aplaudo cada vez que me tropiezo alguna novela insigne escrita por un compatriota.

Con la fotografía pasa algo distinto, aunque aleguen todos que el oficio es ejercido por venezolanos, es complicado diferenciar una foto hecha por un compatriota en su propia tierra a la de cualquier foráneo que se proponga a hacer algún trabajo fotográfico de cualquier evento, región, celebración o fiesta , ambas partes de la ecuación sufren del mismo mal, la falta de conocimiento profundo del tema abordado, eso no quiere decir que el fotógrafo pueda no haber estudiado el fenómeno desde todas las bibliografías posibles, investigado en cuanta tesis antropológica, sociológica , psicológica, historiográfica o arquitectónica que se le presente, es que el conocimiento vivencial profundo faltará siempre, nunca será lo mismo investigar a profundidad las festividades de San Juan Bautista en la costa aragüeña y hacer un par de visitas cada año durante cinco años a vivir en Ocumare de la Costa desde el nacimiento y tener acceso a todo el proceso que se da desde la mañana misma del 24 de Junio hasta la misma fecha el año entrante, tras de la parranda hay toda una liturgia y un modo de pensamiento mágico que queda por fuera, además, en cada una de las zonas de la costa aragüeña el proceso es notoriamente distinto, así que un visitante foráneo podrá hacer imágenes espectaculares pero como todo, terminan siendo postales .

Asunto distinto que  sucede con las fotos de las ciudades, todos los habitantes de las urbes conocen como funcionan, saben dónde hay problemas, la mejor hora para la foto, sus particularidades y hasta el modo en que se relacionan sus habitantes, toda esta suma de conocimientos, dada por la costumbre de caminar por esas calles y el roce diario con su realidad es lo que genera imágenes con profundidad, en estos tiempos podría hablarse que la fotografía venezolana es un producto únicamente urbano, aunque poco estudiado precisamente por ser un fenómeno cotidiano. Esta particularidad parece escapar a los interesados en el desarrollo cultural, que por alguna razón hacen hincapié en un término tan incómodo como particularmente necio de la “descolonización” como una estrategia para lograr el fin de tener una “fotografía venezolana” sin ver que esa fórmula sigue generando una fotografía venezolanista, plena de lugares comunes, paisajes hermosos pero sosos, seguimos con los mismos temas, diablos, santeros, tambores, joroperos, paisajes marinos , llaneros o de montaña, no importa, son solo postales hermosas que adornan paredes pero no aportan nada al conocimiento de la diversidad, eso sucede porque por muy interesados que estemos todos en nuestro país, no tenemos una conexión real con las diferentes expresiones de la venezolanidad.

Antes de entrar a hacer la crítica formal, debemos erradicar la necia premisa de que Venezuela es una sola, aunque la unidad territorial esté plasmada en un mapa, tenemos gran diversidad de gentilicios, usos y costumbres que diferencian a cada ciudad, pueblo o región del país, tanto en eso que llamamos ciudadanía como en gastronomía, religión y hasta interacción social, asuntos tan normales para un central como lo es la administración del tiempo poco importan a un ciudadano margariteño, el territorio andino no tiene nada que ver con la costa aragüeña o la selva del estado bolívar , cada región tiene particularidades que solo sus habitantes conocen en profundidad, mientras esas particularidades no sean asumidas con orgullo no hay chance para una fotografía venezolana, por tanto hablar de descolonización es un absurdo, al menos desde la óptica de quienes asumen la visión política por encima de la lógica del artista.

Alguna vez hice méritos como fotógrafo documental haciendo registro de las fiestas de San Juan o los Diablos Danzantes en Aragua, muchos viajes hasta las playas para ver y fotografiar esos festejos, asunto que ahora no puedo hacer por las ausencias económicas , pero en todo caso y luego de mucho reflexionar me he dado cuenta que mi propia historia familiar me llevó hasta allí , desde niño tuve una conexión con la costa y sus milagros porque desde que tuve uso de razón fui marinero en la embarcación paterna , un peñero donde pasé la mayor parte de mi infancia, conocí el oficio de pescador desde muy pequeño y de alguna manera fui imbuido por el espíritu de la zona, veintitrés años más tarde gané un par de premios con fotografías tomadas en aquellos territorios, todo por el conocimiento que tenía del espacio y de su gentilicio, llegando incluso a tener un fugaz momento de gloria en la Bienal Nacional de Fotografía del año 2006 con una imagen tomada precisamente en una fiesta de San Juan, no porque fuese un genio de la fotografía en plan de renovar la visión nacional, solo era un fotógrafo que conocía el espacio por ser (casi) un local en aquel festejo donde todos los fotógrafos éramos turistas.

¿Cómo lograr una fotografía venezolana y no venezolanista?

No es fácil, simple ni rápida la solución, si queremos que en Venezuela comiencen a darse los frutos no deberíamos hablar de descolonización, sobre todo en tiempos de redes sociales donde la estética visual está gobernada por las redes sociales y el internet, con el bombardeo constante de estéticas que muchas veces no corresponden a  nuestra cotidianidad caribe, si a eso le sumamos que mi generación aprendió el oficio de los grandes de la época que a su vez estudiaron fuera , en mi caso particular y a pesar de haber sido estudiante pobre de una escuela pública (Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios de Maracay) mi profesor de fotografía era un egresado de la Universidad de Nueva York  y así todas las generaciones anteriores hicieron sus estudios bien en el extranjero o basados en otros textos (oh sorpresa) también hechos en el extranjeros por muy sesudos antropólogos, sociólogos, licenciados (o PhD.) formados fuera del país, solo a partir de los años noventa comenzamos a ver docentes formados íntegramente en Venezuela, actualmente es así pero con alumnos intoxicados por toda la estética de las redes, un asunto complicado por donde lo veamos.

En todo caso la solución no es solo hacer difusión de la fotografía nacional en galerías y museos tanto físicos como virtuales, también en comenzar a impulsar iniciativas locales, por ejemplo, en mi estado natal solo hay escuelas de fotografía en la capital, desatendiendo zonas como la costa y el sur, tan ricas en tradiciones y con una visión de mundo totalmente distinta a la de Maracay, aun siendo tan aragüeñas como ella misma, si los mismos habitantes de sus zonas comienzan a ver su mundo a través del lente, sumando no solo el arraigo si no también su molestia, amor, desamor , hastío, reverencia, necesidad de registro y pertenencia histórica, seguiremos persiguiendo el sueño de la fotografía nacional como un perro que se persigue la cola, todo muy bonito en discursos rimbombantes  para disfrazar la muy culta ignorancia ministerial que además comparten los impulsores de ideas descabelladas con fórmulas simplistas que creen que por publicar el ritual de Maria Lionza  ya se han ganado un pase al cielo de la descolonización pero siguen con el tema de la generación de postales.

Hasta que los fotógrafos no comiencen a generar reflexiones visuales basadas en el conocimiento profundo y vivencial de su entorno, la fotografía venezolana no dejará su carácter tutelar, intentar “descolonizar” sin permitir que los conceptos globalizados pasen por el tamiz del ideario local, reconociendo en primer lugar la diversidad de pensamiento, credo y costumbres de cada región del país, olvidando la necedad de pensar que lo único venezolano está basado en el dicterio ministerial, no habrá chance, pero para eso hace falta presupuesto, interés y trabajo por décadas , hasta donde sé, nadie reúne esas condiciones.

Profesor José Ramón Briceño Diwan

23/05/2023

 


viernes, 2 de marzo de 2018

Historias en Blanco y Negro, una exposición de fotografos venezolanos en Cancun





No es un secreto para nadie la situación de Venezuela, tampoco que ésta haya  obligado a muchos de mis paisanos a exiliarse por todo el mundo, aunque el fenomeno no es totalmente nuevo pues esto de los exilios voluntarios han sido algo constante desde hace algunos años, en estos ultimos 24 meses se ha vuelto algo masivo por todas las fronteras y de todas las maneras posibles, sin embargo no todo es trágico, los exiliados poco a poco se han ido agrupando en pos de hacer un esfuerzo común que beneficie a los compatriotas que han comenzado desde cero en otras tierras. Hoy tengo el placer de presentar en mi blog la iniciativa de un puñado de emprendedores que con el apoyo de la Casa Club Venezuela en Cancun (México) han lohgrado tener un espacio propio en aquella locación donde mostrar su trabajo de manera colectiva, aunque esta es la segunda ocasión de tal evento, es la primera vez que lo presento en mis redes



El 25 de febrero del 2018 se Inauguró en la ciudad de Cancun, la muestra de fotografía “Historias en Blanco y Negro”,  la misma fue realizada por fotógrafos venezolanos residenciados en la Riviera Maya  en La Casa Club Venezuela. Fue coordinada por Beatriz Nones  con la participación de fotógrafos profesionales y amateurs con la intención de motrar el trabajo de los venezolanos residentes  en esta hermosa zona del sur Mexicano.  Los participantes son: Agustín Ascanio, Beatriz Nones, Cesar Marchan, Diego Castaño, Elena Negrette, Hailing  Rodríguez, Juliana Pimentel, Mario Arbeláez y Vanessa Francisco. Esta es la segunda vez (La primera fue en el año 2017)  que sucede este evento en Cancún ,  ésta vez la convocatoria fue de imágenes  con formato y tema libre pero todas  en Blanco y negro. La Casa Club Venezuela está dirigida por la Sra Lizz Marilyn Torres Leal , quien ha logrado juntar a los venezolanos residentes promoviendo actividades de todo tipo según  las inquietudes y necesidades de esta comunidad en la península de Yucatán. Se manejan chats de grupos por whatsaap y ahora tiene su pag web casa club Venezuela . La actual sede se está vendiendo, el objeto de tal venta no es más que  para mudarse a una más adecuada donde ofrecer una gama más amplia de servicios debido al crecimiento de la  población venezolana en la zona.
José Ramón Briceño
@plurifotos
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