jueves, 12 de noviembre de 2020

Reflexión fotográfica

 


Hace poco fui invitado a discutir sobre fotografía por un grupo de WhatsApp, al principio la dinámica me chocó porque estoy acostumbrado a las discusiones de viva voz y regadas con algún alcohol, así que utilizar el teléfono es algo a lo que tengo que acostumbrarme, por otra parte mi senil IPhone no permite grabar mensajes de más de 10 segundos de duración (si alguien sabe cómo alargarlo por favor dígame), la pregunta más difícil que se hizo en el grupo fue ¿Qué es la fotografía? Y la otra demoledora ¿Qué puedes aportar a estos nuevos  movimientos?, por un momento me sentí un personaje de Bolaños en “Los detectives salvajes” que con su primera frase hace que caigas rendido ante la sorpresa  “He sido invitado a formar parte del realismo visceral por supuesto, he aceptado”. El grupo de amigos es de vieja data, son personas que conozco desde hace  al menos veinte años y son gente curiosa además de inteligentes, suficientes méritos para que cualquier iniciativa valga la pena, sobre todo en este intento de revivir las conversas que sosteníamos hace muchos años, solo que ahora van blindadas por la academia pues nadie rebate sin haberse documentado antes, todos con renombre en sus respectivas áreas y lo mejor es que son personas que se han obligado a replantear los conceptos en base a la necesidad de evolucionar.

Las dos interrogantes propuestas son interesantes, comenzaré por intentar responder ¿Qué es la fotografía? , siento que hay una respuesta tan universal como insuficiente, puedo decir que la es un proceso fotosensible mediante el cual copiamos la luz para convertirla en imágenes que compartiremos de alguna manera, aunque es tan insuficiente como intentar explicar el amor solo como una cadena química, dejando en el olvido diez mil años de poesía por rendirnos ante la certidumbre absoluta de la ciencia. En principio eso es, sin embargo las aplicaciones son las que cambian su significación (más no su significado) , puede ser un medio o un fin, para el fotógrafo de eventos sociales o publicidad, simplemente es una forma de sustento cuyo ingrediente de satisfacción es tener el cliente feliz pues cumplen con sobrados méritos el encargo,  también están los funcionales , esos de foto carnet o cualquier  otra forma destinada a fungir como prueba documental irrebatible previa comprobación, nada, se hace el registro requerido y continuamos porque lo importante es otra cosa, el asunto se pone complicado cuando hablamos del arte, en este casi su funcionalidad cambia por mutarse de un medio a un fin, aunque pudieran confundirse si el artista se gana la vida con su intelecto por lo que nos hacen pasar como imágenes documentales algo que visto en perspectiva se acerca más al ensayo, se aborda un tema desde la arista más lejana y para concluir con algo demoledor, la prueba la podemos encontrar (por ejemplo) en la obra de Brassai que retrató a París de noche haciendo de un documento algo sublime, Cartier-Bresson y su momento justo, en todas sus imágenes ahora icónicas estamos ante la presencia de una toma de posición que nos señala cuan malo es eso que está sucediendo y desde la escala de grises (inexistente en lo natural pues vemos en colores) hace patente la cruda tristeza de una guerra para muchos lejana pero que tomó corporeidad cuando los periódicos publicaban sus relatos apalancados en las imágenes de aquel maestro , en otro ámbito más cercano en el tiempo podría hablar de   Mapplethorpe , que utilizó la fotografía para gritar al mundo cuan rebelde era dentro de su faceta de elección sexual, comenzando por dar cuerpo a una idea , más recientemente y para estar acordes con estos tiempos podemos englobar a quienes hacen eso que llaman StreetPhoto , que retratando sin recurrir a montaje alguno, todo a fuerza de luz y sin los recursos técnicos de las DSLR logran también dar cierto matiz artístico al caos de las ciudades del mundo.

Al plantearse la fotografía como un medio, se me ocurre que deberíamos tratarla como cualquier otro discurso artístico, asumiendo la fotografía una forma de acercamiento al arte, un instrumento para comunicar a través de una composición que  por regla inalterable ha de imitar alguna de las formas en que vemos el mundo por nuestros ojos, como herramienta para sublimar la realidad hasta desdibujarla bajo la patente de corso que hace pasar la ficción como parte de algo probable, cada vez que hacemos click, inventamos ficción, cada vez que alteramos los controles de la cámara (la que sea), desde escoger la luz perfecta que se puede lograr con el móvil es tan solo tocar la pantalla en el punto preciso, con una réflex es apuntar hacia allí bloqueando la función de medida en el punto exacto donde existe la lectura casi perfecta según el resultado buscado , esto afecta el producto de formas dramáticas que por lo general convienen con lo que del mundo imaginamos, así tenemos potentes cielos azules de este trópico cuando en realidad es tan fuerte que nuestros cerebros ven un campo resplandeciente.

Imaginemos estar en una blanca playa tropical (acá eso es absolutamente normal en cualquier momento del año) a las tres de la tarde, por asuntos de la vida solamente tienes posibilidad de hacer una foto mirando hacia el oeste, tendrías el sol casi de frente, razón por la cual no se pueden admirar correctamente los colores, sin embargo como estás a la sombra eso no importa mucho, hasta que sacas la cámara o el móvil, enseguida el asunto cambia porque el primer impulso es el de buscar como ocultar el sol, entonces mejoras la visión, pero mejor haces un encuadre distinto, quizás en ángulo e inclinando un poco el lente hacia arriba para dar la ilusión de amplitud que un encuadre recto no presentaría, mides entonces tu luz en las nubes que son un tono más intenso que el cielo pero además apenas medio diafragma más blanco que la arena, aparece entonces un cielo azul solo visible a los ojos de la óptica al igual que unas nubes con textura y un mar moviéndose abajo en casi todos sus colores, sin hablar de la gradación de azules que usualmente tiene el horizonte marino, ese del azul pálido en la línea del horizonte hasta el profundo del cenit, lo compartimos por las redes sociales y solo con la combinación de tonos brillantes recopilarás likes de desconocidos que en su mayoría se hacen una idea de tu día en base a su conocimiento que en casi ningún caso se parece a las razones reales de tu viaje al mar, por lo que estamos en presencia de varias ficciones moviéndose juntas, la del color, la composición, el encuadre y la traducción de la imagen a los espectadores, desde el que se tiene que imaginar este clima, el que lo recuerda con cariño, el que lo cree imposible o el que desea conocerlo, todo desemboca en evocaciones o invenciones que hacen agradable la contemplación de esa imagen, por tanto estamos ante el caso de un creador de ficciones, que en vez de escribirlas las recrea.

La fotografía en sí misma es un recurso técnico nada más, así esté impresa, una vez robados los segundos a la realidad, el producto, una vez impreso y desvinculado a su autor, pasa a ser algo impreso que comienza a formar  parte de otro todo que requiere otra discusión para (intentar) ser abordado con alguna posibilidad de éxito, retomando algunos axiomas que usábamos para justificar el gasto de una exposición sin esperanza de ventas, si la foto no está impresa, no existe, el artista es lo que muestra, aunque en estos tiempos eso es discutible gracias a las mil plataformas digitales donde se pueden alojar las imágenes por tiempo indefinido , igualmente mientras no estén impresas son susceptibles de desaparecer en el éter de los archivos borrados por cualquier cosa, desde un apagón súbito que queme los circuitos hasta un virus malicioso que se coma el disco duro, con las copias es más sencillo mantenerlas a resguardo con la posibilidad de ser descubierto alguna vez, en digital una vez borrado desapareces del todo, esta es una posibilidad más cercana que un incendio.

En cuanto a los aportes, eso es problema de la crítica, uno con investigar los procesos, estar en constante investigación, hacer reflexiones sobre nuestro trabajo como si juzgases a tu peor enemigo, sin contemplación ni piedad, para buscar superar la pregunta, generar dudas, mostrar una problemática y jugar con los hitos visuales con el fin de hacer más nutrido el significado de la imagen, donde si una palabra puedas generar múltiples mensajes que pueden tocar cualquier fibra sensible haciendo gala de la ars poética necesaria para hacer, dentro del discurso estético, cualquier planteamiento bajo el esquema que bien le vaya, lo panfletario tiene fecha de caducidad por pertenecer a la propaganda, lo poético se abre a la interpretación, lo que da una amplitud menos mezquina para la función plurisémica que ha de tener toda representación artística, es decir, una composición estética impecable, tanto que no importe mucho que el espectador no informado se rinda ante la imagen, el informado además le otorgará otras formas de interpretación que completen la decodificación que necesita el artista para  sentirse feliz, esa dupla que en lingüística hablaríamos de significado/significante pero que en la imagen precisaríamos como niveles de interpretación semántica , es indispensable para poder hilar mensajes elaborados que llamen a reflexión al espectador, muevan conciencias, haga un aporte discursivo a la larga retórica de la historia siempre  en movimiento.

Haber llegado a finales del siglo XX no me da en ningún caso potestad alguna para pensar que  llegué a la fotografía con más antelación de lo que lo hacen los jóvenes que hoy se inician, quizás me da un poco más de experiencia por aquello del trabajo, sin embargo igual llegué 130 años tarde, si hablo de la perspectiva de hacer aportes a un arte naciente, si lo ponemos en los términos de los fundamentos estéticos de la imagen ya puedo hablar al menos de dos mil años tarde , hacer aportes más allá de lo que existe lo veo complicado, a lo mejor llega alguna luminaria y puede, yo apenas puedo aportar la mirada, de lo otro que se encargue la crítica si es que algún día existo para ellos, si no pues tampoco es que importa tanto, si ya nadie recuerda a los científicos que ganaron el premio Nobel en el año 1978, mucho menos se acordaran del hijo de Thais Diwan muerto en algún momento antes del siglo XXII , bajo esa premisa voy disfrutando de la ruta lo más que puedo. No tiene sentido estresarse por asuntos del ego, una vez que nos desprendemos del lastre que presupone defender una parcela que al final ni siquiera te pertenece, en ese momento, el viaje recién comienza.

Prof. José Ramón Briceño

05/11/2020



miércoles, 4 de noviembre de 2020

La fotografía y el ruido de fondo


Cuando era profesor  preguntaba a mis alumnos cual era la razón por la que hacían fotografías, no eran pocos los que alegaban buscar un medio de expresión, las primeras veces que hice esa pregunta esperaba una respuesta contundente, al poco tiempo desistí de tener expectativa ante la contesta y terminé por volverla parte del ritual del primer día de clases, algo así como las fórmulas de cortesía que uno utiliza con ciertos compañeros de trabajo cuando no hay más opción que ser amable, uno sabe que le interesa muy poco la respuesta sin embargo, con una sonrisa lo más sincera posible hasta contesta con una muestra de interés que de tanto fingir ya parece sincera, eso sucede sobre todo en el caso de los alumnos de universidad, son tantos que no creo que ningún profesor los recuerde a todos, por tanto alegar interés genuino tampoco es muy sincero que digamos.

Por suertes de la vida jamás he podido dar una clase de literatura, la esclavitud de la hoja de vida siempre determina que los contratantes serios se decanten por el área de más conocimiento, al menos según los respaldos que guardo en un maletín bajo mi cama, estoy casi seguro que entre aspirantes a escritores la respuesta ante esa duda sobre las razones por las cuales buscan saber un poco más sobre el oficio sería no solo más sincera, también llevaría el tema de conversa por relatos más interesantes que los expresados por los fotógrafos bisoños, quizás lo peor sea saber que muchas veces los más experimentados sufren del mismo mal. La razón es simple, en la mayoría de los casos son seres visuales que asumen la imagen como un prodigio única y exclusivamente debido al manejo de la luz, los recursos técnicos y hasta los rituales de procesamiento en su computador, como además muchos son alérgicos a la lectura aparentemente les cuesta  asumir que la verdadera imagen no la fabrica la cámara, es un reflejo absoluto de los procesos de pensamiento de su autor, no tener eso claro es como imaginar que un poseedor de una computadora cuántica pueda ser mejor escritor por tener la mejor pc.

Una vez comprobado que el oficio del fotógrafo (al igual que el de escritor) es una suerte de ejercicio que termina por ser la manera menos impúdica de andar desnudo en público, la manera de percibir el oficio cambiaria totalmente, la fotografía hoy parece ser un asunto de tecnósofos consumados que asumen el hecho fotográfico como un malabarismo técnico que les permite utilizar lenguaje de iniciados para impresionar incautos,  sin tener en cuenta que hasta la ausencia de profundidad en el discurso visual es el reflejo fiel de lo que sus deseos, dudas, esperanzas o búsqueda intelectual se cruce por su cerebro al momento de mostrar la imagen, he ahí la razón básica de que nunca queden en ningún salón (competencia artística) importante y si revisan sus currículos solo exponen invitados por amigos o patrocinados por ellos mismos. El asunto reviste alguna complejidad cuando abordamos el tema discursivo desde la teoría pues esta es extensa y tiene una tendencia bastante marcada a complicarse a través de los enrevesados caminos de la explicación de fenómenos tan complejos como el pensamiento, sobre todo cuando estos nacen de un reflejo condicionado por la experiencia, algo así como explicar el amor desde  la óptica filosófico científica de algunos autores.

Filtrar el pensamiento en el trabajo es cuestión de dejarse llevar, comenzar a proponer posturas personales ante los objetos (sujetos, paisajes o cualquier otro motivo) fotográfico, por ejemplo, si el fotógrafo es de esas personas que se sienten incomodas entre desconocidos, tanto más si los eventos son tan emotivos como los matrimonios, difícilmente podrá destacar entre los otros fotógrafos que disfrutan del evento tal como si fuesen participantes y no los empleados de registrar el acto. Mi primer trabajo como fotógrafo fue el de ser asistente de iluminación de un fotógrafo quien tenía tal gusto por los eventos que hasta lagrimas soltaba de vez en cuando llegando incluso a ser víctima de mis burlas reiteradas ante tal actitud ya que jamás he podido emocionarme, de hecho en las fiestas de bodas lo que me interesaba era precisamente eso que no se vende, los borrachos felices, los enamorados de una noche, las expresiones desgarradoramente evidentes de novias incómodas y todo eso que formando parte de la naturaleza de cualquier evento usualmente no se retrata por ser ajeno totalmente a los recuerdos que quieren guardar, muchos años más tarde, una noche de pensamientos introspectivos encendí mi pc para revisar los archivos de bodas pues a pesar de todo trabajo es trabajo y toca ganarse la vida, luego de una revisión descarnada e implacable terminé estando ante unas imágenes bonitas, bien encuadradas, en el color justo, las escenas precisas pero tan frías, distantes, con la misma emoción de una cámara de vigilancia que decidí nunca más fotografiar bodas pues no siendo malas tampoco están a la altura de lo que busco, sentí que estafaba gente.

Sin embargo los fotógrafos que disfrutan de los rituales, esos que supuran romanticismo serán exitosos siempre pues estarán en sintonía con las novias que al final es lo más determinante, lo mismo aplica para otras muchas variantes de la fotografía donde esa impronta de la imaginación otorga pequeñas diferencias que terminan siendo la marca distintiva del éxito en su oficio. En otras áreas más complicadas, como la artística, la libertad es total, no se responde a más canon que la habilidad técnica para resolver los problemas que supone la construcción de la imagen, de hecho la mayoría de los maestros que conozco basan su técnica obviando el asunto tecnosófico pues no están interesados en hacer malabares, simplemente se contentan con que su visión esté fielmente retratada y listo, tanto así que jamás he escuchado a ninguno hablando de Raw, filtros digitales, plugins de Photoshop, la maravilla de Ligthroom ni nada por el estilo, la cosa es la imagen que lo demás son florituras que sobran, esto permite concentrarse en la visión, dejar que la emoción fluya en esa combinación de obturación , diafragmado, encuadre y enfoque, luego pensar en cómo someter el archivo a la manipulación necesaria hasta lograr una imagen que duplique la mirada imaginada, lo importante en todo caso es intentar contar historias recurriendo a los recursos que  permiten las múltiples posibilidades de la imagen.

La forma más sencilla es buscar explicación a todo, tomar posición sobre los temas, escoger el área donde te sientas más cómodo y sobre todo aprender en profundidad la técnica hasta convertirla en un reflejo condicionado para nunca jamás volver a pensar más que en cómo llenar tu visor con imágenes que cuenten el principio de una historia, dejando a los programas de “revelado” digital la tarea de completar ese discurso, de ningún modo debe estar construido en base a malabares tecnológicos, estos al igual que los software deben apoyar no ser parte del discurso, ese detalle hará de la fotografía un documento visual en vez de ese ruido de fondo que de tan común ya ignoramos.

Prof. José Ramón Briceño

27-08-2020