miércoles, 11 de marzo de 2020

Elogio a la fotografía móvil




Hay quienes se lamentan por la masificación de la fotografía, conozco muchos a quienes la nostalgia los tiene tomados por un ala y rememoran los procesos químicos como la época dorada del oficio, hay países donde la economía permite a los nostálgicos trabajar aun con película, papel y químicos, tener laboratorio propio y deslumbrar a todos con explicaciones sobre la mecánica de la luz , aunque tengo que reconocer que tengo una profunda envidia con los que aún se puedan dar esos lujos, también debo aceptar que hay otras expresiones fotográficas que se acercan mucho a la perfección sin tanta alquimia , ópticas costosas ni malabares de valor para mostrar su pensamiento, como alternativa válida para compartir su visión del mundo.
Claro, no todo es belleza, también hay mucha foto insustancial, excesiva cantidad de álbumes familiares plenos de imágenes que solo interesan a los involucrados y que terminan siendo solo ruido visual que opaca de alguna manera la valía de las no tan pocas (afortunadamente) fotografías dignas de ser admiradas, hablo de la fotografía móvil. Aún siguen existiendo equipos ultra sofisticados que permiten hacer imágenes arrebatadoras con toda la gama de posibilidades que ofrece al fotógrafo tener equipo réflex sin tener que preparar químicos, hacer tiras de prueba, utilizar filtros ni apestar a laboratorio por horas, solo encender el ordenador y utilizar el software de retoque de tu preferencia , obviamente si te gastas miles de dólares en equipo lo menos que puedes ser es bueno en tu trabajo, ahora, trabajar con el móvil sin tener gran equipo a cuestas, utilizar los limitados recursos de procesar tus fotos con el aparato y aun así hacer una imagen interesante es un desafío, porque entre otras cosas un equipo réflex permite hasta sectorizar la medida de luz en un metro cuadrado de la escena en cuestión de milisegundos, para que la composición tenga la luz base en perfecto equilibrio o cuando  menos no muy alejado para obtener la atmosfera deseada, en la mayoría de los móviles este cálculo es menos preciso y los tiempos de respuesta son impredecibles por lo que  toca, en un momento dado,  construir la técnica de toma en  un asunto intuitivo, solo levantar el teléfono y hacer la foto, no hay posibilidad de usar ningún recurso de los muchos que usan los fotógrafos profesionales en su trabajo diario, esos que hacen bracketing (ahorquillado según el manual de mi última Nikon) a nueve cuadros por segundo para que la ruleta de las combinaciones diafragma/velocidad de obturación sea más benévola cuando selecciones tu imagen final, las otras fotos tampoco se borran no vaya a ser que más adelante encuentres inspiración para encontrarles uso.
Hacer fotos decentes con el móvil requiere un reconocimiento extra, aunque como regla general los fotógrafos de móvil tienen un registro caótico de su trabajo pues su trabajo termina en sus redes sociales sin más orden que el día o su ruta, también es cierto que muchas de esas, sobre todo las que se asumen como fotos de calle (StreetPhoto) contienen registros que se pueden designar como documentales, aunque muestran cierta candidez por su tono, y en algunas ocasiones forman parte de la deriva creativa de muchos(leer a los surrealistas franceses de principios del siglo XX). No hay planificación, justificación y quizás ni siquiera intención más allá de la estética, aunque sea solo un fotografiante (Wilson Prada Dixit) que sin saber expresa una visión de las calles más cercana a la sinceridad que si un documentalista armado de su cámara de cinco mil dólares equipado con lente subsónico de óptica de cristal ultra ligero, súper luminoso, los angulares, teleobjetivos y sensor de ISO 24 mil sin ruido quien solo por lo atípico del equipo difícilmente pueda pasar desapercibido,como si sucede con alguien que saque un móvil de cien dólares, tan común como el farol de la calle por lo que tampoco llama la atención.
Esa capacidad de no existir es lo que hace el StreetPhoto algo bastante particular, retratar las múltiples realidades del mundo y poderlas ver como cosa normal, cuando menos a mí me hace reconciliarme con el mundo, entre tanta fealdad cotidiana o hermosura producida con aires de artificialidad nos tropezamos con realidades sacadas de la cotidianidad, misma que por lo general nos mantiene insensibles debido a considerarla tan común que no merece la pena. Históricamente los fotógrafos pasamos por una suerte de engreimiento necesario debido a la auténtica y muy loable defensa del oficio, eso se refleja en la capacidad real de valorar  a otros según el equipamiento que utilice , por tanto es normal pensar que un fotógrafo tiene necesariamente que utilizar la última generación de equipos que presenten la gama de posibilidades más altas, perfectas y sobre todo costosas para poder considerarse fotógrafos, sin caer en cuenta que el oficio de la imagen es quizás el más amplio y democrático de los oficios pues tu fama será directamente proporcional a tus capacidades, no se necesita ser licenciado, doctor o ingeniero para ser fotógrafo , por otra parte si el asunto lo definimos como el arte capaz de hacer el milagro de conectar al espectador mediante el artificio de contar historias codificadas en una imagen, entonces califican hasta los que hacen foto carnet, ahora si de lo que hablamos es de calidades entonces ganarse el pertenecer al oficio es solo asunto de imágenes acertadas y estéticamente compuestas , entonces no hay problema en reconocer a muchos fotógrafos que usan el móvil como pertenecientes al gremio .
El artificio no hace maestros, si acaso ilusionistas , la historia bien contada con el matiz de tu preferencia, el documento histórico casualmente construido de modo estéticamente justo con la situación, el paisaje apabullante, la mujer hermosa, el pensamiento conceptual bien mostrado en cualquier soporte convierte a muchos en maestros , aunque como toda democracia igual tienen que convivir con millones de insulsas imágenes como consuelo para espectadores de limitada imaginación (o sensibilidad ,que igual aplica)  necesitan de fotos preciosistas y anodinas como su propio intelecto.
Solo quienes tienen opción pueden ser calificados de valientes, en el caso de los fotógrafos , la valentía la obtienen cuando han escogido entre recurrir al complicado y fácil uso de los equipos con toda clase de ayudas técnicas para lograr comunicarse con el universo o rendirse ante la compleja simpleza de su cotidianidad para mostrarla dentro de su visión distorsionada por el ánimo de esconder las formas de la ciudad bajo el disfraz del segundo robado, esto es un acto de valentía debido al incierto resultado de muchas tomas, el sol, el movimiento del sujeto, el contraluz, la óptica, baja luz, equipo poco sensible y cualquier otro de los limitados equipos móviles , en cuanto a enfoque y medición de luz , con los que aún no hay escapatoria. Por supuesto no pretendo negar la necesidad de equipo especializado para el óptimo desempeño para la faceta del oficio que desarrolle pero si el asunto se queda en el anhelo (y logro) de mostrar su personal visión del mundo desde la simpleza cotidianidad, eso que es parte del ritual diario de revisar el aparato cada tres segundos a ver con cual asunto se descompone o acomoda el día , hablar con propios y extraños , junto con todos esos tics sociales que acusamos casi todos los humanos por culpa del tedio inducido para olvidarnos de la realidad circundante , que como elementos dinamizadores del anhelo de compartir su visión con los mil tonos con los que las muy producidas publicaciones webs adornan sus sitios digitales , es complicado no pensar que eso a su vez condicione a unos cuantos a mirar por medio del móvil , inconscientes de que su acto (casi reflejo) es una respuesta inmediata a lo que su móvil lo expone por lo que podríamos deducir que el streetphoto puede ser reconocida como un espejo fiel de la realidad intelectual del planeta entero, seguro en alguna parte ya los técnicos de Adobe han desarrollado un software que interpreta el posible significado de las imágenes utilizando IA para determinar por donde va el mundo, los hashtags de los post ya fungen como indicadores de cuales fotos elegir para el estudio , solo hablamos de Instagram.
Aunque siempre se puede estar equivocado, creo que los documentalistas (como yo) vamos de salida a menos que nos dediquemos al análisis , clasificación y recopilación teórica para dar marco a una interpretación más amplia del fenómeno fotográfico de las redes sociales como una forma de ofrecer destalles históricos, sociológicos, antropológicos y hasta arqueológicos de la historia global para las futuras generaciones , la historia es lo importante , hasta las imágenes simples , anodinas, como fiestas de cumpleaños, amores olvidados, abuelas, abuelos, casas, carros, niños, actos escolares, teatros, elecciones hasta de reina del carnaval del barrio forman parte de la variopinta similitud de todos los seres humanos, por primera vez en la historia de la fotografía , podemos ver imágenes no contaminadas de los vicios profesionales que determinan la historia de maneras relativas en el mejor de los casos, sin embargo el fotógrafo (o fotografiante según aplique) va retratando el camino , siendo el resultado lo más sincero y fiel posible a su visión sin que interfieran editores, curadores o críticos lo que evade de alguna manera el inevitable proceso de selección al que todos los profesionales recurren antes de mostrar su trabajo.
Las escuelas de fotografía, las de antropología, filosofía, cine, arte, psicología, sociología, psiquiatría y hasta de teología deberían comenzar a impulsar el estudio y análisis de la fotografía móvil, en especial de la callejera, es una deuda con la historia. Mientras ustedes leen esto y piensan yo seguiré obligándome a mirar mi entorno para publicar en mi Instagram @jbdiwan.
José Ramón Briceño Diwan, 2020
@plurifotos (twitter)

 


lunes, 29 de julio de 2019

El instante decisivo



Hace un tiempo vi una noticia en muchos sitios de internet donde daba fe de como un fulano, luego de no sé cuántas miles de fotos y siete años logró hacer una “foto perfecta”, creo haber visto la imagen, ciertamente muy bien ejecutada, limpiamente editada , con cada color en su sitio pero tenía una belleza tan estrafalariamente muda  que la olvidé en seguida, la única razón por la que la recuerdo es que me pareció absurdo el dato de las millones de imágenes y los siete años para lograrla, el tiempo que gastes en hacer algo no aporta mérito alguno a ninguna propuesta , a fuerza de técnica , tiempo y recursos cualquier picapedrero se hace escultor en siete años, un artista no tiene límites ni le interesa el tiempo en lograr terminar su obra, así como un escritor deja que el lector haga juicios, el pintor simplemente trabaja hasta lograr su cuadro que igual pasen tres años como dos horas igual es arte , así los ejemplos sobran, así que el falso mérito del tiempo dedicado y los intentos fracasados no te hacen artista automáticamente a menos claro que este sea una justificación para darle un marco honorable a su nulidad estéticamente correcta.

Esta indulgencia socialmente correcta está matando poco a poco el intelecto haciendo la sociedad algo tan superficial que produce fobia, ahora resulta que pensar es un ejercicio de gente triste pues la correcta y feliz dice que todo es bello para no pisar callos a nadie , la buena fe del engaño por corrección con la que blogueros, periodistas ligeros (la mayoría) y lectores que hacen millonario a YouTube a fuerza de audiolibros , videos y televisión por cable , instagram y demás redes sociales donde las empresas por evitar malos ratos no colocan forma de expresar la molestia con un emoticón y los usuarios no critican para evitar lesionar el autoestima de quien exhibe sin pudor su trabajo soso o malo, los que se atreven usualmente salen lesionados a fuerza de insultos de los defensores cuyos comentarios mal hablan de su identificación solidaria para con la mediocridad , algo así como que la exigencia parece ir de retirada.

Cuando se hace un trabajo por costumbre del cuerpo, ese casi ocioso que se esmera en la postal hermosamente sosa, que no quiere comunicar nada si no enseñar a todos un excelente ejercicio onanista con la cámara y que vuelve la fotografía una canción de diseño, el boom del verano que verán una vez pero que nadie recordará nunca más. La clave para una buena foto es precisamente el amplio manejo de los códigos para comunicar cosas sin recurrir a más palabras que las del título, no el tiempo y la pericia que le dedicas.

Si nos ponemos a hablar de ese concepto, explicar las mil horas dedicadas a lograr la imagen tendríamos que eliminar el trabajo de más del 60% de los maestros de la fotografía mundial, esos que iban a saltos y sustos entre la guerra, el hambre, aquellos que vivieron tanto  las cosas complicadas de la historia en los últimos cien años como los que se dieron la tarea de ver más allá de lo que los humanos comunes captamos en nuestro diario vivir. Los que conocemos del oficio sabemos que todo se va resolviendo en el camino , que nadie se fija en los detalles de la toma, solo te preocupas del encuadre pues lo demás lo acomoda el cerebro en automático por aquello de haber pasado por un largo entrenamiento durante años de práctica , que hasta en las situaciones más bajo control dependes de menos de un sesentavo de segundo para tener la imagen correcta, decir que trabajaste cien años no te hace mejor, si acaso todo lo contrario, ya que lo que no puedes resolver en diez minutos de edición no tiene salvación posible, por tanto el profesional debería  trabajar  para que la edición post toma sea el mínimo indispensable

Parte del  mérito está en que todos los valores (exposición, composición, encuadre e intención comunicativa) coincidan en ese instante decisivo (Cartier-Bresson dixit) cuando decides presionar el obturador haces lo posible para tener el noventa por ciento de efectividad, de hecho, muchas veces descubres que el ojo funciona separado del cerebro , hay imágenes que no recuerdas haber hecho que resultaron mejores  de lo proyectado, con lo que hay ocasiones en las que años después, revisando el archivo te enteras que hay mucho más de lo que pensabas era lo mejor.

Alguien dijo alguna vez que lo importante era la imagen , los detalles de su construcción sobran , estoy totalmente de acuerdo con eso , perderse en explicaciones sobre técnica, tiempo de dedicación y hasta los procedimientos de edición con los cuales se valió el fotógrafo para lograr su trabajo, sobran , es algo así como que un cocinero se esmere en explicar cuanto se tardó en cosechar un vegetal, el tiempo que dedicó a preparar la tierra, el abono, los agroquímicos (o su ausencia) el material con el que se fabricaron los implementos de cocina y hasta las cualidades del combustible utilizados para cocinar , como vuelta retorica para explicar cómo logró hacer una hamburguesa común y silvestre, muy bonita, elegante, de buen sabor , una perfectamente construida pero que desnuda de la retórica sigue siendo una hamburguesa , algo así pasa cuando muestras una fotografía donde lo aparentemente importante es el procedimiento y no el resultado pues este no es nada del otro jueves.

En resumen, el fotógrafo tiene dos labores básicas, la primera documentar los mundos (si, son muchos) que están fuera del alcance de los mortales  y la otra hacer de lo ordinario algo extraordinario, cualquier cosa fuera de eso pertenece al campo del onanismo fotográfico de la manía tecnosófíca intrascendente de quienes por no tener nada que contar prefieren perderse en la intrincada retórica de la nada técnica, pasando al olvido instantáneo de los millones que pueblan las redes cuando la intención debería ser lo contrario, pertenecer a la elite que pervive en la memoria colectiva, premios aparte.
Profesor José Briceño, 2019
@plurifotos

Resultado de imagen para instante decisivo 

martes, 29 de enero de 2019

La mediatización estética en la fotografía contemporánea



En este momento histórico donde el mundo es más aldea global que nunca, donde hay más fotografías en un minuto que en los últimos cincuenta años antes de la aparición y masificación de la fotografía digital, en principio este fenómeno  puede excusarse en la impunidad de hacer millones tomas con la misma cámara sin variar tan siquiera el tipo de película que en otros tiempos se utilizaba. Aunque siempre han existido los fotógrafos vacuos, esos que disparan sin pensar y comparten imágenes que en muchos casos no califican ni para ejercicio, los de ahora, con la libertad solo limitada por el soporte para almacenar las imágenes sin que cueste más hacerlas. Paralelamente a eso el negocio digital ha masificado la idea de que las fotos deben ser “espontaneas” sin tener ningún sentido más que enseñar lo que haces, abaratando en el camino hasta en el gasto de neuronas para poder componer algo más allá del inmenso cumulo de promedios que se ven sueltos por las redes sociales, lo que tampoco es un crimen, lo que si es está en la interpretación del oficio por parte de quienes establecen las pautas.

Hay una cantidad grandísima de gente talentosa, metódica, que sabe construir lo que el cliente desea sin ningún error técnico, manejan y manipulan la acción de todos los pixeles hasta lograr imágenes hermosamente compuestas , los colores , la nitidez, las texturas y hasta el movimiento, todo exactamente como lo dictan los miles de manuales gratuitos y de pago que existen en el mercado, es decir, ni un mínimo error que las disminuya pero casi todas carecen de discurso significativo, son hermosas postales de cualquier parte menos la opinión del fotógrafo, por tanto no es el producto de una larga sesión de reflexión acerca del tema tratado, ni siquiera intencionalidad en la composición, tengo la impresión de que la competencia entre profesionales va más dedicada a superarse técnicamente más no en lo conceptual, algo así como vivir eternamente para el disfrute acéfalo de quien no ve más allá del asunto estético, de moda o inventado por la mercadotecnia , construido para ser ingerido y desechado por el espectador.

Claro, hay notables excepciones pero son una minoría en crecimiento donde no son influencers y por tanto su área de acción se acorta a cada momento con lo que su voz es solo escuchada por los interesados no tecnosóficos que son realmente pocos si lo contrastamos con los expertos en Harry Potter, las 50 sombras y otros bestsellers de la clase lectora (de la muy ligera) parte del inmenso entarimado de la mercadotecnia actual.  Cierta vez me invitaron para organizar una exposición colectiva en Madrid, fuimos muchos los invitados, algunos de la elite artística del país , los menos (como yo) con pocos premios al lado de las autoridades y  un sinfín de desconocidos cuyo trabajo entra de la onda de la competencia en el manejo de los paquetes profesionales de retoque fotográfico, que llevaron trabajos de promoción turística , en ese lote de desconocidos había una joven con un trabajo si bien era bastante ingenuo llevaba el germen de algo interesante pues hacia alegorías de su opinión sobre lo que sucedía en su país, no eran imágenes politiqueras pues cualquier persona hubiese inventado cientos de historias sobre el significado de sus imágenes sin rozar el asunto político, según mi opinión y la de algunos otros maestros presentes , el trabajo de la joven debería ser incluido pues generaba una matriz de pensamiento y reflexión lo que hacía su trabajo “Arte”, la discusión fue intensa pero la mayoría decidió no aceptarla por no entrar en la temática de la colectiva, no dije más ya que mi trabajo estaba a quince ponentes por delante, lo que  permitiría ver por dónde iba lo que escogerían  y así calcular las probabilidades de mostrar algo en esa línea ya que habían rechazado a la muchacha bajo ese pretexto. Sé que muchos de los presentes piensa aun que fui malcriado saliendo mucho antes de mi turno, pero la verdad es que cuando vi el décimo portafolio con fotos de pescadores, playas, plantas, paisajes llaneros, diablos danzantes, fiestas de san juan y pare usted de contar cuanta postal folklórica pasó por mi retina, lo peor , los comentarios y los elogios por resolver tal o cual deformación cromática en el pixel #75 millones cuatrocientas cincuenta mil para mejorar ese tono Pantone #420 de la serie de tonos metalizados sin mostrar ni siquiera tener en mente la opción de que quienes vean las imágenes en aquel lejano país viese que en Venezuela  hay algo más que imágenes turísticas, que acá también hay reflexión, protesta, posiciones comprometidas con sus ideas, intelectuales que se valen de los recursos léxicos de la imagen para fomentar otras formas de ver la vida.

Siempre pienso que ser artista es dejar al aire tus pensamientos como constancia de que el mundo es algo más que la nada rutinaria de todos los días, esas sujetas a las crueles leyes de la naturaleza que por crudas son aburridas, es la liberación de un raro fenómeno que debe ser visto encerrado dentro de los marcos para ser disfrutados por espectadores que se abrogan la posibilidad de inventarse historias tras las imágenes , claro, los matices personales que cada uno les dará dependerá directamente de su nivel sobre la decodificación de los símbolos incluidos en la composición son asuntos de otra discusión, haciendo de la visita a la galería una suerte de paseo por un zoológico donde las apariencias siempre engañan. En cambio ahora veo con mayor énfasis no solo la paulatina eliminación de los espacios expositivos en físico si no la aparente inocuidad de las pantallas de computadoras, móviles y tablets con conexión a internet es también la estandarización de las diferentes estéticas en pos de tener visitantes asiduos al sitio web generando ganancias del  múltiple negocio del internet actual, colaborando involuntariamente en la trampa de la reducción del potencial intelectual, massmedia mediante.

Quien se dice artista es el que ha logrado vadear el pantano  del ego tecnosófico donde tantos moran embelesados por los destellos “geniales” pre empacados por la estética masiva del producto  y comienza a indagar desde otras fuentes de investigación, lee sobre sus intereses y fabrica mundos imaginarios al combinar la ficción del recuerdo con la realidad del momento, ese que decide no pensar mucho en los recursos si no el de señalar de manera personal su visión del mundo para dejar sueltos sus demonios al compartirlos con sus espectadores de forma tal que su opinión tenga peso. Eso por supuesto es un proceso bastante tortuoso para quienes ven en el universo visible cosas que los otros dejan pasar por ordinarios para transformarlos en extraordinarios.

Cuando se habla de fotografías la gente usualmente deriva su pensamiento hacia los reporteros gráficos como si las fotos fuesen solo asunto de la prensa, pero digamos que hablamos de los maestros que cubrieron profusamente la segunda guerra mundial, haciendo arte con los momentos más emotivos además de los espantosos, siempre tuvieron el destello de su genialidad construyendo monumentos al pensamiento de su época y en muchos casos su mala opinión sobre lo que el oficio les obligaba a registrar, todo con perfección en los tonos y unos laboratoristas geniales que trabajaron sus imágenes, obras maestras que se mostraron sin la pompa de las galerías de arte, la gente asumió que ese tipo de construcción de las imágenes era lo correcto , que la prensa debía comunicar con efectividad el horror de la guerra , con responsabilidad pero sin la alharaca amarillista de los medios actuales. Luego de terminado el conflicto muchos sacaron sus portafolios para compartir con el mundo su visión, todo fue en franca evolución hasta que el internet se hizo tan común como la TV por cable solo que más barata, ahí comenzó la pelea entre le reflexión y la mercadotecnia, la reflexión no ha ganado mucho terreno pero ahí se defiende apenas.

Si es bueno o malo dejaremos mejor que los tiempos avancen hasta donde deban ir pues cada época tiene su encanto según quien lo defina, quizás en otro siglo el trabajo decente sobreviva y los sociólogos, historiadores, filósofos y sicólogos que pretendan deshilvanar los secretos de sociedades antiguas, tarden siglos en desentrañar el misterio de las mayorías anodinas en eso que llamarían arte del siglo XXI , pero que esos pocos que queden mostrando trabajo realmente de arte, demuestren que a pesar de las apariencias en el siglo XXI existió gente pensante.
José Briceño 2019
@plurifotos
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lunes, 19 de marzo de 2018

Arte y política



El siglo XXI ha traido consigo muchas cosas buenas y otras no tanto, entre esas tantas buenas nos ha dado este servicio tan interesante y a estas aluras indispensables del internet, por acá no sólo hablamos , tambien nos enteramos de casi todo lo que ocurre en el mundo, bueno, tampoco de todo pues eso tambien dependerá de cuales sean nuestros intereses y con ello así será lo que veremos en las pantallas de los dispositivos . Ahora bien,  esa misma bondad del internet tambien es una suerte de maldición ya que implica la posibilidad de no perdonar ciertos “olvidos” cometidos por quienes hace cualquier actividad, sobre todo en la artística que dicho sea de paso es la que hoy me interesa.

Hace veinte años hacer una exposición era un asunto bastante particular, sobre todo por que los medios de comunicación eran mucho más lentos en reportarlo, no existian tantas posibilidades como hoy día y además sólo era posible sabver a ciencia cierta sobre las muy importantes así que para los artistas en formación siempre era una bendición algún atisbo de “genialidad” que por lo general era perdonada en ciertos circulos cultos. El asunto hoy día ha cambiado, el algunos temas hasta para mal pues con todo el avance de lo digital cualquier hijo de vecino se cree artista y algunos circulos que se presumen de muy cultos, donde hasta existen personas con maestrías,doctorados, posdoctorados y hasta cátedras fijas en muchas universidades, celebran cualquier cosa con bombos y platillos, por lo general privando el asunto político o de conveniencia ideológica como razonamiento para sus loas al “artista”.

El tema viene a colación pues estuve en un seminario donde invitaron a gentes cuyos curriculos deján pálidos a muchos otros (incluyendo al mio claro) , el tema central del evento era la “Disrrupción de la realidad”, baste decir que fui de lo más emocionado pues esa discusión, llevada por tales personajes que aunque desconocidos cuando menos llamaron mi atención dado su curriculo. Las ponencias iniciales giraban en torno al tema de política y arte, todo fue muy bonito hasta la segunda ponencia, una profesora Argentina hizo todo un resumen de las protestas en su país, con el lenguaje típico de “oligarquias, derechas, libertario, capitalismo” y tantos otros vocablos propios de la argumentación político panfletaria, luego vino otra profesora, esta vez venezolana quien habló tambien de actos de calle llevados a cabo por actores (improvisados) durante las protestas del año pasado, aunque por mi sentir personal me gustó algo más esta última , tambien debo decir que me sentí muy incómodo pues creo que la relación entre política y arte tiene otras connotaciones más importantes que el mero panfleto político. La verdad me fui al comenzar la tercera ponencia, una señora guatemalteca que iba a hablar de arte y nuevas tecnologías pero que cuando comenzó a hablar de  los “saberes” ancestrales ya mostraba por donde iría, no soporté más y me retiré , la parte amable es que llevo todo el fin de semana pensando en el tema y ahora genera este texto.

El arte para existir debe ser un reflejo del pensamiento de su autor, así mismo tambien ha de exigir como regla minima no nsólo un manejo profundo de la técnica, tambien uhn uso bastante sutil del lenguaje utilizado para su construcción, pues toca subliminar todo el discurso para que quepan (sin tener que explicar mucho) todas esas cosas que se quieren comunicar. El ideario político es parte integral de la personalidad de cada ser humano , sobre todo en estos tiempos enrrarecidos por tanto conflicto, lo crítico está en que todos pretendan convertir una actividad panfletaria en una “obra de arte”, eso es una barbaridad en la que muchos caen, al parecer a nadie le interesa mucho ese asunto de la caducidad del discurso, sobre todo el político cuya fecha de vencimiento está en función del grupo político que detente el poder o en todo caso en el que milite el autor.

Pongamos como ejemplo a DaVinci, él vivió hace más de quinientos años y aún sabemos quien es, la razón es que su ingenio estuvo siempre más allá del asunto político de su época además de su maestría en el manejo de las técnicas que utilizó en todo lo que su vasta inteligencia le permitió hacer, de hecho casi toda la humanidad contemporanea sabe que el pinto “La Gioconda” o “La Monna Lisa” que descansa en un museo de París. Hace unos años leí en alguna parte un estudio que aseguraba que la pintura no es más que una versión  femenina de su autor, claro, mucho más joven y bella de lo que el pudo haber sido, el asunto me dejó con cierta duda y revisando otras bibliografias descubrí que el hombre era homosexual, asunto que de ser publico en su tiempo fácil le hubiese costado caro ya que tengo la impresión de que su gran cliente (el Papa) no se hubiese sentido cómodo trabajando con semejante personaje de gustos no convencionales, así que lo más seguro es que este hombre debe haber vivido una doble vida hasta que su tiempo se terminó.

Esa tesis de que DaVinci se hizo un autorretrato como mujer, que de paso se convirtió en uno de los grandes tesoros de la humanidad, me parece una declaración política inmensa que de paso le ha sobrevivido (y le sobrevivirá) por siglos , si antes lo admiraba , ahora lo hago más, no por homosexual pues creo que en eso no hay mayor crédito , es por haberse burlado de todos los detractores, haber pasado por encima de miles de años de prejuicio y aun hoy sigue burlandose de su media sonrisa desde las paredes del Louvre.
 
Una vez dicho eso, aun me ofende que todavía crean que los panfletos puedan ser considerados arte, que los claustros universitarios todavía crean en las tonterias marxistas para engañar ilusos, que aun con ejemplos tan importantes como el citado que si bien puede ser falso explica bastante bien el asunto de política y arte, aún habiendo tantos argumentos , todavía lo panfletario siga siendo parte del “atractivo” del trabajo de ciertos personajes, sobre todo de los jóvenes que tentados por la facilidad de la herramientas digitales así como del apoyo morbido que dan los patrocinantes políticos terminan matando su talento en pos de una gratificación que al final lo anulará en pro de aquel otro artista que usa el talento para construir mundos posibles, denunciar su inconformidad y hasta compartir sus dudas sin recurrir a eso tan feo del panfleto.

Recordemos que el arte ha de ser plurisémico, es decir, que cada una de las personas que lo aprecien deben construir una historia diferente,  sin que por ello la imagen (texto, película , obra de teatro, pintura o escultura) pierda sentido así ninguna de esas historias inventadas por el espectador coincida con las intenciones de su autor, sólo cuando la pieza pasa por ese filtro es que puede ser considerada una obra de arte, cualquier otra cosa navega entre la propaganda y el panfleto.
 Profesor José Ramón Briceño
@plurifotos