jueves, 30 de marzo de 2017

Mis nuevas #Clases en #Caracas

Mi oficio primigenio es la fotografía, desde hace muchos años he venido ganándome la vida con ella, tanto haciendo fotos como enseñando a hacerlas como docente universitario y en talleres libres a lo largo y ancho del país (alguna que otra vez fuera de él también). El oficio de escribir es un asunto relativamente reciente que descubrí mientras estudiaba literatura en la universidad y perfeccioné con la practica además claro de cursar una maestria en literatura latinoamericana, cosa que ayuda un montón a encontrar múltiples herramientas teóricas con las cuales pulir lo que escrito, me niego a decirme escritor a pesar de haber sido publicado en varios sitios y ganarme un galardón interesante aunque no determinante por aquello de que hay premios que te catapultan, en este caso más me ha llenado de orgullo que de dinero.

Me doy el lujo de decirme fotógrafo por haber vivido de ello durante muchos años , lo de escritor lo asumiré cuando comience a ganarme la vida con mis letras, por el momento me conformo con vender algunos libros en Amazon, publicar en mis blogs, escribir , hacer fotos y enseñar que en realidad me gusta.

En virtud de este gusto por la enseñanza que va ayuntado con esa otra necesidad de ganarse la vida, por ello he ideado una serie de talleres express que abarcan varios temas dentro del ámbito fotográfico y uno para la literatura, son expresos pues no necesitan de grandes espacios de tiempo para llevarse a cabo, el precio es razonable y los resultados casi inmediatos aunque como en todo cada participante deberá practicar pues lo que se aprende pero no se practica pronto se olvida. El plus de todos los talleres que propongo es que serán muy pocos los asistentes por sesión de clases, debido al espacio físico disponible solo puedo atender a 10 alumnos cada vez, lo que además ayuda a tener una casi personalizada atención en el proceso formativo ya que podré dedicarle tiempo a todas sus dudas en cada uno de los puntos abordados dentro de los cursos que son;

  Taller expreso de fotografía digital para móviles y compactas
Curso rápido para la utilización de la cámara digital compacta o el teléfono móvil, así como las formas prácticas para sacar partido de los automatismos tanto de los equipos compactos como de las cámaras incorporadas a los teléfonos celulares.


Taller intensivo de fotografía digital
Taller intensivo cuyo perfil es el de que los participantes manejen de forma correcta sus equipos réflex utilizando de manera eficiente las técnicas de los fotógrafos profesionales en corto tiempo.


Photoshop inicial para fotógrafos
Taller básico que otorgará a los participantes las habilidades iniciales en el manejo de la herramienta de revelado digital más versátil del mercado, lo que permitirá a los participantes manipular correctamente sus imágenes en los parámetros correctos según el fin de cada imagen.


Taller de portafolio fotográfico
Taller teórico practico cuya finalidad es la de ayudar a los participantes a organizar su trabajo fotográfico en portafolios temáticos a fin de generar discursos visuales coherentes que los acerquen a las galerías, museos y salones donde mostrar su trabajo con niveles altos de profesionalismo.


Taller para profundizar la escritura creativa
Taller dirigido a otorgar herramientas teóricas básicas a los escritores amateurs, blogger y aspirantes a novelistas desde una visión pragmática del hecho creativo.







martes, 14 de marzo de 2017

Fotografía e intertexto


Cada vez que voy a escribir un post para el blog siento que al parecer todo está dicho alrededor de la fotografía, aunque también estoy claro que siempre habrá tela que cortar en cuanto a la cantidad de detalles que abarca la imagen y sus incidencias. Revisando las redes me encuentro muchos artículos que muestran el trabajo de tal o cual fotógrafo, ciertamente hay mucho lugar común pero también hay algunas sorpresas e imágenes que quitan el aliento flotando  gratis en las redes, ahora lo que no es fácil encontrar son artículos que hablen seriamente de los “problemas” teóricos más allá de la tecnosofía.

Creo que existe una tendencia cada vez más fuerte a considerar la fotografía como un caso aparte de toda la producción artística como si hablásemos de una actividad aislada y no del resultado de la suma de los múltiples movimientos artísticos, sociales, tecnológicos y hasta filosóficos que se han sucedido en los últimos doscientos años.Si analizamos concienzudamente cada imagen ganadora de premios (por tener un punto de inicio) pudiéramos inferir que  tiene antecedentes -reales o accidentales-en otras expresiones del arte.

Una vez nombrados los antecedentes toca explicar los reales o accidentales.El ser humano es una esponja que absorbe todo lo que ve, escucha, aprende, lee e intuye, casi siempre todo ese cumulo de información se guarda en el subconsciente aflorando de vez en cuando sin que el autor tan siquiera se dé cuenta que realiza tal acto, otras veces ese conocimiento es digerido, pensado, repensado y utilizado de manera totalmente lucida para que su trabajo tenga el efecto deseado y ahí estamos ante un acto deliberado para aprovechar los referentes en la obra.

En ambos casos el autor usa esos referentes que han sido utilizados por muchos otros antes que él y serán utilizados por muchos más luego de él a fin de que los observadores atentos o no puedan captar el significado de su trabajo sin mayores explicaciones aun sin manejar de forma cabal los símbolos exhibidos en la obra, recordemos que la suma de los símbolos hace posible que una imagen tenga significación pues de otra manera estaríamos ante la presencia de una postal bonita pero anodina que no lleva a ninguna parte, una más de los millones que flotan cada segundo por las saturadas redes sociales. A este fenómeno lo llaman los investigadores de la literatura “intertexto” que no es más que la inclusión de textos anteriores como pauta referencial en nuevos textos, lo que supone una eterna reutilización tanto argumental como semántica de toda la obra importante desde el inicio de los tiempos, para definir de manera académica  pudiéramos citar aRolandBarthes (1974) ; “…las fuentes de un texto no están solamente no están solamente por delante de él; están también después de él.”, lo que nos trae a pensar que el intertexto tiene una suerte de génesis en el pre-texto. Ateniéndonos a lo que  Barthes afirmó y haciendo gala de lo que pudiéramos llamar una licencia creativa, teoría mediante, constatamos que toda obra está plena de “pre textos” pues en muchos casos hace alusiones a otras  anteriores y posteriores, aunque es un término que se asocia a la literatura en realidad es un fenómeno que abarca toda la obra producida por el cerebro humano, no sólo lo artístico también lo científico, religioso y hasta lo social sin que exista desmerito alguno en admirar el genio que existe todos los ámbitos del saber humano.

Al hablar de intertexto o de interrelación entre las obras toca hacer una diferenciación entre este fenómeno (muy natural por cierto) y las distintas clases de plagio  que si bien algunos críticos las incluyen dentro de categorías intertextuales hay que definirlas para evitar malas interpretaciones de nuestro trabajo. Las distintas clases de plagio que conozco son ; el plagio intencional que no es más que la copia burda o acabada de una obra de otro autor que se hace de manera intencional para ganar alguna relevancia sin utilizar muy bien el intelecto , está el plagio por homenaje que podríamos ubicar en aquellas escenas copiadas de otros autores introduciendo variantes para terminar obteniendo una versión de la obra de otro autor, lo que presupone una suerte de homenaje al genio al que se está plagiando, como ejemplo de ello podríamos tomar las miles de versiones de “La ultima cena” de DaVincique sin pretender imitar son bastante atractivas, como último punto podemos hablar del plagio por ignorancia que entre todas las clasificaciones es la menos honrosa pues en las dos primeras hablamos de un acto consciente en este  puede ser el reflejo de algún recuerdo impreciso o la culminación de un trabajo hecho a ciegas, lo más grave de este caso es que por lo general sus “autores” muestran sin pudor alguno su “descubrimiento”  y tienen hasta seguidores que viven en ese mismo universo de ignorancia por negarse a tener una visión amplia del asunto, no hacer investigación no relacionarse con gente que realmente sabe del hecho artístico,pasando claro por una total negativa a navegar en otros espacios del quehacer fotográfico (por solo tomar un ejemplo) lo que da como resultado un trabajo que pudiendo estar bien acabado termina siendo desechado por ser la copia de otros.

Cuando me tropecé por primera vez con el término “Intertexto” e investigué sus implicaciones tuve una decepción momentánea pues eso significa que cualquier pretensión de originalidad está circunscrita a un reducido grupo de genios cada vez más pequeño por aquello de la masificación de la información gracias no solo al internet si no a los múltiples medios de comunicación que desde los años 80 nos bombardean desde todos los frentes posibles, sin embargo luego de años de investigar sobre el tema he llegado a la conclusión de que no todo está perdido, si lo vemos desde la óptica creativa la única solución posible para escapar del lugar común reside no solo en hacer de la investigación un ejercicio constante, también está en hacer que nuestro trabajo sea el producto de largos periodos de meditación además de lograr hacer una simbiosis entre obra y psique que exprese nuestra opinión alrededor de lo que nos interesa mostrar  sin dejar de lado el cuidado técnico que debemos tener con cada imagen mostrada.

Una vez conocido el fenómeno intertextual se hace mucho  más llevadero el hacer algo similar al arte pues nos permite tener conciencia plena de la utilización de los símbolos para lograr comunicar con nuestro trabajo alejándonos de ese espantoso lugar común que tanto angustia a muchos en estos tiempos de sobresaturación informativa.
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Profesor José Ramón Briceño, 2017
@plurifotos





martes, 28 de febrero de 2017

Volver a las raíces para ser mejores fotógrafos

Los fotógrafos noveles (en su mayoría) han carecido de formación en el ejercicio del oficio a la antigua, es decir, muy pocos aprenden la tomar fotografías con procesos analógicos, de esos pocos son menos aun los que han podido disfrutar del aprendizaje de laboratorio, ese que va desde la selección de la película indicada, el revelado y la posterior copia de cada fotograma. Tengo la impresión de que quienes aprenden a moverse entre los haluros son mejores o cuando menos más dedicados fotógrafos que quienes hacen uso y abuso de las posibilidades casi ilimitadas de lo digital pues jamás será lo mismo enfrentarse a 36 fotogramas por rollo que a las miles de imágenes que puede almacenar una tarjeta de 64 gigabytes sin hablar de las nuevos dispositivos de más capacidad. Además creo que la discusión tecnosófica perdería un poco de su extremo tono si, como nos pasa a muchos que venimos del ejercicio analógico como aprendizaje.

Entre las múltiples ventajas de trabajar con película está como primer punto la delicadeza al escoger la imagen a tomar, como ya dije en el párrafo superior los 36 fotogramas son una “limitante”  ya que nos obliga a escoger el instante para el disparo, eso sin hablar de la imposibilidad de saber al instante como sale la toma, esa la veremos tiempo después de haber pasado por el laboratorio y en algunos casos los errores son solo apreciables cuando se amplía la imagen a menos claro que trabajemos con medianos o grandes formatos de película, cosa que también es complicada por aquello de los costos asociados que van desde la compra de un equipo de ese formato hasta los precios de cada película, que en ningún caso será económica.

Andando por algunos países de Latinoamérica pude ver cómo había una camada de jóvenes comenzando por ese camino analógico, en algunos casos me acerqué a preguntar los detalles, emocionado por ver que aún se hace ese aprendizaje, mi emoción bajó cuando en la mayoría de los casos me hablaban de que una vez tomada la película enviaban el rollo a una tienda especializada que se ocupaba de todo el proceso. Jamás vi copia alguna pero puedo pensar que en su mayoría han de ser mediocres, dejar el proceso en manos ajenas hace complicado tener una perspectiva de lo que se debe hacer como una buena copia, por lo general los laboratorios que trabajan grandes volúmenes de copias trabajan por promedio , cosa que como todo promedio da resultados mediocres sin que quede (aunque hay excepciones) un resultado realmente optimo, todos aquellos que alguna vez trabajamos el laboratorio analógico podemos dar fe de las horas que perdimos haciendo copias fallidas hasta lograr lo más cercano a la perfección.

En fin, creo que las nuevas y viejas escuelas de fotografía deberían afincarse un poco en el trabajo con película, sabemos que es costoso, engorroso y en muchos casos está subestimada por aquello de preferir los nuevos modelos, software y la comodidad de procesar las imágenes con todas las facilidades de estos tiempos, sin hablar delo expedito de la imagen que junto a la facilidad de obtener con cualquier adminiculo de los tantos del mercado (Smartphone, cámaras compactas, réflex, semireflex, mirrorless etc.etc) que hacen que cualquiera se crea fotógrafo en estos tiempos. Es una lástima que sea tan costoso volver a esa tecnología, ojalá alguna vez podamos fundar una escuela cuyo fin fuese el de solo trabajar en analógico para producir varias generaciones de nuevos fotógrafos que no se dejen impresionar por el lio tecnosófico pues su norte seria la imagen y su proceso que como sabemos muchos a pesar de lo complicado que pueda verse para quienes jamás han estado en esas lides de químicos, papeles, películas, ampliadores, temperaturas y hasta conservación de esas copias , siempre es menos difícil y mucho más permanente que cualquiera de las martingalas tecnosóficas de software y obsolescencias tecnológicas.
Prof. José Ramón Briceño, 2017
@plurifotos





lunes, 20 de febrero de 2017

¿Para qué sirve la fotografía?

Estos tiempos que corren parecieran cada día más cercanos a negar la utilidad de los oficios y profesiones humanistas, la cultura como la venimos concibiendo desde hace unos cuantos siglos ha ido mutando hasta simplificarse tanto que hasta quienes manejan un lenguaje básico, esos que yo he dado en catalogar como sabios de Wikipedia o lectores de contratapa son considerados eminencias en sus respectivas áreas de “conocimiento” .

Muchas veces me he encontrado en el camino a gente de otras profesiones que dice de manera muy orgullosa que leen y al preguntarle por su autor favorito nombran algún bestseller de moda o peor aún, se molestan cuando con argumentos se les hacen citicas a sus lecturas pues (creo) se sienten desnudos en su ignorancia ya que tengo la creencia que para sentirse experto en alguna materia toca en verdad investigar bastante, apelar a todas las fuentes posibles, sopesar los argumentos y hasta leer a quienes no comparten la misma opinión a fin de encontrar las grietas en el pensamiento  para poder enmendar la plana si por casualidad estamos equivocados.

El mundo es cada día más pequeño, las artes están interconectadas e ignorar eso cancela cualquier pretensión de sabiduría pues demuestra en realidad todo lo contrario. Antes de escribir este artículo revisé algunas fuentes en la red y me tropecé con un escrito que destilaba parte de esa ignorancia de la que hablo, el autor expresaba su cansancio por tanta imagen repetitiva que circula entre las redes , imagino que hace referencia al trabajo de los fotoperiodistas y de mucho profesional cuya misión parece ser la de hurgar en el lugar común para asegurarse la supervivencia, asunto por demás lógico si pensamos con detenimiento ya que la facilidad que dan los equipos digitales y los diferentes softwares de tratamiento de imagen hacen que los procesos sean muy poco complicados para cualquier mortal de ,os cientos de millones que hacen un curso de fotografía  para que luego de unos meses ya se crean profesionales. Antes de seguir déjenme contarles un secreto, si se invierten dinero en buenos equipos no se hace complicado caer en el lugar común, al final sigue siendo fotografía, ahora la calidad u originalidad es materia de una discusión muy diferente.


Volviendo al tema creo que ese ¿para qué sirve la fotografía? Dependerá del nicho comercial (o no) de quien ejerza el oficio, si es fotógrafo de eventos sociales dirá que la foto sirve para hacer “eternos los momentos felices” aunque parece cursi el enunciado parece estar ajustado a la realidad. Los que viven de hacer fotografía publicitaria no necesitan más que alegar su necesidad de cobrar por sus servicios donde cierto toca bastante bueno pero que por lo general lo hacen bajo las directrices de un cliente asunto que de alguna manera mata la creatividad y estimula la tecnosofía, los que realizan fotografía de modas pueden alegar desde su amor por la estética hasta su interno deseo de reflejar en sus modelos la idealización de lo que piensan es la moda para ellos, quienes hacen foto carné pues la fotografía no es más que un asunto rutinario y hasta aburrido para ganarse la vida pues no hay cosa más asesina para el intelecto que el trabajo mecánico de hacer ese tipo de fotos que si bien no entran en la definición de “fotógrafo” es un modo honrado de ganarse la vida , los fotoperiodistas alegaran algo sobre su obligación de reproducir la realidad para compartir noticia y los artistas su obligación de pervertir esa realidad para amoldarla a sus preceptos estéticos.

Ahora bien, seguimos igual, no hay una sola explicación de la razón de ser de la fotografía pues tampoco este oficio tiene una sola acepción y las nuevas formas para tratar la imagen también abren un gran abanico de opciones para justificar el oficio. Para mí solo existen dos explicaciones validas al momento de justificar esta preferencia por el oficio de la imagen, en primer lugar está el de ganarme la vida y en segundo lugar aunque no menos importante es el de tener un medio para contar a los demás como veo el mundo que me rodea, por supuesto en ningún caso hablo de la realidad, eso no existe más que en mi cerebro, si acaso puedo admitir que  comparto la realidad que percibo pero no hay obligación de que esa “verdad” coincida con la de otros, si eso sucede ya es un avance.

Si a usted querido lector le atrae el oficio , céntrese en ganarse la vida con él pero nunca deje de pensar , estudiar, leer, ver buen cine, investigar lo que hacen otros , un dato importante jamás se convierta en un sabio de Wikipedia que de esos hay millones y lo que hace falta es que el intelecto capitalice otra vez las artes y así volver a darle a la cultura el espacio que la contemporaneidad le ha robado. Al final la fotografía es un reflejo de su pensamiento, sin profundidad tampoco habrá obra por tanto su trabajo nunca será determinante, si se esfuerza habrá valido la pena pues será recordado, de otra no creo que tanto esfuerzo para nunca ser recordado tenga sentido.
José Ramón Briceño, 2017
@plurifotos
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miércoles, 18 de enero de 2017

“UNA FOTOGRAFÍA TIENE QUE ESTAR BIEN HECHA Y TENER CONCEPTO”

Juan Manuel Castro Prieto expone hasta mediados de noviembre ‘Cespedosa’ en la Tabacalera de Madrid. Una amplia muestra sobre un lugar que representa sus raíces, y que también le ayuda a desarrollar su imaginario visual a lo largo de varias décadas. Roberto Villalón le pregunta sobre su carrera y su visión de la fotografía actual.

Castro Prieto (Madrid, 1958) es el último Premio Nacional de Fotografía. Estudió Ciencias Económicas, trabajó en el Museo Arqueológico de Madrid como fotógrafo, hasta que un encargo junto a Manuel Díaz Burgos, positivar las placas de su admirado fotógrafo Martín Chambi, cambia su vida. Monta su estudio de positivado por el que pasan algunos de los más reconocidos fotógrafos españoles. Llega un día en el que es su trabajo como fotógrafo el que comienza a hablar por sí mismo. Y la fascinación por el país de su idolatrado Chambi en ‘Perú, viaje al sol’ da paso a otros proyectos como ‘Extraños’, ‘La seda rota’ o ‘Etiopía’.
‘Cespedosa’ es uno de sus trabajos más transversales, al que dedica décadas en su realización. Una excusa perfecta para charlar con Juan Manuel. Nos recibe en su estudio. Paredes grises, pero también rosas y blancas en un piso cerca de la Gran Vía madrileña. Él es de carácter seco pero amable. Piensa lo que dice, hace pausas, matiza. Hablar con él es como tratar con ese profesor de Física y Química que está a punto de preguntarte las valencias, sólo le falta la bata y la tiza en la mano. Pero sonríe y no le importa dar respuestas polémicas porque tiene ese toque de quien ya tiene edad para decir lo que piensa.
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© Juan Manuel Castro Prieto
¿Qué suponen ‘Cespedosa’? ¿En qué se diferencia esta exposición de otras que hayas hecho anteriormente?
Posiblemente sea para mí la más importante de todas las que he hecho hasta la fecha, porque Cespedosa es un lugar muy especial, no es simplemente un pueblo. Es el epicentro de mi alma. Es donde empiezo a hacer fotografías pero también donde se desarrolla una parte muy importante de mi infancia que genera mi carácter. Y además es el sitio donde yo quiero hacer fotografías. He estado toda mi vida fotográfica yendo y viniendo a Cespedosa.
Yo no nací allí. Yo nací en Madrid, pero mis padres son de este pueblo y yo iba todos los veranos, casi todos los inviernos, y ahora voy varias veces al año. Siempre me gusta tomar fotografías de todo aquello que me trae recuerdos de mi infancia. He fotografiado constantemente, y mi fotografía ha ido evolucionando conforme yo evolucionaba como fotógrafo.
En esta exposición se ve esa evolución. Desde que yo empiezo trabajando fotografías de corte más plástico, más influenciado por otros autores, hasta que paso al blanco y negro, al formato cuadrado, luego al 20×25, polaroids… Hay unos cambios estéticos, pero también conceptuales, hasta llegar a la última parte, la parte de color. Esa es la parte en la que he evolucionado a lo que soy actualmente.
‘Cespedosa’ no es una exposición antológica, porque hay muchos trabajos que se quedan fuera. Pero sí que es una exposición retrospectiva de todo mi trabajo centrado en ese pueblo. Y esta exposición me ha permitido darle salida a todo ese trabajo. Para mí es una alegría íntima que salga a la luz todo lo que para mí ha sido lo más importante de mi fotografía.
Pues hablemos de cómo se da esa evolución. Respecto a tus orígenes siempre se destaca que eres un fotógrafo autodidacta, pero mi sensación es que cuando tú empiezas no había muchas más opciones. Y al igual que ahora la gente acude a las escuelas, tú entras en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid y allí aprendes de otros aunque no sea de forma reglada.
Lo que ocurre cuando entro en la RSFM es que empiezo a ver su biblioteca y me encuentro con algunos fotógrafos como Paco Gómez, Gabriel Cualladó, Gerardo Vielva… Y también conozco la obra de otros como Ramón Masats, y en base a lo que veo en los libros de la biblioteca que llevaba Enrique Peral, encuentro que hay otro mundo más allá de lo que yo estaba haciendo. Y me doy cuenta de que las posibilidades de la fotografía son muchísimo más amplias.
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© Juan Manuel Castro Prieto
¿Qué fotos hacías antes?
Estaba haciendo lo mismo que estoy haciendo ahora, pero lo hacía de una manera intuitiva. Estaba fotografiando mis rincones de infancia, mi familia, los interiores… pero con un componente más esteticista. Autodidacta no siginifica que no hayas visto nada, significa que no has tenido un maestro. Pero sí has visto revistas. Entonces se llevaba una fotografía más amanerada, más plástica. Y yo hacía fotografías sin un objetivo. No me planteaba el hacer un proyecto para contar algo con ellas, una historia, sino simplemente hacer fotos bellas.
A raíz de entrar en la RSFM y conocer a estos fotógrafos, y sobre todo a raíz de conocer a Publio López Mondéjar, que es otra persona importantísima en toda mi trayectoria, es cuando me doy cuenta de que no vale con eso, que hay que contar cosas, que la mera plástica no tiene ningún sentido, que tiene que haber un concepto de partida y que hay que desarrollar un proyecto de una manera ambiciosa, no limitarse a tomar fotos, sino intentar contar algo con un carácter propio. Pero si eres honesto, al final tu fotografía está hablando de ti, y lo que se ve eres tú. Y si lo que se ve es otro fotógrafo, o estás demasiado influenciado o no eres honesto.
Has señalado al bibliotecario de la RSFM como alguien muy importante para ti, pero ahora tenemos acceso a un montón de información con dos simples clicks.
Antes era más complicado, pero como tuve la biblioteca de la RSFM eso me permitió acceder a los grandes clásicos. La falta de internet se compensaba con que iba todos los martes a la biblioteca y me estaba leyendo todo lo que había. Hoy día hay tanta saturación y tantos trabajos repetitivos, que se pierde un tiempo tremendo. Entonces no había tantos libros, pero los que había eran buenos. Ahora hay mil libros, pero son casi todos iguales.
De hecho yo ya no miro internet. Esto puede parecer presuntuoso, pero ya no miro lo que hacen otros al lado. Pero no por no dejarme influenciar, ni chorradas por el estilo, no. Sencillamente ya tengo muy claro qué tengo que contar y cómo lo tengo que contar. Entonces no tengo curiosidad por ver qué se está haciendo por ahí. A mí eso ya me da igual. Yo no busco, ni miro internet, porque te vuelve loco.
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© Juan Manuel Castro Prieto
¿En qué momento te profesionalizas en el mundo de la fotografía?
Pon entre comillas lo de profesionalizas porque yo en realidad vivo de mi laboratorio y fotografío lo que me da la gana. El trabajo sólo ha sido personal. No se puede decir que yo sea profesional porque no hago encargo más allá de las cartas blancas. He hecho algo para alguna revista, pero siempre ha sido algo como muy especial que entroncara con lo que yo estaba haciendo. Y todo eso me ha dado una libertad. De hecho, cuando ya se me empieza a conocer comienzan a encargarme reportajes en algunas revistas, y empiezo a perder libertad. Hasta el punto de que dejo de hacerlos. Por eso no me considero un profesional, porque si fuese un profesional, sería un señorito que sólo hace lo que le da la gana. Y no quiero ofender a los profesionales que se tienen que ganar la vida cada día con su trabajo. Eso son palabras mayores.
Como fotógrafo, ¿eres capaz de definirte de alguna manera o me tienes que hacer un recorrido de los fotógrafos que has sido?
Yo le retaría a alguien a que me diga cómo me ve a mí como fotógrafo y a encardinarme. Es que a mí no me gusta que me encardinen. Se me ha tachado de reportero, de documentalista, de clásico. Y yo huyo de ese tipo de etiquetas. Cuando ellos creen que estoy en un sitio, yo me voy a otro diferente. Hice ‘Perú, viaje al sol’ y se me tachó de reportero. Falso. Es una mirada muy rápida y muy precipitada. Todo lo que haya de documento o de reportaje es incidental. En realidad es un diario muy personal y de una manera muy onírica. No se le puede llamar ni documental ni reportaje porque entonces estamos insultando a los documentalistas.
Después de eso saco ‘Extraños’, que es una fotografía simbólica, metafórica, muy intima, que no tiene nada que ver con ‘Perú, viaje al sol’. Pero como es en blanco y negro ya dicen “este hombre es un clásico del blanco y negro”.
Y entonces saco ‘Etiopía’ y lo saco en color… El que me quiera catalogar, que me catalogue. A mí me resultaría muy difícil. Es que no sé ni cómo definirme. Creo que soy un bicho raro. Lo que tengo en el fondo es una línea argumental.
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© Juan Manuel Castro Prieto
¿Y en qué consiste esa línea argumental?
Esa línea es ‘Extraños’. El eje que une todo mi trabajo es ése. Si vas a la exposición de Tabacalera verás que hay un hilo que lo conduce todo, que es ese componente extraño, irreal, mágico dentro de la realidad. Un componente que en algunos casos se convierte en inquietante. Incluso la foto más inocua tiene un punto en el que no está claro lo que está pasando. No me gusta que mis fotografías se lean fácilmente. Muchas veces en mis fotos hay segundos niveles de lectura que no todo el mundo ve.
Hay quien va a la exposición y dice: memoria. Pero para otros, ¿esto es memoria o son sueños, son miedos? ¿Cómo va a ser memoria un tío en un río cubierto por un sudario, o un hombre con un cordero con una mancha de pelo en forma de corazón? Eso no es memoria. Hay una parte de la exposición que es memoria y otra que son los sueños, las inquietudes, etc. Pero incluso lo que es memoria, siempre tiene ese punto de devastación, ese punto inquietante si lo quieres ver.
Estamos hablando de que no siempre se entiende una fotografía aunque en apariencia sea una imagen sencilla. ¿Qué se puede comunicar con la fotografía? ¿Qué pretendes comunicar tú?
La fotografía, evidentemente, es comunicación. Eso está claro. Y además, es comunicación a un nivel muy muy interno. La fotografía funciona a modo de resorte, a modo de un interruptor. El fotógrafo lo que hace es que mete ese interruptor para que cuando el espectador vea esa imagen, inmediatamente esté retrotrayéndose a su propia experiencia o su propia vida. De alguna manera está contando una historia, pero el receptor también la está contando. Es como cuando lees una novela y le pones imágenes.
Lo que yo pretendo es generar sensaciones, sentimientos. Esos resortes buscan crear en el espectador unas emociones, de tal manera que pueda vivir lo que está viendo. Si se queda en un primer nivel de lectura y no se mete más allá, está viendo una parte, pero no todo. Pero en ocasiones lo hago más confuso, como en ‘Extraños’, por lo que le obligo totalmente al espectador a que se invente su propia historia. Pongo dos fotografías dialogando y no queda claro lo que está pasando. Para mí tiene un sentido, pero para el espectador no tiene que ser el mismo, porque muchas veces son claves muy ocultas. Y el espectador tiene que hacer el esfuerzo de crear sus propias claves.
Eso es un poco como un test de Rorschach. Tu muestras una imagen y el lector establece qué significa.
Claro, luego tú interpretas si está loco o no, je, je.
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© Juan Manuel Castro Prieto
Por algún motivo siempre eres preguntado por cuestiones técnicas como qué cámara usas. ‘Cespedosa’ incluye diferentes cámaras y técnicas. ¿Qué valor le das a lo técnico?
Le doy el valor de lo que tú quieres plasmar, no voy más allá. Una fotografía sin concepto no es más que un ejercicio plástico, y me interesa para ponerla de adorno en una casa y ni eso. Por eso el paisaje tal cual no me interesa fotográficamente. Ojo, tampoco me vale que sólo tenga concepto. Una fotografía tiene que estar bien hecha y tener concepto. A mí el feísmo en fotografía y el arte me parece una aberración, porque deja de ser arte. Es otra cosa, un ejercicio intelectual, un desarrollo mental. Y eso no me interesa. El que lo quiera hacer que lo haga, pero a mí no me interesa.
Si yo hago fotografía, esa fotografía tiene que estar bien hecha. Respeto mucho a los fotógrafos que respetan la plástica, pero no hasta el punto de que se convierta en lo más importante. Tiene que tener los dos componentes.
Otra constante cuando se habla de ti es el hecho de que seas positivador. ¿Qué importancia le das al positivado de una imagen? Voy más allá. ¿Cuánto influye en la autoría de una foto?
Efectivamente, siempre me preguntan por la faceta de que sea positivador de los famosos. Pero para mí el positivador es una herramienta en manos del fotógrafo, y el mérito lo tiene el fotógrafo, eso que quede claro. Y cuando a mi estudio vienen los grandes fotógrafos a traer sus negativos, yo no positivo sus fotos como Juan Manuel Castro. Positivo sus fotos como ellos quieren que les positive sus fotos. Siempre se mitifican ciertas cosas y una de ellas es el trabajo de laboratorio, que no es más que técnica y habilidad. Interpretar una partitura a las órdenes de otro.
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© Juan Manuel Castro Prieto
Además, utilizas laboratorio tanto químico como digital. Hay cierta idealización del químico como proceso garantista y puro frente a los retoques digitales. ¿Te marcas algún límite?
En el laboratorio siempre se ha manipulado, cuando era químico o en digital. Hoy precisamente he estado con una placa a la que en las sombras le habían dado con opaco, y en las luces también las habían tratado. Y cuando metes la mano al ampliar también alteras. Y si utilizas una iluminación de flash, estás falseando la luz real. Pero si vas por la crítica del fotoperiodismo…
No, no me refiero a eso. Tengo claro que puede haber manipulación incluso antes de llegar al laboratorio. Pero tú utilizas todas las técnicas que necesitas, y hay quienes ensalzan unas sobres otras, y quienes ensalzan lo químico sobre el resto como marca de purismo.
Pero eso son los ayatolás que arriman el ascua a su sardina. Yo uso el blanco y negro, y el color, y el digital… Yo hago lo que me da gana y el que quiera, que haga lo que le dé la gana. Ahora bien, luego será juzgado. Puede que lo que él haga a mí me moleste. He visto exposiciones tan manipuladas con Photshop que me parecía todo tan falso que no me interesaba. Y puede hacerlo. Y así estamos todos, podemos ser juzgados por todo. Por el blanco y negro, por ser clásico o por lo que sea. Y muchas veces son un quítate tú para ponerme yo. En el fondo creo que son tontadas.
Otra cosa es que me vengan y me digan que el digital es mejor que el químico. Es una aseveración muy fuerte. Técnicamente sé lo que da una y lo que da otra. Como técnico tengo claro qué da más calidad en papel. Y si alguien me dice que el digital tiene más calidad que el baritado, le diré que deje de decir tonterías, que el baritado siempre ha dado más calidad y siempre lo dará.
Pero hay fotógrafos que trabajan con el digital maravillosamente y otros con el químico. Y hay algunos que se pasan con uno o con el otro.
Antes hablábamos de cosas que han cambiado desde tus orígenes, como era el acceso a la información. ¿Qué otras cosas hemos ganado o hemos perdido desde entonces?
Creo que se han perdido varias cosas. Una, que se reflexiona menos. Hablo en general. Pero el digital ha traído una pérdida de reflexión, porque se tira tanto y es tan barato que se dispara sin pensar. Pero no todos, que algunos hacen lo que tienen que hacer. Cuando al disparar, sabes que cada vez que hagas click te va a costar un dinero, tiendes a pensártelo. Y eso ayuda a que tu fotografía sea más limpia, porque piensas.
Otro problema es el exceso de información. Todo el mundo conoce lo que hace todo el mundo. Y eso genera una serie de líneas, tendencias, formas de trabajar que se repiten aquí, en Francia, en Perú… Cuando un fotógrafo admira la obra de gente como Anders Petersen, Ackerman, Antoine D’Agata, Moriyama, tienden a hacer la fotografía igual: oscuro, la noche, el ser humano atormentado, etc. Cuando le gustan los fotógafos alemanes tipo Thomas Struth, Candida Hoffer… te conduce a un tipo de fotografía fría, cerebral, a distancia, y los ves por todas partes. Luego están los Gregory Crewdson que escenifican… Bueno, me imagino que eso tendrá que ser así, pero produce cansancio ver las mismas líneas temáticas repetidas una y otra vez.
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© Juan Manuel Castro Prieto
De hecho te iba a preguntar sobre eso. Yo ya paso de los cuarenta, y cuando escucho música tengo la sensación de que todo lo he escuchado antes. ¿Te pasa lo mismo con la fotografía o aún hay líneas nuevas?
Todos los años aparece un fotógrafo con una línea nueva. Siempre surgen fotógrafos con personalidad, pero igual que antes. Hay muy poquitos, muy poquitos que marquen tendencia. Y ahora hay una inmensa masa que sigue esas modas. Es una cuestión más de cantidad que de calidad. Los grandes fotógrafos siguen apareciendo, y aunque pase pocas veces.
Aunque ya no estoy al tanto, de vez en cuando veo trabajos que no me recuerdan a nada ni a nadie. Gente que cuenta las cosas a su manera, y esos son los más valiosos.
Es imposible hacerte una entrevista y no hablar de Martín Chambi. ¿Hasta qué punto marcó tu trayectoria?
Martín Chambi es un punto de inflexión en mi vida. No en mi trabajo, en mi vida.
¿Por qué?
Chambi antes del año 90 era mi fotógrafo más admirado, el que yo ponía como ejemplo de lo que debería ser un fotógrafo. Una persona que, habiendo nacido en una aldea en Perú, allí a tomar por saco, llega a ser uno de los grandes de la historia de la fotografía.
Cuando descubrí sus fotos por primera vez en el año 82 me quedé fascinado porque eran fotografías que emitían luz. Unos retratos, unas fotos de grupos extraordinarios. Y en el año 90 me ofrecen la posibilidad de hacer las ampliaciones para la exposición sobre él y, además, en Perú, que era el país de mis sueños. Era mi fotógrafo más admirado, pero no mi maestro. En mi primera época tenía más influencia de Ramón Masats o Paco Gómez que de Chambi Se trata más de admiración. De hecho yo he sido incapaz de hacer ese tratamiento que él hacía de los retratos de grupo.
A raíz de ese viaje monto el laboratorio. Paso de trabajar en el Ministerio, en el Museo Arqueológico Nacional, y comienzo a viajar a Perú. Y esos viajes me cambian como persona. Y hago el trabajo ‘Perú, viaje al sol’ que supone que pase a ser también conocido como fotógrafo. Este laboratorio no hubiese sido posible sin el trabajo de Martín Chambi. De hecho hay una parte del laboratorio que es un homenaje, con imágenes suyas a la que llamo ‘Capilla Martín Chambi’, que para mí sigue siendo el gran fotógrafo.
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© Juan Manuel Castro Prieto
Cuentas que estuviste años sin mostrar las fotos. ¿Puede que la falta de reposo sea otra de las cosas que hemos perdido con los nuevos tiempos? Parece que si no has triunfado antes de los 25 o los 30 ya no tienes nada que hacer en este mundo.
Es que a lo mejor tienen razón, a lo mejor ya no tienes nada que hacer en este mundillo. Es que ahora es el deprisa, deprisa. A mí me gusta reposar los trabajos para ver si voy por el buen camino o por el malo. Si se me abren nuevas vías, ver si son factibles. Abro unas, cierro otras y el trabajo va avanzando según lo vas haciendo.
A mí estos trabajos en los que está todo definido desde el punto de partida, me parecen aburridísimos y necesito tiempo para desarrollarlos. Por eso también tengo varios abiertos, porque no podría estar tanto tiempo dedicado a una sola cosa. Y se trata de conseguir una cosa que tenga validez dentro de diez, quince o veinte años. Cada uno que trabaje como quiera, pero a mí me gusta tener tiempo.
Y tienes razón en una cosa, los jóvenes se ven tan presionados porque hay tanta tanta competencia que tienen mucha prisa por triunfar, porque como no triunfen pronto, van a venir otros ochocientos mil jóvenes que los van a arrollar. Pero también está el problema de pensar que todos podemos llegar a ser un grande de la fotografía. Hay quien lo consigue y quien no. No te puedes amargar por ello. Hay que disfrutar con el trabajo, y si vales te lo van a decir los otros.
Ves a jóvenes que con un trabajo de un año o dos ya quieren tener un libro. Yo tardé 21 años en tener mi primer libro. Comencé en el 77 y mi primer libro, uno chiquitín, en el 98. Pero hay que ser realista. Si quieres ser el Robert Frank de la fotografía española te vas a amargar. Hay que ser realista con las metas. Yo nunca he aspirado a eso. Y luego me ha llegado mucho más de lo que hubiera soñado. Yo tengo mi parte de ego, obviamente. Pero de ahí a pensar que iba a pasar a la historia de la fotografía mundial… Si pensara eso, me deprimiría cuando viera que no llego. Hay que se humilde y disfrutar.
El Premio Nacional de Fotografía, ¿para que te sirvió?
Para una cosa fundamental. Para sacar el trabajo de ‘Cespodosa’ a delante, pero de cara mi trabajo personal, sigo haciendo exactamente lo mismo que tenía pensado hacer. Lo que sí varía es la percepción que los demás tienen de ti. Eso sí. La gente te trata con otro respeto. Pero yo sigo teniendo los mismo proyectos, amigos y vida.
Si tuvieras que elegir una de tus fotos para que quedara en una cápsula del tiempo, ¿cuál elegirías?
Es que para mí, una fotografía única no tiene mucho valor. Es como un verso suelto. Entiendo la fotografía como series, como historias. Y para resumirme no bastaría ‘Cespedosa’ porque me veo también en ‘Extraños’ y ‘Perú, viaje al sol’. Uno es mi vida, el otro lo que me inquieta y el otro mis viajes y mis fantasías.
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domingo, 15 de enero de 2017

Fotografía e intención

Hay varias acepciones de lo creativo, la mayor parte coincide en hablar del proceso artístico como un asunto espontaneo cuya existencia depende por entero de la inspiración momentánea, del toque de la musa o la suerte de estar en el momento preciso para hacer el disparo que te llevará a la gloria de los galardonados. En mi criterio todo eso es completamente falso, el arte es el asunto menos ingenuo que existe, hasta los fotógrafos que pensamos ingenuos debido a su falta de educación formal dentro del área dejan de ser lo por que su trabajo está realizado en función de lo económico, asunto que mata lo espontaneo.

Desde que comencé a transitar los caminos de la imagen me preguntaba cuál era la razón para que en los años cincuenta toda la prensa del momento estaba plena de trabajos tan hermosos como impactantes , sobre todo esos que prevenían de la segunda guerra mundial, donde muchos de los grandes maestros de la imagen dejaron para la posteridad su trabajo cumpliendo la muy complicada dupla de informar manteniendo un discurso visual impecable que aun hoy a casi cien años de aquellas imágenes todavía nos sorprenden , la solución a mi pensamiento vino una tarde mientras discutía con uno se mis alumnos sobre cómo mejorar su trabajo y por cual razón la mayoría de las imágenes de la clase no servían para mucho. Para los maestros de los años cuarenta en adelante, la noticia era solo la excusa para que ellos mostrasen su pensamiento al mundo, cada imagen publicada era el compendio de la opinión muy personal de su autor, en muchos casos se trataba de denuncias pero todos son el reflejo de las diferentes sensaciones que les producían los horrores de una guerra de larga data.

En ese instante se hizo la luz y entendí muchas cosas, por ejemplo mi poca disposición para hacer trabajo social, en mi caso particular no me gustan las aglomeraciones de gente ni tener me agrada tener que vérmelas con cientos de desconocidos, mucho menos aguantarme unas cuantas horas de un espacio que si bien muchos disfrutan yo estoy trabajando y sufriendo la incomodidad de estar ahí solo por llegar a fin de mes y vaya que hacer eventos es una buena ayuda para fin de mes, sin embargo si no te agrada la situación difícilmente lograrás hacerte notar de entre el montón de gente que está esperando su oportunidad, tengo la impresión de que para ser un buen fotógrafo de bodas debes tener un cumulo grande de ganas de casarte y tener un anhelo que te haga identificarte con los novios, así cuando hagas la entrega final, los clientes que a fin de cuentas no saben mucho del asunto visual de manera consiente pero que si saben lo que quieren pues sienten el aura de energía que pretenden tener como el recuerdo de toda la vida, cosa que no sucede cuando el fotógrafo está desconectado de esa energía por la razón que fuere, igual sucede en todos los espectros del ámbito fotográfico.

No importa cuán mecánico sea el proceso, la opinión del fotógrafo siempre se cuela entre los pixeles, puede que las imágenes sean lo más perfectas posibles pero su contenido nunca será lo suficientemente completo para agradar del todo a nuestro cliente, he ahí el quid de todo el asunto, nuestro espíritu debe estar alineado con la intención de nuestro trabajo, de otra nunca jamás vamos a pasar de ser uno más del promedio y por tanto estaremos siempre relegados a alguna gaveta de la historia.

Si lo llevamos a la praxis, una vez que identificamos cual es el nicho de la fotografía que mejor nos sienta pues es algo en lo que nos sentimos no solo cómodos si no también interesados, debemos comenzar a observar con paciencia todo lo que fotografiamos, ver las potencialidades no siempre es tarea fácil, a veces toca no mirar el trabajo hasta meses después para poder apreciar en toda su amplitud lo que nos hacen sentir esas fotografías para al final lograr un portafolio coherente.

Todo eso va unido por supuesto a un profundo trabajo de investigación, comenzando por entender que en el arte lo ingenuo no existe, mucha lectura y algo de meditación para saber hasta dónde llegar con nuestras fotografías, por supuesto también hay que estar claro en que los niveles de exigencia personales deben ser lo bastante altos como para sentir que mucho del trabajo que tenemos no sirve, aunque para el lego sean fotos “bonitas” con eso no basta, en primer lugar la fotografía debe sorprender a su creador, lo otro es un valor agregado. Recordemos que la diferencia entre un artista y quien no lo es, está en que el artista solo se complace a sí mismo, el otro se debe solo a su cliente, cosa que no está mal pero que tampoco aporta mucho.  
Prof. José Ramón Briceño, 2016

@plurifotos
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sábado, 7 de enero de 2017

Murió José Sardá, uno de los grandes del siglo XX en Venezuela

Este sábado falleció uno de los más grandes fotógrafos que ha tenido la prensa venezolana el  reportero gráfico José Sardá. Tenía 87 años de edad.  Falleció en el Hospital Domingo Luciani, del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.


 Hijo de Jesús Sardá Torres y Cleotilde Pino. Hacia 1941, la familia se radica en Caracas y cursa estudios en la Escuela Federal República del Paraguay, hasta sexto grado. Primo político de Francisco Edmundo "Gordo" Pérez y de Luis Noguera, frecuenta el laboratorio de este último, donde aprende técnicas de revelado y copiado. En 1945 ingresa al diario El Tiempo; luego trabaja en El Heraldo, donde permanece hasta 1947 para pasar a formar parte del equipo fundador de la sucursal del diario Últimas Noticias en Maracaibo, y se desempeña asimismo en Noticias Gráficas, que funciona nueve meses. Posteriormente, en 1948, regresa a Caracas y es llamado por el diario El Nacional, donde su hermano, el fotógrafo Jesús Sardá, trabajaba desde 1945.

En este periódico dedica los primeros cinco años a la fotografía de información general, y desde 1953, a la gráfica deportiva, género que anteriormente había sido trabajado con excelencia por Juan Avilán y Rafael Hueck Condado. Sardá encuentra en los eventos deportivos un campo de exploración fotográfica. Son características sus fotografías donde se evidencia el momento crucial: un torero al vuelo o una pelota congelada en el momento de fugarse. En 1968 es invitado por el Comité Olímpico a cubrir las Olimpíadas de México. Ha registrado juegos Panamericanos, Bolivarianos, Centroamericanos y del Caribe, y más de 30 temporadas de béisbol y fútbol, además de disciplinas como el baloncesto, la hípica y la tauromaquia.

En 1970 realiza un curso de fotoedición en el Miami Herald. Entre 1971 y 1974 establece un paréntesis en su trabajo fotográfico hasta que es llamado nuevamente por El Nacional, para ser jefe del departamento de fotografía. Participó en diversos seminarios de periodismo deportivo en la sección de fotografía, organizados por Pdvsa. En 1988 participa en la Bienal de Artistas Consagrados (MACC). Trabajó en El Nacional hasta 1991; desde entonces realiza trabajos independientes para empresas como Banco de Venezuela, Banco República, Fundación Bigott, Unisis, Summit Comunicaciones y Laurence y Rivera, y en publicaciones como América Economía, Semana de Bogotá y el diario El Clarín de Buenos Aires.

1961 Premio Nacional de Periodismo, mención fotografía, Caracas / Mejor foto del año y mejor conjunto de cinco fotos, IND / Premio interno, mención fotografía, El Nacional, Caracas
1962 Mejor foto del año, IND
1963 Mejor foto del año, IND
1964 Mejor foto del año, IND
1965 Mejor foto del año, IND
1966 Mejor foto del año, IND
1974 Premio interno, mención fotografía, El Nacional, Caracas
1999 Premio nacional de cultura mención fotografía