jueves, 26 de mayo de 2022

Regalar el trabajo

 

Los fotógrafos del siglo XXI la tenemos difícil, toda la tecnología está pensada para que la mayor cantidad posible de clientes puedan tener el mejor aparato para hacer fotos a un costo menor, tanto que ya quienes tengan en su bolsillo un Smartphone de al menos hace cuatro años ya tiene un estudio de grabación, filmación y fotografía de bajo costo casi al instante, situación que ha traído como consecuencia no solo la perdida de trabajo para muchos, también la extraña idea de que el trabajo de los fotógrafos es algo que cualquiera puede hacer.

Aunque sea doloroso tienen razón, en principio al menos cualquiera puede tomar su Smartphone y con un poco de maña hacer el trabajo de un fotógrafo , debo admitir que me valgo de eso para sacar trabajos personales pues la cámara réflex es un aparato que llama demasiado la atención y en Venezuela llamar la atención muchas veces se paga con un asalto bien de los ladrones como de las autoridades que tienen como objeto primordial incordiar a cualquier profesional gracias a su paranoia, como si Google (y los satélites espías) ya no los espiara hasta cuándo van al baño, en cualquier caso pierdes el equipo por un descuido, en cambio con el teléfono pasas desapercibido y hasta te puedes ganar la vida vendiendo la imagen sin andar con un equipo que fácil vale cuatro veces el costo de un móvil de gama media, cosa maravillosa por cierto.

 


 

El asunto se pone álgido cuando algún despistado que a cuenta de amigo (pensando muy bien) quiera ayudarte a hacer contacto con posibles clientes y ofrezca tus servicios (de gratis) intercambiando con comida y bebida para que le hagas el trabajo a alguien que no solo puede pagar el servicio, también es un fulano importante como para utilizar el momento como una forma de ganar puntos con el que se casa, es una de las pocas ocasiones en que enfurezco por razones laborales, vaya que la cosa está difícil, el trabajo escasea pero no por eso vas a rebajarte a cobrar con comida algo que cuesta bastante más, si lo que quieren los amigos es ayudar buscar formas de limosna no es el modo.

 

Esto me ha sucedido un par de veces, gente que a costa de pensar que el trabajo de fotógrafo es una tontería piensa que es una buena idea comprometerte por comida y fiesta, así sean las Kardashian que se casan , a menos que el intercambio sea por un artículo completo con el making of y los resultados de la boda en digamos que Sony entretainment televisión o de intercambio con alguna influencer no hay modo en el que hacer fotos de gratis sea un escenario posible, eso solo queda para los afectos más cercanos, el resto que pague , además quien no gasta dinero en un servicio tampoco lo aprecia en toda su extensión , la gratuidad funciona como un gesto de amor , no de genuflexión.

Ahora bien el negocio ha cambiado muchos de mi generación (comenzamos en los años noventa)han ido mutando en sus modelos de negocio, algunos hay que se han dedicado a nuevas formas de mercadear su trabajo (mi tienda) , otros se han dedicado a la enseñanza y he descubierto que hay hasta quienes han vuelto a los procesos químicos como una forma de ganarse la vida  y aunque estoy consciente de lo maravilloso de la fotografía digital y de las muchas ventajas que tiene tener un artefacto como el Smartphone en el bolsillo  también estoy claro en que cuando te comprometes a realizar un trabajo como una boda , por ejemplo, estás forzado a sacar a relucir todos los trucos del oficio, amén de sacar todas las ventajas de las ópticas de tu cámara, hay cosas que ni tan siquiera un smartphone de alta gama hacen , que solo son posibles gracias a la conjugación de recursos técnicos más habilidad en la combinación obturación/iluminación/ISO/óptica + sensibilidad de artista para lograr el resultado, en el caso de las bodas debe ser lo más parecido a la imaginación de las novias, por lo tanto la realidad es un asunto no tocado, aunque existen mil filtros de Instagram o cualquier otra aplicación (gratis o de pago) , ser fotógrafo de bodas es todo un trabajo que en ningún caso has de cobrar por comida a menos claro que un alma caritativa te saque de a indigencia, en ese caso bien vale el intercambio por algo que además ibas a gastar de todas maneras, tampoco es que se intercambia por una cena en el Waldorf Astoria con habitación y desayuno incluido, la oferta en esos casos es de solamente lo ofrecido en la fiesta, como un invitado más, cosa que de todas maneras no harás porque debes estar pendiente de todo el proceso, así que el amable cliente que te ha invitado a su boda para que le hagas las fotos ni siquiera gasta papel porque la invitación llega previo mensaje de Instagram, seguramente enviado usando el wifi de la oficina, toda una estafa basada en la esperanza nunca realizada de que le hicieras las fotos en su boda, que seguramente cuesta no menos de doscientos dólares por invitado y son un montón.



 

En todo caso hay ocasiones en las que un intercambio sea posible, la recompensa debe ir acompañada de una ventaja igual o similar en importancia para el futuro, tampoco aplica el viaje a un sitio espectacular para regalar las fotos al contratante, él igual debía hacer ese gasto, todo el presupuesto está centrado en hacer fotografías, pero ese es su problema, si quiere un fotógrafo para mostrar su negocio maravilloso debe pagar por el servicio, en igual proporción debe pedir retribución el cliente, si no tienes al menos un par de publicaciones importantes o un millar de otras menos famosas , procura al menos que te den el alcohol que desees para poder decir que una vez te emborrachaste junto a una bella mujer viendo las luces de caracas mientras anochece desde el hotel Humboldt, de resto amigos, si tienen un oficio no regalen el trabajo, eso aplica ara diseñadores, escritores, pintores, dibujantes, artistas que quieran ser respetados, nunca jamás regalen el trabajo, además de que es maravilloso recibir felicitaciones por tu trabajo también hay que comer, cobrar excesivamente barato tanto como no hacerlo va en detrimento de tu oficio y en el de todos los que pretendemos vivir de él.

Profesor José Ramón Briceño Diwan

26/05/2022



 

 

lunes, 25 de octubre de 2021

Entre el espejo y la cámara

 


Mirarse al espejo usualmente es un acto plagado de mentiras basadas en la imagen que tenemos de nosotros mismos, por el contrario, la fotografía es el mejor reflejo que podemos obtener de nosotros, la cámara no tiene cerebro ni malicia para engañar a nadie, si pensamos en el Photoshop esos son arreglos posteriores que cada profesional hace para congraciarse con el cliente, aunque muchas veces puede ser usado para acercar la realidad precisamente a lo que su cerebro le ordena ver, la mayoría de quienes terminamos de artistas está más basado en la intención de modificar el mundo a nuestro gusto, trasmitir una idea de nuestro universo interno para compartirlo con esos otros que no tienen la habilidad (o el interés) de intervenir la árida realidad , como decía el poeta “Cosas veredes Sancho”.

Tengo que ser sincero, no me gusta hacer retratos , eso implica acercarme a la gente y por lo general la gente no me agrada mucho que digamos, sobre todo por el envaramiento natural que asumen cuando están frente a la cámara, en los casos donde no he tenido más opción (toca ganarse la vida) siempre prefiero tomar un café antes y dejar el apuro para otras cosas más importantes , hacer bien un retrato en realidad tiene más que ver con la química entre fotógrafo y sujeto que a los malabares técnicos , al menos en el caso de quienes no son profesionales, trabajar con una (un) modelo profesional es a cosa más divertida del mundo, ellos se encargan de hacer su trabajo y uno el suyo logrando una sinestesia que se ve en el material resultante, en cambio con los aficionados el trabajo es otro más complejo, no solo tienes que dirigir la sesión, también has de estar en control con lo que dices o haces y si por casualidad se desagradan unos y otros el resultado es totalmente desastroso.

Conozco a una señora de lo más bella que se empeñaba en sentirse mal consigo misma porque (erróneamente) no creía ser lo suficientemente bella además pensaba que le metía solo por obtener sus favores, luego de una discusión bastante álgida sobre lo poco que me gustaban sus fotos en redes sociales, ella por supuesto ofendida porque pensaba que se veía fea cuando en realidad lo que sucedía era que los fotógrafos no le agradaban, en todas las fotos parecía que algo le molestaba y en realidad había mucho lo que le molestaba dese un principio, obviamente quien no le gusta ser admirado (por la razón que fuere) nunca tendrá ni tan siquiera una sonrisa sincera, eso se nota, es como si cada vez que te hicieran una fotografía te obligasen a comer alguna cosa terrible que todos disfrutan menos tú. Tres horas, quince gritos y un par de mentadas de madre más tarde puse manos a la obra y monté una breve sesión de fotografía, no tan organizada (sin locación, maquillaje profesional ni vestuario seleccionado, trabajamos con lo que teníamos a mano) como debería pero en todo caso la ausencia de producción ayudó totalmente a lograr del trabajo, luego la obligué a acompañarme en el proceso de postproducción para que viese que no uso filtros ni más intervención que la de mover algunos valores para dar preponderancia a los colore del entorno, un retoque mínimo a las imperfecciones producto del clima, es de mostrar gente sudada en una foto bien vale en un los deportes pero en un retrato es casi ofensivo.

Dos horas después de la discusión y al calor de un café tinto la señora no podía creer cuan bella se ve en los retratos por primera vez en años salía sonreída con ganas en una foto, sus ojos brillaban y toda su belleza salió a flote sin más esfuerzo que hacer una buena química con el fotógrafo , sin presión ni producción, solo dejarnos llevar, por supuesto hubo que hacer algo de dirección pero sin apuro ni poses forzadas, el tiempo que tuviese que dedicarle se le dedica y de ese simple trabajo salió una mujer diferente que por primera vez se dio cuenta que en realidad es bella, que no se necesitan grandes cosas para serlo y por costumbre del oficio sé que para ser bonito hay primero que creérselo, además sentirse cómodo frente a la cámara es determinante para que la foto funcione. Ahora cada vez que discuto con la misma señora le muestro las fotos y se acaba la pelea.

No soy psicólogo, psiquiatra ni nada que se lo parezca, lo más cercano a eso son unos lejanos recuerdos de algunas materias que vi en la universidad pero el oficio prima sobre la teoría , ser o no fotogénico no tiene absolutamente nada que ver con el físico , realmente tiene que ver con cómo se siente la modelo ante el extraño que la apunta con un aparato gigante , que en mejor de los casos solo sostiene un trípode pero que bien pueden haber un par de asistentes más unas cuantas luces apuntándola, eso atemoriza al más pintado, ahora si junto a la parafernalia los profesionales se dedicasen a conversar con la modelo haciendo que se sienta cómoda consigo se obra el milagro, menos Photoshop y más confianza debería ser el mantra de los fotógrafos.

De hecho hay estudios psicológicos que aseguran que la fotografía sirve como herramienta terapéutica, verse sin los filtros del cerebro ni los otros (exagerados) de las cámaras móviles el asunto es sentirse cómodo y al final es el mejor espejo, verse y mirar-se son coas que solo comprendemos cuando entendemos que verse bien o mal es solo cuestión de actitud.

Profesor José Ramón Briceño

24/10/2021 



lunes, 7 de junio de 2021

Fotográficamente perfecto o fotográficamente suficiente, he ahí el dilema

 La fotografía es un quebradero  de cabeza, tanto que parte menos complicada es la técnica que dicho sea de paso no es muy simple que digamos, así nos empeñemos en simplificar a técnica hasta reducirla a un cumulo de fórmulas aproximadas que permitan hacer cálculos de exposición estandarizaos que luego pueden cambiar si hacen el disparo en RAW o para componer en HDR dejando que el artilugio digital haga todo el trabajo hasta reducir la intervención humana si acaso en el proceso de composición y encuadre, pero todavía así quien quiera mejorar debe comenzar a pensar en la imagen y  no en la técnica, esta debe ser un acto reflejo para dejar paso al análisis de la luz para calcular a vuelo de pájaro el encuadre, buscar el ángulo correcto o simplemente renunciar a la tarea cuando no existe modo posible de afrontar la imagen con una luz al menos suficiente para el destino de la imagen, por suerte ahora los equipos tienen la posibilidad de variar el ISO hasta niveles inauditos para quienes venimos del proceso analógico más por flojera que otra cosa, personalmente detestaba el proceso de revelar negativos, si había que forzar la emulsión tanto peor porque necesitaba un tratamiento especial , químico frio a una dilución determinada y mucha paciencia para hacer el procedimiento de modo correcto ante la imposibilidad de repetir la toma, los rollos eran caros como para andar desperdiciando película, así llegue a usar película monocromática que podía ser revelada por proceso C-41, solo para saltar directo a la copia, los laboratoristas también comían así que debía dejarles algo, ahora es cosa de un dial, puedes combinar distintos ISOS a cada imagen, la puedes ir checando mientras encuentras la sensibilidad ideal para la luz existente tan rápido como tu instinto lo diga, antes estabas preso a un solo ISO por lo que debías adaptarte sin inventos, solo con ese adelanto ya tenemos para agradecer lo digital .

En fin, las posibilidades de la fotografía digital son innegablemente superiores a las de lo analógico, en cuanto a comodidad de trabajo , ahora en la depuración del ojo pareciera no haber contribuido mucho, en analógico al menos debíamos intentar ser precisos, llevar un sistema de ensayo y error , teniendo claro que cada equipo tiene una respuesta específica, jamás será la misma medida de luz entre un Nikon y una Minolta , por lo que primero debes aprender a conocer tu equipo para sacarle el mayor provecho, empezar a pensar en el resultado del disparo, evitando perder película porque en el mejor de los casos debes rebobinar y cambiar la película , ese tiempo a veces determina que pierdas la foto que buscas (ley de Murphy omnipresente y todo poderosa) , como si fuese poco debías esperar para ver si todo había salido bien, siendo muy descorazonador lanzar negativos a la basura  todos pasamos por ahí más de una vez , ante el desconsuelo surge el ánimo revanchista solo para poder hacerse llamar fotógrafo , el ego es cosa seria, una vez que medio dominas la técnica entonces viene el trabajo serio, asumes distintas responsabilidades y para medirse entre tus iguales o ganarte el derecho de asegurarlo se inventaron salones, exposiciones y concursos donde se evaluaban distintas formas de ver el mundo, solo quedar expuesto en el mismo espacio de los que considerabas los grandes del momento ya tenías suficiente para sentirte orgulloso, si ganabas tanto mejor, aunque en mi caso particular ya quedar era bastante.

Todo aquello vivido obliga a ver las cosas con más detalle, entre las muchas  que uno piensa es por cual razón los fotógrafos venezolanos realmente talentosos parecieran ser solo vistos en el resto del mundo, así hoy sé que el archivo de Luis Brito está depositado en un museo de Colombia mientras que otra gloria como Boulton está en los archivos de la fundación Getty en USA y los únicos premiados con altos galardones son reporteros gráficos (Pulitzer y World Press)  , no en la categoría de ensayo, fue por imágenes puntuales, fantásticas pero entre sacadas con pinza.

A finales del siglo XX y principios del XXI hubo un repunte de las publicaciones impresas que  trajo algunas cosas interesantes, hasta se intentaron franquicias de revistas para adultos donde (como no) las paginas eran adornadas con los cuerpos  de modelos espectaculares , incluso hubo una Playboy Venezuela, todas con trabajo de fotógrafos nacionales, sin embargo todas quebraron , posiblemente por la muerte de lo impreso ante la novedad de lo digital que gratis y de modo totalmente privado ya tenías acceso a un sinfín de porno, no creo que ningún heterosexual del planeta vea primero los artículos y a las modelos de último, o las utilizara como recurso poético para las noches solitarias o los matrimonios aburridos, cierta vez en una reunión entre amigos veíamos un número de Playboy Venezuela , por supuesto era una reunión de lomos plateados aullando cada vez que una de las modelos mostraba su anatomía portentosa, hasta que osé decir que eran muy malas fotografías , uno de los amigos se volteó para decir si a ciencia cierta era más importante el culo o la técnica, en todo caso la mujer era bellísima , lo demás sobraba.

Por supuesto jamás volví a hacer mención del tema pero es que en realidad todas las fotos eran malas, plenas de mal gusto, peor iluminadas y para nada había más espíritu estético que mostrar la belleza femenina, vale que una modelo desnuda es un espectáculo en si misma pero tampoco se vale desaprovechar la oportunidad de la vida para terminar publicando un trabajo que parece hecho por un foto estudio de pueblo que pretende hacer retratos de embarazadas imitando malas formulas pero que sorpresivamente tienen publico aun cuando son fotos espantosas, creo que a nadie le da vergüenza pero son otros tiempos, el asunto es que al parecer a nadie le interesaba mucho  hacer algo fotográficamente digno más allá de lo fotográficamente suficiente , por eso la fotografía erótica criolla no parece haber superado ciertos tabúes, eso es solo un ejemplo. En el caso de Playboy podemos asegurar que unos cuantos maestros han hecho de esta una referencia obligada, el cuerpo femenino da para mucho más que hacer una vitrina, es tan importante el registro visual organizado por esa publicación que hoy día podemos ver en muchos trabajos la impronta de muchas imágenes publicadas en sus páginas, acá pudo haber hecho algo similar, imaginemos por un segundo a Fran Beaufran publicando un portafolio de desnudos inspirado en el miss Venezuela solo por nombrar uno o algo similar a lo que hace la revista Soho de Colombia , pero en cambio se decantaron por la manera más sosa de mostrar su trabajo, no sé si es por mojigatería nacional que hace que los osados sin pretensiones estéticas sean los únicos o  por algún motivo económico, es una investigación que debo hacer.

A pesar de que el ejemplo con publicaciones eróticas no sea el más aconsejable, creo que basta para dar una mirada a la tradición, a pesar de que en años anteriores hubo profusión de escuelas de fotografía parece que faltó discusión estética como para presionar al medio a buscar salidas que nos dejasen mejor parados en el ámbito latinoamericano al menos, dejar de ser discipulares para comenzar a buscar una estética propia que no se decante por la vulgaridad o el discurso plano que por rebuscado no significa que esté mejor planteado, lo que no se entiende tampoco existe al menos intelectualmente hablando. En mi país desde hace años hay una crisis que nos ha reducido a un estado semivegetativo donde lo único importante es la supervivencia, eso ha dejado el mercado del arte peor aún de lo que jamás estuvo, por supuesto la fotografía como acto de galería ha muerto por inanición, comer es más importante que todo lo demás; así que entre exilios e imposibilidad de asumir el extraordinario gasto de organizar ni siquiera un encuentro donde discutir asuntos no indispensables como esto de la estética , puedo pensar que la academia ha muerto, sin embargo eso no es del todo malo, la ventaja de la contemporaneidad es que todo el mundo tiene un aparato que hace fotos relativamente buenas , además hay vitrinas de sobra, gratis e inmediatas donde mostrar tu trabajo sin necesidad de hacer más gasto que el intelectual, entonces es el momento perfecto para que la enseñanza de la fotografía explote, de olvidarnos un poco de la tecnosofía para centrarnos en lo  que realmente es relevante, la imagen y todo lo que en ella se puede incluir.

Tener una visión de país que cumpla como testigo mudo de la época siempre cambiante, hacer del asunto fotográfico una cuestión de discurso y no de física básica (todo el oficio puede reducirse a física aplicada) , creo que es el momento perfecto para comenzar a buscar otras cosas en nuestro realidad , la fotografía venezolana debería comenzar a encontrar su espacio propio, emprender proyectos que documenten todo eso que vemos como excepciones pero que en realidad existen, como país deberíamos comenzar a considerar buscar la realidad desde detrás de las cámaras, olvidarnos un poco de lo real para comenzar a pensar en idealizar, eso no solo es embellecer, a veces resulta en todo lo contrario, solo que debemos hacerlo con el sentido de los estético olvidándonos de esa necia excusa de lo urgente, capitalizar el ambiente transformándolo en bites que vayan intoxicados por nuestra visión, logrando en cada foto una toma de posición y no la del espectador ausente.

En este sentido y como ejemplo imaginemos por un momento que el Maestro Nelson Garrido hubiese sido la estrella de cualquier número especial de Playboy, le hubiese subido varios niveles a la publicación, Luis Brito, Pérez Luna, Aníbal Camejo, Roberto Mata solo por nombrar algunos que merecerían una oportunidad , aunque en el caso de Pérez Luna pudiera sonar alocado, los maestros pueden sorprender, todos comenzarían por empezar por entender cuál es su idea de la femineidad , por ahí ya la cosa prometería.

Prof. José Ramón Briceño Diwan

10/01/2021

 


 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Reflexión fotográfica

 


Hace poco fui invitado a discutir sobre fotografía por un grupo de WhatsApp, al principio la dinámica me chocó porque estoy acostumbrado a las discusiones de viva voz y regadas con algún alcohol, así que utilizar el teléfono es algo a lo que tengo que acostumbrarme, por otra parte mi senil IPhone no permite grabar mensajes de más de 10 segundos de duración (si alguien sabe cómo alargarlo por favor dígame), la pregunta más difícil que se hizo en el grupo fue ¿Qué es la fotografía? Y la otra demoledora ¿Qué puedes aportar a estos nuevos  movimientos?, por un momento me sentí un personaje de Bolaños en “Los detectives salvajes” que con su primera frase hace que caigas rendido ante la sorpresa  “He sido invitado a formar parte del realismo visceral por supuesto, he aceptado”. El grupo de amigos es de vieja data, son personas que conozco desde hace  al menos veinte años y son gente curiosa además de inteligentes, suficientes méritos para que cualquier iniciativa valga la pena, sobre todo en este intento de revivir las conversas que sosteníamos hace muchos años, solo que ahora van blindadas por la academia pues nadie rebate sin haberse documentado antes, todos con renombre en sus respectivas áreas y lo mejor es que son personas que se han obligado a replantear los conceptos en base a la necesidad de evolucionar.

Las dos interrogantes propuestas son interesantes, comenzaré por intentar responder ¿Qué es la fotografía? , siento que hay una respuesta tan universal como insuficiente, puedo decir que la es un proceso fotosensible mediante el cual copiamos la luz para convertirla en imágenes que compartiremos de alguna manera, aunque es tan insuficiente como intentar explicar el amor solo como una cadena química, dejando en el olvido diez mil años de poesía por rendirnos ante la certidumbre absoluta de la ciencia. En principio eso es, sin embargo las aplicaciones son las que cambian su significación (más no su significado) , puede ser un medio o un fin, para el fotógrafo de eventos sociales o publicidad, simplemente es una forma de sustento cuyo ingrediente de satisfacción es tener el cliente feliz pues cumplen con sobrados méritos el encargo,  también están los funcionales , esos de foto carnet o cualquier  otra forma destinada a fungir como prueba documental irrebatible previa comprobación, nada, se hace el registro requerido y continuamos porque lo importante es otra cosa, el asunto se pone complicado cuando hablamos del arte, en este casi su funcionalidad cambia por mutarse de un medio a un fin, aunque pudieran confundirse si el artista se gana la vida con su intelecto por lo que nos hacen pasar como imágenes documentales algo que visto en perspectiva se acerca más al ensayo, se aborda un tema desde la arista más lejana y para concluir con algo demoledor, la prueba la podemos encontrar (por ejemplo) en la obra de Brassai que retrató a París de noche haciendo de un documento algo sublime, Cartier-Bresson y su momento justo, en todas sus imágenes ahora icónicas estamos ante la presencia de una toma de posición que nos señala cuan malo es eso que está sucediendo y desde la escala de grises (inexistente en lo natural pues vemos en colores) hace patente la cruda tristeza de una guerra para muchos lejana pero que tomó corporeidad cuando los periódicos publicaban sus relatos apalancados en las imágenes de aquel maestro , en otro ámbito más cercano en el tiempo podría hablar de   Mapplethorpe , que utilizó la fotografía para gritar al mundo cuan rebelde era dentro de su faceta de elección sexual, comenzando por dar cuerpo a una idea , más recientemente y para estar acordes con estos tiempos podemos englobar a quienes hacen eso que llaman StreetPhoto , que retratando sin recurrir a montaje alguno, todo a fuerza de luz y sin los recursos técnicos de las DSLR logran también dar cierto matiz artístico al caos de las ciudades del mundo.

Al plantearse la fotografía como un medio, se me ocurre que deberíamos tratarla como cualquier otro discurso artístico, asumiendo la fotografía una forma de acercamiento al arte, un instrumento para comunicar a través de una composición que  por regla inalterable ha de imitar alguna de las formas en que vemos el mundo por nuestros ojos, como herramienta para sublimar la realidad hasta desdibujarla bajo la patente de corso que hace pasar la ficción como parte de algo probable, cada vez que hacemos click, inventamos ficción, cada vez que alteramos los controles de la cámara (la que sea), desde escoger la luz perfecta que se puede lograr con el móvil es tan solo tocar la pantalla en el punto preciso, con una réflex es apuntar hacia allí bloqueando la función de medida en el punto exacto donde existe la lectura casi perfecta según el resultado buscado , esto afecta el producto de formas dramáticas que por lo general convienen con lo que del mundo imaginamos, así tenemos potentes cielos azules de este trópico cuando en realidad es tan fuerte que nuestros cerebros ven un campo resplandeciente.

Imaginemos estar en una blanca playa tropical (acá eso es absolutamente normal en cualquier momento del año) a las tres de la tarde, por asuntos de la vida solamente tienes posibilidad de hacer una foto mirando hacia el oeste, tendrías el sol casi de frente, razón por la cual no se pueden admirar correctamente los colores, sin embargo como estás a la sombra eso no importa mucho, hasta que sacas la cámara o el móvil, enseguida el asunto cambia porque el primer impulso es el de buscar como ocultar el sol, entonces mejoras la visión, pero mejor haces un encuadre distinto, quizás en ángulo e inclinando un poco el lente hacia arriba para dar la ilusión de amplitud que un encuadre recto no presentaría, mides entonces tu luz en las nubes que son un tono más intenso que el cielo pero además apenas medio diafragma más blanco que la arena, aparece entonces un cielo azul solo visible a los ojos de la óptica al igual que unas nubes con textura y un mar moviéndose abajo en casi todos sus colores, sin hablar de la gradación de azules que usualmente tiene el horizonte marino, ese del azul pálido en la línea del horizonte hasta el profundo del cenit, lo compartimos por las redes sociales y solo con la combinación de tonos brillantes recopilarás likes de desconocidos que en su mayoría se hacen una idea de tu día en base a su conocimiento que en casi ningún caso se parece a las razones reales de tu viaje al mar, por lo que estamos en presencia de varias ficciones moviéndose juntas, la del color, la composición, el encuadre y la traducción de la imagen a los espectadores, desde el que se tiene que imaginar este clima, el que lo recuerda con cariño, el que lo cree imposible o el que desea conocerlo, todo desemboca en evocaciones o invenciones que hacen agradable la contemplación de esa imagen, por tanto estamos ante el caso de un creador de ficciones, que en vez de escribirlas las recrea.

La fotografía en sí misma es un recurso técnico nada más, así esté impresa, una vez robados los segundos a la realidad, el producto, una vez impreso y desvinculado a su autor, pasa a ser algo impreso que comienza a formar  parte de otro todo que requiere otra discusión para (intentar) ser abordado con alguna posibilidad de éxito, retomando algunos axiomas que usábamos para justificar el gasto de una exposición sin esperanza de ventas, si la foto no está impresa, no existe, el artista es lo que muestra, aunque en estos tiempos eso es discutible gracias a las mil plataformas digitales donde se pueden alojar las imágenes por tiempo indefinido , igualmente mientras no estén impresas son susceptibles de desaparecer en el éter de los archivos borrados por cualquier cosa, desde un apagón súbito que queme los circuitos hasta un virus malicioso que se coma el disco duro, con las copias es más sencillo mantenerlas a resguardo con la posibilidad de ser descubierto alguna vez, en digital una vez borrado desapareces del todo, esta es una posibilidad más cercana que un incendio.

En cuanto a los aportes, eso es problema de la crítica, uno con investigar los procesos, estar en constante investigación, hacer reflexiones sobre nuestro trabajo como si juzgases a tu peor enemigo, sin contemplación ni piedad, para buscar superar la pregunta, generar dudas, mostrar una problemática y jugar con los hitos visuales con el fin de hacer más nutrido el significado de la imagen, donde si una palabra puedas generar múltiples mensajes que pueden tocar cualquier fibra sensible haciendo gala de la ars poética necesaria para hacer, dentro del discurso estético, cualquier planteamiento bajo el esquema que bien le vaya, lo panfletario tiene fecha de caducidad por pertenecer a la propaganda, lo poético se abre a la interpretación, lo que da una amplitud menos mezquina para la función plurisémica que ha de tener toda representación artística, es decir, una composición estética impecable, tanto que no importe mucho que el espectador no informado se rinda ante la imagen, el informado además le otorgará otras formas de interpretación que completen la decodificación que necesita el artista para  sentirse feliz, esa dupla que en lingüística hablaríamos de significado/significante pero que en la imagen precisaríamos como niveles de interpretación semántica , es indispensable para poder hilar mensajes elaborados que llamen a reflexión al espectador, muevan conciencias, haga un aporte discursivo a la larga retórica de la historia siempre  en movimiento.

Haber llegado a finales del siglo XX no me da en ningún caso potestad alguna para pensar que  llegué a la fotografía con más antelación de lo que lo hacen los jóvenes que hoy se inician, quizás me da un poco más de experiencia por aquello del trabajo, sin embargo igual llegué 130 años tarde, si hablo de la perspectiva de hacer aportes a un arte naciente, si lo ponemos en los términos de los fundamentos estéticos de la imagen ya puedo hablar al menos de dos mil años tarde , hacer aportes más allá de lo que existe lo veo complicado, a lo mejor llega alguna luminaria y puede, yo apenas puedo aportar la mirada, de lo otro que se encargue la crítica si es que algún día existo para ellos, si no pues tampoco es que importa tanto, si ya nadie recuerda a los científicos que ganaron el premio Nobel en el año 1978, mucho menos se acordaran del hijo de Thais Diwan muerto en algún momento antes del siglo XXII , bajo esa premisa voy disfrutando de la ruta lo más que puedo. No tiene sentido estresarse por asuntos del ego, una vez que nos desprendemos del lastre que presupone defender una parcela que al final ni siquiera te pertenece, en ese momento, el viaje recién comienza.

Prof. José Ramón Briceño

05/11/2020



miércoles, 4 de noviembre de 2020

La fotografía y el ruido de fondo


Cuando era profesor  preguntaba a mis alumnos cual era la razón por la que hacían fotografías, no eran pocos los que alegaban buscar un medio de expresión, las primeras veces que hice esa pregunta esperaba una respuesta contundente, al poco tiempo desistí de tener expectativa ante la contesta y terminé por volverla parte del ritual del primer día de clases, algo así como las fórmulas de cortesía que uno utiliza con ciertos compañeros de trabajo cuando no hay más opción que ser amable, uno sabe que le interesa muy poco la respuesta sin embargo, con una sonrisa lo más sincera posible hasta contesta con una muestra de interés que de tanto fingir ya parece sincera, eso sucede sobre todo en el caso de los alumnos de universidad, son tantos que no creo que ningún profesor los recuerde a todos, por tanto alegar interés genuino tampoco es muy sincero que digamos.

Por suertes de la vida jamás he podido dar una clase de literatura, la esclavitud de la hoja de vida siempre determina que los contratantes serios se decanten por el área de más conocimiento, al menos según los respaldos que guardo en un maletín bajo mi cama, estoy casi seguro que entre aspirantes a escritores la respuesta ante esa duda sobre las razones por las cuales buscan saber un poco más sobre el oficio sería no solo más sincera, también llevaría el tema de conversa por relatos más interesantes que los expresados por los fotógrafos bisoños, quizás lo peor sea saber que muchas veces los más experimentados sufren del mismo mal. La razón es simple, en la mayoría de los casos son seres visuales que asumen la imagen como un prodigio única y exclusivamente debido al manejo de la luz, los recursos técnicos y hasta los rituales de procesamiento en su computador, como además muchos son alérgicos a la lectura aparentemente les cuesta  asumir que la verdadera imagen no la fabrica la cámara, es un reflejo absoluto de los procesos de pensamiento de su autor, no tener eso claro es como imaginar que un poseedor de una computadora cuántica pueda ser mejor escritor por tener la mejor pc.

Una vez comprobado que el oficio del fotógrafo (al igual que el de escritor) es una suerte de ejercicio que termina por ser la manera menos impúdica de andar desnudo en público, la manera de percibir el oficio cambiaria totalmente, la fotografía hoy parece ser un asunto de tecnósofos consumados que asumen el hecho fotográfico como un malabarismo técnico que les permite utilizar lenguaje de iniciados para impresionar incautos,  sin tener en cuenta que hasta la ausencia de profundidad en el discurso visual es el reflejo fiel de lo que sus deseos, dudas, esperanzas o búsqueda intelectual se cruce por su cerebro al momento de mostrar la imagen, he ahí la razón básica de que nunca queden en ningún salón (competencia artística) importante y si revisan sus currículos solo exponen invitados por amigos o patrocinados por ellos mismos. El asunto reviste alguna complejidad cuando abordamos el tema discursivo desde la teoría pues esta es extensa y tiene una tendencia bastante marcada a complicarse a través de los enrevesados caminos de la explicación de fenómenos tan complejos como el pensamiento, sobre todo cuando estos nacen de un reflejo condicionado por la experiencia, algo así como explicar el amor desde  la óptica filosófico científica de algunos autores.

Filtrar el pensamiento en el trabajo es cuestión de dejarse llevar, comenzar a proponer posturas personales ante los objetos (sujetos, paisajes o cualquier otro motivo) fotográfico, por ejemplo, si el fotógrafo es de esas personas que se sienten incomodas entre desconocidos, tanto más si los eventos son tan emotivos como los matrimonios, difícilmente podrá destacar entre los otros fotógrafos que disfrutan del evento tal como si fuesen participantes y no los empleados de registrar el acto. Mi primer trabajo como fotógrafo fue el de ser asistente de iluminación de un fotógrafo quien tenía tal gusto por los eventos que hasta lagrimas soltaba de vez en cuando llegando incluso a ser víctima de mis burlas reiteradas ante tal actitud ya que jamás he podido emocionarme, de hecho en las fiestas de bodas lo que me interesaba era precisamente eso que no se vende, los borrachos felices, los enamorados de una noche, las expresiones desgarradoramente evidentes de novias incómodas y todo eso que formando parte de la naturaleza de cualquier evento usualmente no se retrata por ser ajeno totalmente a los recuerdos que quieren guardar, muchos años más tarde, una noche de pensamientos introspectivos encendí mi pc para revisar los archivos de bodas pues a pesar de todo trabajo es trabajo y toca ganarse la vida, luego de una revisión descarnada e implacable terminé estando ante unas imágenes bonitas, bien encuadradas, en el color justo, las escenas precisas pero tan frías, distantes, con la misma emoción de una cámara de vigilancia que decidí nunca más fotografiar bodas pues no siendo malas tampoco están a la altura de lo que busco, sentí que estafaba gente.

Sin embargo los fotógrafos que disfrutan de los rituales, esos que supuran romanticismo serán exitosos siempre pues estarán en sintonía con las novias que al final es lo más determinante, lo mismo aplica para otras muchas variantes de la fotografía donde esa impronta de la imaginación otorga pequeñas diferencias que terminan siendo la marca distintiva del éxito en su oficio. En otras áreas más complicadas, como la artística, la libertad es total, no se responde a más canon que la habilidad técnica para resolver los problemas que supone la construcción de la imagen, de hecho la mayoría de los maestros que conozco basan su técnica obviando el asunto tecnosófico pues no están interesados en hacer malabares, simplemente se contentan con que su visión esté fielmente retratada y listo, tanto así que jamás he escuchado a ninguno hablando de Raw, filtros digitales, plugins de Photoshop, la maravilla de Ligthroom ni nada por el estilo, la cosa es la imagen que lo demás son florituras que sobran, esto permite concentrarse en la visión, dejar que la emoción fluya en esa combinación de obturación , diafragmado, encuadre y enfoque, luego pensar en cómo someter el archivo a la manipulación necesaria hasta lograr una imagen que duplique la mirada imaginada, lo importante en todo caso es intentar contar historias recurriendo a los recursos que  permiten las múltiples posibilidades de la imagen.

La forma más sencilla es buscar explicación a todo, tomar posición sobre los temas, escoger el área donde te sientas más cómodo y sobre todo aprender en profundidad la técnica hasta convertirla en un reflejo condicionado para nunca jamás volver a pensar más que en cómo llenar tu visor con imágenes que cuenten el principio de una historia, dejando a los programas de “revelado” digital la tarea de completar ese discurso, de ningún modo debe estar construido en base a malabares tecnológicos, estos al igual que los software deben apoyar no ser parte del discurso, ese detalle hará de la fotografía un documento visual en vez de ese ruido de fondo que de tan común ya ignoramos.

Prof. José Ramón Briceño

27-08-2020