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viernes, 23 de agosto de 2024

El dilema de ser fotógrafo: ganarse la vida.

 

Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse con él

Truman Capote

Nunca antes en nuestra historia la opinión de los simples mortales como uno tiene tanto valor, aunque es algo cuántico, tal cual un fotógrafo en el experimento de Schrödinger  porque puedes desgañitarte por las redes sociales, nadie respondería pero si obtienes alguna notoriedad enseguida se sumaran amigos y enemigos en una infinidad de diatribas bizantinas muy al estilo de la inquisición española para quienes todos éramos sospechosos y culpables aun demostrando lo contrario, lo que por cierto (creo) es el sueño de muchos.

Desde que comencé a escribir de manera más o menos constante hace ya 18 años según mi blog más viejo, siempre he tenido en cuenta las buenas reseñas y las malas, las primeras acarician mi ego que siempre se siente agradecido cuando no se siente tan solo, el segundo caso sin satisfacerme (a todos nos encanta que nuestras cosas gusten) me agrada pues si se han tomado la molestia de leerme y no les agradó por el tema que fuese, al menos sé que se le removió algo y en cualquier momento reflexionarán , de ahí parte el cambio así que a ellos también les agradezco me contradigan.

En este Newsletter llevo poco tiempo escribiendo y las métricas sin ser ninguna maravilla, tampoco son tan malvadas, si en este universo de millones de posibles lectores me leen mil al mes es más gente que la que me ha escuchado forzada por la circunstancia universitaria al menos en los momentos en que he tenido más estudiantes por semestre, por tanto, considero esos mil lectores un tesoro. Entre esos mil lectores hay hasta exalumnos y no siempre están de acuerdo conmigo, es lo normal, uno de los mayores aprendizajes de la vida está en el rebote, así como me han aceptado en salones importantes también tengo mi larga cuota de rechazos que templan el carácter y te hacen saber que por muy bueno que te consideres en algo, siempre habrá otros mejores que tú o existirán otros tantos que consideren tu trabajo una tontería y eso no es ninguna tragedia, es lo normal.

Hace días escribí sobre lo que consideraba un buen fotógrafo, un exalumno se amoscó totalmente por mi artículo como siempre pienso que cada quien tiene su idea y al final entre ser feliz y tener la razón siempre es preferible ser feliz, total, tampoco es que el mundo va a implosionar si el profesor Briceño desde su PC se arma una pelea innecesaria con uno de sus lectores.

La fotografía es un oficio, comenzando por ahí, por tanto, hay tantas variantes como posibilidades existan, en otros términos si te atrincheras en un solo nicho, digamos que los productos de tocador, solamente fotografías cosméticos de uso masculino para el público tropical, para ello te armas toda una estrategia de marketing, email marketing y hasta te inventas una marca ficticia para mostrar a los posibles clientes la maravilla de tu trabajo es factible que puedas ganarte la vida con tu móvil y una cajita de luz con iluminación LED, sin mucho estrés, solamente escoger el nicho que más te vaya bien, todo es ganarse la vida que si además te permite tener una vida holgada con mucho trabajo pues aplausos de pie, igual con cualquier otro género de la fotografía, excepto (siempre hay un pero) si te da por ser “artista” porque ahí el baremo responde a mil detalles que nadie ha podido asir con seguridad, donde puedes tener una técnica impecable pero sin ninguna intención comunicativa (evidente) , también están los que recurren a  los filtros de cualquier APP y siguen cayendo en la necedad de no integrar la intención comunicativa de forma fácilmente legible, ser fotógrafo y no tener mensaje implícito (el que sea) que no necesite una aclaratoria por parte del artista lo exime de cualquier consideración, incluso en algunos casos es el mismo jurado quien no entiende, he visto casos de salones donde un competidor cuya obra no fue tomada en cuenta, la misma pieza fue ganadora en un concurso internacional un año más tarde, ser artista es un drama.

Ser fotógrafo no debe ser un drama

Todo es cuestión de aspiraciones, si es solo ganarse la vida hay todo un mundo ahí afuera donde buscar clientes, una ciencia de marketing bien establecida con herramientas para usarlas en función de tus necesidades, clientes deben haber de sobra , el asunto es encontrarlos y ese es el verdadero trabajo difícil para los fotógrafos contemporáneos que deben batallar con las bajas tarifas, la competencia salvaje que existe entre los nuevos fotógrafos (esos de IA y aparaticos mágicos) , los Smartphone y las herramientas generativas que han reducido sensiblemente los ingresos de quienes antes vivíamos con dos o tres trabajos al mes que daban mucho más que los sueldos de nuestras respectivas profesiones (ser profesor es mal negocio en Venezuela).

La única solución que le veo es hacer marketing dirigido al nicho que se le haga más sencillo a un fotógrafo, siendo el más complicado (a mi opinión) cualquiera que me fuerce a tener interacción social, por eso me encanta ser documentalista porque los documentalistas somos invisibles o al menos debemos hacer el esfuerzo por serlo pues cualquier interacción con el entorno alteras el natural desenvolvimiento de lo que sea estés registrando, sin más interacción social que ser ignorado hasta que destapas la primera cerveza en el bar local y empiezas a conocer gente y con cuatro o cinco cervezas el panorama cambia. La última vez que intenté hacer un registro en un festejo infantil sin cobrar (afortunadamente) terminé gritándole a las señoras y a los niños, en algún momento el caos se desató y vi desde un niño sacándose los mocos de la nariz y barnizando la torta con ellos hasta madres y padres formando parte del caos buscando espacio alrededor de la mesa con la torta, mi paciencia tiene un límite y esa tarde lo conocí, nunca más haré ese tipo de trabajo, dios bendiga a los amigos fotógrafos que se destacan en eso.

Vale, cuando comenzamos a caminar por la senda de la imagen es normal que queramos comernos el mundo, se fotógrafos de la revista Vogue, ser contratado para publicaciones como Ocean drive, quizás jugarte la vida como reportero de guerra en cualquier parte del mundo donde cargar una cámara réflex no te valga ser asaltado por los militares o policías, hacer un blog de viajes y andar por el mundo fotografiando y escribiendo, en fin, ser pare de la glamorosa legión de fotógrafos bien pagados del mundo, hacerte de un nombre para terminar siendo considerado el Cartier Bresson/Robert Cappa/ Sebastián salgado/Robert Mapplethorpe/ Nelson Guarrido/ Luis Brito (y una larga lista de genios ) de tu generación.

En teoría todos tenemos la misma oportunidad de ser émulos de nuestros héroes, sin embargo, la realidad hace otra cosa, nos restringe a las posibilidades que otorgan las variables inmanejables de origen/nacionalidad/crianza/posibilidades económicas/educación y valor, antes de seguir debo hacer un apare sobre el último punto “el valor” , si algo lamento de mi pasado fue no haber sido más previsivo y salir del acuartelamiento voluntario de estar atrapado en una capital de provincias en mi mejor momento como fotógrafo, un tren que pasó y en el que no podré volver a montar, si hay algo indispensable para los fotógrafos talentosos es tener el valor de poner a prueba tus facultades en el espacio idóneo, mientras solo tienes la responsabilidad por ti mismo es el momento de tomar las maletas y buscar otros aires recordando que muy  pocos llegan a ser profetas en su tierra, ya soy un hombre de 52 años y en este momento deben haber al menos diez millones de mejores fotógrafos que yo, aunque no suelto el sueño tampoco me doy mala vida por ello, aunque tengo miles de cosas por agradecer hay otras tanto que tengo que soltar para poder ser feliz.

No hay que ser un maestro

Volviendo al tema, no hay que ser un maestro de la fotografía para ganarse la vida, al final lo que interesa es la opinión de tus clientes que a fin de cuentas son quienes te dan los fondos para honrar los asuntos económicos de todos los días, atrincherarse en un solo nicho y no salirse de ahí, tener un equipo réflex no te hace multitasking dentro del área fotográfica. Si eres fanático de un deporte entrénate con las ligas menores de tu localidad los mejores fotógrafos de cualquier área son aquellos que conocen tan bien su nicho que no se tienen que mover de allí para sobrevivir. el problema de esa estrategia es el tiempo que pasa entre el instante que decides incursionar en un nicho hasta que este comience a dar muestras de vida con contratos regulares, todo tiene su tiempo y su estrategia, el asunto en todo caso es de aguante y trabajo constante que en algún momento explota la burbuja.

En resumen, un buen fotógrafo es aquel que logra ganarse la vida con su oficio, ser un maestro es cuestión de otros factores que no van al caso en este texto, hacer fotos de todo para cualquier cliente es la peor idea que uno puede tener, por muchos años lo intenté por el mismo asunto de las cuentas y fallé, hasta que me di cuenta que lo mío era otra cosa, mucho más complicada, pero al fin de todo es lo que me hace final, ya no quiero ser un maestro, solo con ganarme la vida del modo en que sueño me basta, ahí vamos.

Profesor José Ramón Briceño Diwan

19/08/2024

 


 

 

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martes, 26 de julio de 2022

La fotografía como acto narrativo

 


Contar una historia tiene su ciencia, sin embargo, en honor a  la verdad todos vivimos conversando, relatando, tanto así que dependemos de las palabras para cualquier actividad que nos ocupe, si lo pensamos bien el mundo está construido bajo el influjo de infinidad  de relatos que van desde lo exclusivamente documental hasta  la ficción más descabellada, todo encuadrado dentro de los cánones de una intención comunicativa , siempre estamos alrededor de un relato, es algo que necesitamos  para organizar nuestra forma de entender el mundo. Hay escritores de todo tipo y con los adelantos de la tecnología son aún más visibles que antes de existir Amazon, eso sin contar  la omnipresencia de las redes sociales, donde sin querer la mayoría escribe su biografía , la comparte y difunde aún más allá de la muerte, quien sabe cuántas cuentas de redes sociales siguen activas después de muertos sus dueños , de vez en cuando me sorprende el aviso del cumpleaños de algún fallecido vía redes sociales y a pesar de que la lógica se asoma, apenas pasado el primer susto, igual no deja de sorprender cada vez que sucede, en fin, en este siglo XXI gracias al impulso  primario de la híper conexión hay más narradores que jamás en la historia de la humanidad, todos publicando al mismo tiempo, compitiendo sin saberlo en una carrera por parecer (rara vez con ser) lo  que imaginan deben sentirse los protagonistas de cada cuenta de RRSS según el estatus social del dueño de la cuenta en la red social.

Desde niños nos acostumbran con cuentos, las maestras nos enseñan con historias, las madres y padres también, entonces no es raro que todos tengamos la  capacidad de narrar, no quiere decir que todos podemos ser buenos pero por suerte eso no importa mucho cuando no  estás cobrando por tu trabajo, quienes sean escritores o fotógrafos deberán ceñirse a las reglas de su oficio/nicho de mercado seleccionado, los amateur  tienen todo el espacio del mundo para hacer lo que les venga en gana, así lo demuestran cuatro billones de usuarios interconectados cada segundo a la red global, donde flotan billones de imágenes y textos por segundo, si a eso le sumamos las millones de horas que pasa un ciudadano promedio inmerso en la gigantesca oferta de entretenimiento digital no sería raro pensar en la posibilidad cierta de que todos tengan las herramientas básicas para contar historias, cuya calidad será medida por la cantidad de seguidores que tenga .

Cuando estudiaba fotografía (en el siglo XX) nunca escuché hablar de la fotografía como acto narrativo, tuve que esperar varios años hasta que me tropecé con la inmensa pared de mi ignorancia y por obligación tocó revisar textos críticos que si bien eran aplicados a la literatura o la lingüística funcionaban muy bien para afrontar el reto de entender a muchos de los maestros, sobre todo a los que ejercieron el fotoperiodismo en la segunda guerra  mundial, aquellos hombres y mujeres que no solo hicieron trabajo gráfico para dejar constancia de una época , imágenes que poblaron revistas, periódicos y que aún hoy día son referencia  para quienes pretenden ser artistas o fotoperiodistas de éxito, el  reportero gráfico puede ser un excelente técnico  pero si no tiene “arte” para retratar la atmosfera del momento no sirve, cuando nos referimos al “arte” es realmente a los detalles sumados a la imagen a fin de hacerla icónica, la mezcla de luz, sombras, colores (o su ausencia), expresiones, movimientos , encuadre y hasta la selección de la combinación de los elementos técnicos disponibles que tenga a mano hará de la imagen algo único, de lo que solo el autor puede  dar fe. Viendo las fotografías de los maestros caí en cuenta de una cosa, ellos no retrataban el momento como un acto de morbo que vende tabloides, esas imágenes en su mayoría son parte de un inmenso ensayo realizado por hombres y mujeres a quienes les tocó vivir rodeados de la miseria humana, una suerte de aviso para nunca más vuelva a pasar.

La contemporaneidad hace pensar a las masas, esos para quienes las fotos son solo fragmentos de una realidad ajena  más cercana a la ficción que a otra cosa gracias a la inmensa estructura publicitaria en la que se ha transformado el acto de informarse, al menos en Venezuela donde la opción de información está bajo la egida del estado y por tanto siempre es sospechosa de estar  trunca o ser falsa, preferimos revisar las redes sociales tanto como antes comprábamos el periódico cada mañana, por lo  que la noticia se ha transformado en un asunto banal y la imagen algo secundario.

Cada vez que levanto mi cámara, cuando voy pensando en los detalles de la imagen voy construyendo una narrativa, imagino que a todos les pasa igual y de ahí viene la habilidad de algunos en determinadas facetas del oficio , al conocer al cliente se hace una idea de lo que este le pide, el propósito de esa imagen determinará la narrativa a utilizar, un fotógrafo documentalista registrará una boda con el rigor que les corresponde, eso seguro les parecerá falta de imaginación a  los profesionales que explotan esa área , quienes por oficio saben que los novios no quieren un documento de lo que sucede, ellos quieren la sublimación de su acto social donde todos se vean bellos y a nadie se le mueve el nudo de la corbata, el documentalista se apegará a su búsqueda y si eso es registrar lo que hace la novia desde la casa de sus padres hasta la fiesta pues así lo hará, si  la novia no hace algo él tampoco forzará la situación, si en cambio colocas a un profesional de las bodas a documentar la cosecha de café en Barquisimeto  seguramente terminará mostrando un trabajo muy bonito pero de poco carácter documental porque su costumbre de intervenir en una situación fotográfica lo traicionará.

Cuando es de carácter comercial o aspira a serlo, cada imagen será el reflejo aproximado de lo que el cliente espera, solo en el caso de los maestros consumados, el acto económico está más referido al prestigio de poseer la imagen/objeto, la fotografía es valiosa siempre y cuando sea una copia única, su escasez es la que determina el precio por lo que el autor tiene una rango más amplio para explorar facetas del relato que está construyendo, el que comercia debe por obligación hacer lo que sus clientes necesitan, interpretar las ordenes de quien le da dinero para obtener un beneficio, no solo hablo de los fotógrafos publicitarios, si una boda no está cercana a lo que los clientes imaginan fue el evento, sin gente fea, ni sitios desordenados, todo el registro debe estar lo más cercano a la revista de moda para que las señoras y señores puedan recordar el certificado documental que certifica lo maravillosa de su boda, así hubiese sido un desastre , todos han de verse radiantes.

Todas son formas de construcción ficcional, la ausencia de palabras hace menos complicado el oficio de escribir, en la fotografía se escribe con luz, por tanto quien escribe hace relatos, de ahí cuando me preguntan sobre como es posible separar una fotografía buena de una mala, es que la mala fotografía es un relato que va de lo innecesario a lo grotesco por aquello de los errores ortográficos, en otros casos son relatos anodinos por su falta de contenido, parloteo incesante de lugares comunes que mucho hablan pero poco dicen, la buena fotografía tiene un discurso narrativo sólido, tiene algo que comunicar y se vale de las argucias del oficio para hacerlo,, con la suficiente elegancia para no pecar de panfletario además, con el sentido estético de quien escribe buenas crónicas.

Profesor José Ramón Briceño Diwan

26/07/2022 


 

lunes, 25 de octubre de 2021

Entre el espejo y la cámara

 


Mirarse al espejo usualmente es un acto plagado de mentiras basadas en la imagen que tenemos de nosotros mismos, por el contrario, la fotografía es el mejor reflejo que podemos obtener de nosotros, la cámara no tiene cerebro ni malicia para engañar a nadie, si pensamos en el Photoshop esos son arreglos posteriores que cada profesional hace para congraciarse con el cliente, aunque muchas veces puede ser usado para acercar la realidad precisamente a lo que su cerebro le ordena ver, la mayoría de quienes terminamos de artistas está más basado en la intención de modificar el mundo a nuestro gusto, trasmitir una idea de nuestro universo interno para compartirlo con esos otros que no tienen la habilidad (o el interés) de intervenir la árida realidad , como decía el poeta “Cosas veredes Sancho”.

Tengo que ser sincero, no me gusta hacer retratos , eso implica acercarme a la gente y por lo general la gente no me agrada mucho que digamos, sobre todo por el envaramiento natural que asumen cuando están frente a la cámara, en los casos donde no he tenido más opción (toca ganarse la vida) siempre prefiero tomar un café antes y dejar el apuro para otras cosas más importantes , hacer bien un retrato en realidad tiene más que ver con la química entre fotógrafo y sujeto que a los malabares técnicos , al menos en el caso de quienes no son profesionales, trabajar con una (un) modelo profesional es a cosa más divertida del mundo, ellos se encargan de hacer su trabajo y uno el suyo logrando una sinestesia que se ve en el material resultante, en cambio con los aficionados el trabajo es otro más complejo, no solo tienes que dirigir la sesión, también has de estar en control con lo que dices o haces y si por casualidad se desagradan unos y otros el resultado es totalmente desastroso.

Conozco a una señora de lo más bella que se empeñaba en sentirse mal consigo misma porque (erróneamente) no creía ser lo suficientemente bella además pensaba que le metía solo por obtener sus favores, luego de una discusión bastante álgida sobre lo poco que me gustaban sus fotos en redes sociales, ella por supuesto ofendida porque pensaba que se veía fea cuando en realidad lo que sucedía era que los fotógrafos no le agradaban, en todas las fotos parecía que algo le molestaba y en realidad había mucho lo que le molestaba dese un principio, obviamente quien no le gusta ser admirado (por la razón que fuere) nunca tendrá ni tan siquiera una sonrisa sincera, eso se nota, es como si cada vez que te hicieran una fotografía te obligasen a comer alguna cosa terrible que todos disfrutan menos tú. Tres horas, quince gritos y un par de mentadas de madre más tarde puse manos a la obra y monté una breve sesión de fotografía, no tan organizada (sin locación, maquillaje profesional ni vestuario seleccionado, trabajamos con lo que teníamos a mano) como debería pero en todo caso la ausencia de producción ayudó totalmente a lograr del trabajo, luego la obligué a acompañarme en el proceso de postproducción para que viese que no uso filtros ni más intervención que la de mover algunos valores para dar preponderancia a los colore del entorno, un retoque mínimo a las imperfecciones producto del clima, es de mostrar gente sudada en una foto bien vale en un los deportes pero en un retrato es casi ofensivo.

Dos horas después de la discusión y al calor de un café tinto la señora no podía creer cuan bella se ve en los retratos por primera vez en años salía sonreída con ganas en una foto, sus ojos brillaban y toda su belleza salió a flote sin más esfuerzo que hacer una buena química con el fotógrafo , sin presión ni producción, solo dejarnos llevar, por supuesto hubo que hacer algo de dirección pero sin apuro ni poses forzadas, el tiempo que tuviese que dedicarle se le dedica y de ese simple trabajo salió una mujer diferente que por primera vez se dio cuenta que en realidad es bella, que no se necesitan grandes cosas para serlo y por costumbre del oficio sé que para ser bonito hay primero que creérselo, además sentirse cómodo frente a la cámara es determinante para que la foto funcione. Ahora cada vez que discuto con la misma señora le muestro las fotos y se acaba la pelea.

No soy psicólogo, psiquiatra ni nada que se lo parezca, lo más cercano a eso son unos lejanos recuerdos de algunas materias que vi en la universidad pero el oficio prima sobre la teoría , ser o no fotogénico no tiene absolutamente nada que ver con el físico , realmente tiene que ver con cómo se siente la modelo ante el extraño que la apunta con un aparato gigante , que en mejor de los casos solo sostiene un trípode pero que bien pueden haber un par de asistentes más unas cuantas luces apuntándola, eso atemoriza al más pintado, ahora si junto a la parafernalia los profesionales se dedicasen a conversar con la modelo haciendo que se sienta cómoda consigo se obra el milagro, menos Photoshop y más confianza debería ser el mantra de los fotógrafos.

De hecho hay estudios psicológicos que aseguran que la fotografía sirve como herramienta terapéutica, verse sin los filtros del cerebro ni los otros (exagerados) de las cámaras móviles el asunto es sentirse cómodo y al final es el mejor espejo, verse y mirar-se son coas que solo comprendemos cuando entendemos que verse bien o mal es solo cuestión de actitud.

Profesor José Ramón Briceño

24/10/2021 



lunes, 7 de junio de 2021

Fotográficamente perfecto o fotográficamente suficiente, he ahí el dilema

 La fotografía es un quebradero  de cabeza, tanto que parte menos complicada es la técnica que dicho sea de paso no es muy simple que digamos, así nos empeñemos en simplificar a técnica hasta reducirla a un cumulo de fórmulas aproximadas que permitan hacer cálculos de exposición estandarizaos que luego pueden cambiar si hacen el disparo en RAW o para componer en HDR dejando que el artilugio digital haga todo el trabajo hasta reducir la intervención humana si acaso en el proceso de composición y encuadre, pero todavía así quien quiera mejorar debe comenzar a pensar en la imagen y  no en la técnica, esta debe ser un acto reflejo para dejar paso al análisis de la luz para calcular a vuelo de pájaro el encuadre, buscar el ángulo correcto o simplemente renunciar a la tarea cuando no existe modo posible de afrontar la imagen con una luz al menos suficiente para el destino de la imagen, por suerte ahora los equipos tienen la posibilidad de variar el ISO hasta niveles inauditos para quienes venimos del proceso analógico más por flojera que otra cosa, personalmente detestaba el proceso de revelar negativos, si había que forzar la emulsión tanto peor porque necesitaba un tratamiento especial , químico frio a una dilución determinada y mucha paciencia para hacer el procedimiento de modo correcto ante la imposibilidad de repetir la toma, los rollos eran caros como para andar desperdiciando película, así llegue a usar película monocromática que podía ser revelada por proceso C-41, solo para saltar directo a la copia, los laboratoristas también comían así que debía dejarles algo, ahora es cosa de un dial, puedes combinar distintos ISOS a cada imagen, la puedes ir checando mientras encuentras la sensibilidad ideal para la luz existente tan rápido como tu instinto lo diga, antes estabas preso a un solo ISO por lo que debías adaptarte sin inventos, solo con ese adelanto ya tenemos para agradecer lo digital .

En fin, las posibilidades de la fotografía digital son innegablemente superiores a las de lo analógico, en cuanto a comodidad de trabajo , ahora en la depuración del ojo pareciera no haber contribuido mucho, en analógico al menos debíamos intentar ser precisos, llevar un sistema de ensayo y error , teniendo claro que cada equipo tiene una respuesta específica, jamás será la misma medida de luz entre un Nikon y una Minolta , por lo que primero debes aprender a conocer tu equipo para sacarle el mayor provecho, empezar a pensar en el resultado del disparo, evitando perder película porque en el mejor de los casos debes rebobinar y cambiar la película , ese tiempo a veces determina que pierdas la foto que buscas (ley de Murphy omnipresente y todo poderosa) , como si fuese poco debías esperar para ver si todo había salido bien, siendo muy descorazonador lanzar negativos a la basura  todos pasamos por ahí más de una vez , ante el desconsuelo surge el ánimo revanchista solo para poder hacerse llamar fotógrafo , el ego es cosa seria, una vez que medio dominas la técnica entonces viene el trabajo serio, asumes distintas responsabilidades y para medirse entre tus iguales o ganarte el derecho de asegurarlo se inventaron salones, exposiciones y concursos donde se evaluaban distintas formas de ver el mundo, solo quedar expuesto en el mismo espacio de los que considerabas los grandes del momento ya tenías suficiente para sentirte orgulloso, si ganabas tanto mejor, aunque en mi caso particular ya quedar era bastante.

Todo aquello vivido obliga a ver las cosas con más detalle, entre las muchas  que uno piensa es por cual razón los fotógrafos venezolanos realmente talentosos parecieran ser solo vistos en el resto del mundo, así hoy sé que el archivo de Luis Brito está depositado en un museo de Colombia mientras que otra gloria como Boulton está en los archivos de la fundación Getty en USA y los únicos premiados con altos galardones son reporteros gráficos (Pulitzer y World Press)  , no en la categoría de ensayo, fue por imágenes puntuales, fantásticas pero entre sacadas con pinza.

A finales del siglo XX y principios del XXI hubo un repunte de las publicaciones impresas que  trajo algunas cosas interesantes, hasta se intentaron franquicias de revistas para adultos donde (como no) las paginas eran adornadas con los cuerpos  de modelos espectaculares , incluso hubo una Playboy Venezuela, todas con trabajo de fotógrafos nacionales, sin embargo todas quebraron , posiblemente por la muerte de lo impreso ante la novedad de lo digital que gratis y de modo totalmente privado ya tenías acceso a un sinfín de porno, no creo que ningún heterosexual del planeta vea primero los artículos y a las modelos de último, o las utilizara como recurso poético para las noches solitarias o los matrimonios aburridos, cierta vez en una reunión entre amigos veíamos un número de Playboy Venezuela , por supuesto era una reunión de lomos plateados aullando cada vez que una de las modelos mostraba su anatomía portentosa, hasta que osé decir que eran muy malas fotografías , uno de los amigos se volteó para decir si a ciencia cierta era más importante el culo o la técnica, en todo caso la mujer era bellísima , lo demás sobraba.

Por supuesto jamás volví a hacer mención del tema pero es que en realidad todas las fotos eran malas, plenas de mal gusto, peor iluminadas y para nada había más espíritu estético que mostrar la belleza femenina, vale que una modelo desnuda es un espectáculo en si misma pero tampoco se vale desaprovechar la oportunidad de la vida para terminar publicando un trabajo que parece hecho por un foto estudio de pueblo que pretende hacer retratos de embarazadas imitando malas formulas pero que sorpresivamente tienen publico aun cuando son fotos espantosas, creo que a nadie le da vergüenza pero son otros tiempos, el asunto es que al parecer a nadie le interesaba mucho  hacer algo fotográficamente digno más allá de lo fotográficamente suficiente , por eso la fotografía erótica criolla no parece haber superado ciertos tabúes, eso es solo un ejemplo. En el caso de Playboy podemos asegurar que unos cuantos maestros han hecho de esta una referencia obligada, el cuerpo femenino da para mucho más que hacer una vitrina, es tan importante el registro visual organizado por esa publicación que hoy día podemos ver en muchos trabajos la impronta de muchas imágenes publicadas en sus páginas, acá pudo haber hecho algo similar, imaginemos por un segundo a Fran Beaufran publicando un portafolio de desnudos inspirado en el miss Venezuela solo por nombrar uno o algo similar a lo que hace la revista Soho de Colombia , pero en cambio se decantaron por la manera más sosa de mostrar su trabajo, no sé si es por mojigatería nacional que hace que los osados sin pretensiones estéticas sean los únicos o  por algún motivo económico, es una investigación que debo hacer.

A pesar de que el ejemplo con publicaciones eróticas no sea el más aconsejable, creo que basta para dar una mirada a la tradición, a pesar de que en años anteriores hubo profusión de escuelas de fotografía parece que faltó discusión estética como para presionar al medio a buscar salidas que nos dejasen mejor parados en el ámbito latinoamericano al menos, dejar de ser discipulares para comenzar a buscar una estética propia que no se decante por la vulgaridad o el discurso plano que por rebuscado no significa que esté mejor planteado, lo que no se entiende tampoco existe al menos intelectualmente hablando. En mi país desde hace años hay una crisis que nos ha reducido a un estado semivegetativo donde lo único importante es la supervivencia, eso ha dejado el mercado del arte peor aún de lo que jamás estuvo, por supuesto la fotografía como acto de galería ha muerto por inanición, comer es más importante que todo lo demás; así que entre exilios e imposibilidad de asumir el extraordinario gasto de organizar ni siquiera un encuentro donde discutir asuntos no indispensables como esto de la estética , puedo pensar que la academia ha muerto, sin embargo eso no es del todo malo, la ventaja de la contemporaneidad es que todo el mundo tiene un aparato que hace fotos relativamente buenas , además hay vitrinas de sobra, gratis e inmediatas donde mostrar tu trabajo sin necesidad de hacer más gasto que el intelectual, entonces es el momento perfecto para que la enseñanza de la fotografía explote, de olvidarnos un poco de la tecnosofía para centrarnos en lo  que realmente es relevante, la imagen y todo lo que en ella se puede incluir.

Tener una visión de país que cumpla como testigo mudo de la época siempre cambiante, hacer del asunto fotográfico una cuestión de discurso y no de física básica (todo el oficio puede reducirse a física aplicada) , creo que es el momento perfecto para comenzar a buscar otras cosas en nuestro realidad , la fotografía venezolana debería comenzar a encontrar su espacio propio, emprender proyectos que documenten todo eso que vemos como excepciones pero que en realidad existen, como país deberíamos comenzar a considerar buscar la realidad desde detrás de las cámaras, olvidarnos un poco de lo real para comenzar a pensar en idealizar, eso no solo es embellecer, a veces resulta en todo lo contrario, solo que debemos hacerlo con el sentido de los estético olvidándonos de esa necia excusa de lo urgente, capitalizar el ambiente transformándolo en bites que vayan intoxicados por nuestra visión, logrando en cada foto una toma de posición y no la del espectador ausente.

En este sentido y como ejemplo imaginemos por un momento que el Maestro Nelson Garrido hubiese sido la estrella de cualquier número especial de Playboy, le hubiese subido varios niveles a la publicación, Luis Brito, Pérez Luna, Aníbal Camejo, Roberto Mata solo por nombrar algunos que merecerían una oportunidad , aunque en el caso de Pérez Luna pudiera sonar alocado, los maestros pueden sorprender, todos comenzarían por empezar por entender cuál es su idea de la femineidad , por ahí ya la cosa prometería.

Prof. José Ramón Briceño Diwan

10/01/2021

 


 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Reflexión fotográfica

 


Hace poco fui invitado a discutir sobre fotografía por un grupo de WhatsApp, al principio la dinámica me chocó porque estoy acostumbrado a las discusiones de viva voz y regadas con algún alcohol, así que utilizar el teléfono es algo a lo que tengo que acostumbrarme, por otra parte mi senil IPhone no permite grabar mensajes de más de 10 segundos de duración (si alguien sabe cómo alargarlo por favor dígame), la pregunta más difícil que se hizo en el grupo fue ¿Qué es la fotografía? Y la otra demoledora ¿Qué puedes aportar a estos nuevos  movimientos?, por un momento me sentí un personaje de Bolaños en “Los detectives salvajes” que con su primera frase hace que caigas rendido ante la sorpresa  “He sido invitado a formar parte del realismo visceral por supuesto, he aceptado”. El grupo de amigos es de vieja data, son personas que conozco desde hace  al menos veinte años y son gente curiosa además de inteligentes, suficientes méritos para que cualquier iniciativa valga la pena, sobre todo en este intento de revivir las conversas que sosteníamos hace muchos años, solo que ahora van blindadas por la academia pues nadie rebate sin haberse documentado antes, todos con renombre en sus respectivas áreas y lo mejor es que son personas que se han obligado a replantear los conceptos en base a la necesidad de evolucionar.

Las dos interrogantes propuestas son interesantes, comenzaré por intentar responder ¿Qué es la fotografía? , siento que hay una respuesta tan universal como insuficiente, puedo decir que la es un proceso fotosensible mediante el cual copiamos la luz para convertirla en imágenes que compartiremos de alguna manera, aunque es tan insuficiente como intentar explicar el amor solo como una cadena química, dejando en el olvido diez mil años de poesía por rendirnos ante la certidumbre absoluta de la ciencia. En principio eso es, sin embargo las aplicaciones son las que cambian su significación (más no su significado) , puede ser un medio o un fin, para el fotógrafo de eventos sociales o publicidad, simplemente es una forma de sustento cuyo ingrediente de satisfacción es tener el cliente feliz pues cumplen con sobrados méritos el encargo,  también están los funcionales , esos de foto carnet o cualquier  otra forma destinada a fungir como prueba documental irrebatible previa comprobación, nada, se hace el registro requerido y continuamos porque lo importante es otra cosa, el asunto se pone complicado cuando hablamos del arte, en este casi su funcionalidad cambia por mutarse de un medio a un fin, aunque pudieran confundirse si el artista se gana la vida con su intelecto por lo que nos hacen pasar como imágenes documentales algo que visto en perspectiva se acerca más al ensayo, se aborda un tema desde la arista más lejana y para concluir con algo demoledor, la prueba la podemos encontrar (por ejemplo) en la obra de Brassai que retrató a París de noche haciendo de un documento algo sublime, Cartier-Bresson y su momento justo, en todas sus imágenes ahora icónicas estamos ante la presencia de una toma de posición que nos señala cuan malo es eso que está sucediendo y desde la escala de grises (inexistente en lo natural pues vemos en colores) hace patente la cruda tristeza de una guerra para muchos lejana pero que tomó corporeidad cuando los periódicos publicaban sus relatos apalancados en las imágenes de aquel maestro , en otro ámbito más cercano en el tiempo podría hablar de   Mapplethorpe , que utilizó la fotografía para gritar al mundo cuan rebelde era dentro de su faceta de elección sexual, comenzando por dar cuerpo a una idea , más recientemente y para estar acordes con estos tiempos podemos englobar a quienes hacen eso que llaman StreetPhoto , que retratando sin recurrir a montaje alguno, todo a fuerza de luz y sin los recursos técnicos de las DSLR logran también dar cierto matiz artístico al caos de las ciudades del mundo.

Al plantearse la fotografía como un medio, se me ocurre que deberíamos tratarla como cualquier otro discurso artístico, asumiendo la fotografía una forma de acercamiento al arte, un instrumento para comunicar a través de una composición que  por regla inalterable ha de imitar alguna de las formas en que vemos el mundo por nuestros ojos, como herramienta para sublimar la realidad hasta desdibujarla bajo la patente de corso que hace pasar la ficción como parte de algo probable, cada vez que hacemos click, inventamos ficción, cada vez que alteramos los controles de la cámara (la que sea), desde escoger la luz perfecta que se puede lograr con el móvil es tan solo tocar la pantalla en el punto preciso, con una réflex es apuntar hacia allí bloqueando la función de medida en el punto exacto donde existe la lectura casi perfecta según el resultado buscado , esto afecta el producto de formas dramáticas que por lo general convienen con lo que del mundo imaginamos, así tenemos potentes cielos azules de este trópico cuando en realidad es tan fuerte que nuestros cerebros ven un campo resplandeciente.

Imaginemos estar en una blanca playa tropical (acá eso es absolutamente normal en cualquier momento del año) a las tres de la tarde, por asuntos de la vida solamente tienes posibilidad de hacer una foto mirando hacia el oeste, tendrías el sol casi de frente, razón por la cual no se pueden admirar correctamente los colores, sin embargo como estás a la sombra eso no importa mucho, hasta que sacas la cámara o el móvil, enseguida el asunto cambia porque el primer impulso es el de buscar como ocultar el sol, entonces mejoras la visión, pero mejor haces un encuadre distinto, quizás en ángulo e inclinando un poco el lente hacia arriba para dar la ilusión de amplitud que un encuadre recto no presentaría, mides entonces tu luz en las nubes que son un tono más intenso que el cielo pero además apenas medio diafragma más blanco que la arena, aparece entonces un cielo azul solo visible a los ojos de la óptica al igual que unas nubes con textura y un mar moviéndose abajo en casi todos sus colores, sin hablar de la gradación de azules que usualmente tiene el horizonte marino, ese del azul pálido en la línea del horizonte hasta el profundo del cenit, lo compartimos por las redes sociales y solo con la combinación de tonos brillantes recopilarás likes de desconocidos que en su mayoría se hacen una idea de tu día en base a su conocimiento que en casi ningún caso se parece a las razones reales de tu viaje al mar, por lo que estamos en presencia de varias ficciones moviéndose juntas, la del color, la composición, el encuadre y la traducción de la imagen a los espectadores, desde el que se tiene que imaginar este clima, el que lo recuerda con cariño, el que lo cree imposible o el que desea conocerlo, todo desemboca en evocaciones o invenciones que hacen agradable la contemplación de esa imagen, por tanto estamos ante el caso de un creador de ficciones, que en vez de escribirlas las recrea.

La fotografía en sí misma es un recurso técnico nada más, así esté impresa, una vez robados los segundos a la realidad, el producto, una vez impreso y desvinculado a su autor, pasa a ser algo impreso que comienza a formar  parte de otro todo que requiere otra discusión para (intentar) ser abordado con alguna posibilidad de éxito, retomando algunos axiomas que usábamos para justificar el gasto de una exposición sin esperanza de ventas, si la foto no está impresa, no existe, el artista es lo que muestra, aunque en estos tiempos eso es discutible gracias a las mil plataformas digitales donde se pueden alojar las imágenes por tiempo indefinido , igualmente mientras no estén impresas son susceptibles de desaparecer en el éter de los archivos borrados por cualquier cosa, desde un apagón súbito que queme los circuitos hasta un virus malicioso que se coma el disco duro, con las copias es más sencillo mantenerlas a resguardo con la posibilidad de ser descubierto alguna vez, en digital una vez borrado desapareces del todo, esta es una posibilidad más cercana que un incendio.

En cuanto a los aportes, eso es problema de la crítica, uno con investigar los procesos, estar en constante investigación, hacer reflexiones sobre nuestro trabajo como si juzgases a tu peor enemigo, sin contemplación ni piedad, para buscar superar la pregunta, generar dudas, mostrar una problemática y jugar con los hitos visuales con el fin de hacer más nutrido el significado de la imagen, donde si una palabra puedas generar múltiples mensajes que pueden tocar cualquier fibra sensible haciendo gala de la ars poética necesaria para hacer, dentro del discurso estético, cualquier planteamiento bajo el esquema que bien le vaya, lo panfletario tiene fecha de caducidad por pertenecer a la propaganda, lo poético se abre a la interpretación, lo que da una amplitud menos mezquina para la función plurisémica que ha de tener toda representación artística, es decir, una composición estética impecable, tanto que no importe mucho que el espectador no informado se rinda ante la imagen, el informado además le otorgará otras formas de interpretación que completen la decodificación que necesita el artista para  sentirse feliz, esa dupla que en lingüística hablaríamos de significado/significante pero que en la imagen precisaríamos como niveles de interpretación semántica , es indispensable para poder hilar mensajes elaborados que llamen a reflexión al espectador, muevan conciencias, haga un aporte discursivo a la larga retórica de la historia siempre  en movimiento.

Haber llegado a finales del siglo XX no me da en ningún caso potestad alguna para pensar que  llegué a la fotografía con más antelación de lo que lo hacen los jóvenes que hoy se inician, quizás me da un poco más de experiencia por aquello del trabajo, sin embargo igual llegué 130 años tarde, si hablo de la perspectiva de hacer aportes a un arte naciente, si lo ponemos en los términos de los fundamentos estéticos de la imagen ya puedo hablar al menos de dos mil años tarde , hacer aportes más allá de lo que existe lo veo complicado, a lo mejor llega alguna luminaria y puede, yo apenas puedo aportar la mirada, de lo otro que se encargue la crítica si es que algún día existo para ellos, si no pues tampoco es que importa tanto, si ya nadie recuerda a los científicos que ganaron el premio Nobel en el año 1978, mucho menos se acordaran del hijo de Thais Diwan muerto en algún momento antes del siglo XXII , bajo esa premisa voy disfrutando de la ruta lo más que puedo. No tiene sentido estresarse por asuntos del ego, una vez que nos desprendemos del lastre que presupone defender una parcela que al final ni siquiera te pertenece, en ese momento, el viaje recién comienza.

Prof. José Ramón Briceño

05/11/2020